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Hugo E. Herrera, en La Segunda: “Cuatro Derechas”

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Por Hugo E. Herrera // Contenido publicado en La Segunda

Si se quiere entender, sin reducir, lo que ocurre en la derecha, es necesario considerar la riqueza ideológica que ella abriga. Para percatarnos de esa complejidad es menester salirnos del marco más estrecho de la versión de la derecha que tendió a prevalecer en la dictadura y la transición, a la que Jovino Novoa llamó ‘Chicago-gremialismo’ y que sigue operando en el ala más radical de la UDI y entramados fácticos como LyD.

Hay dos ejes a los cuales se ha de atender al momento de discernir ideológicamente a la derecha chilena. El primero considera el talante cristiano o laico de las vertientes. El segundo, la adhesión, ora al neoliberalismo en su versión chilena, ora a una concepción política más atenta al significado del Estado y la cohesión social.

Los ejes no tienen el mismo alcance. El primero abarca todo el espectro: del conservadurismo al laicismo. El segundo, en cambio, va del liberalismo radical hasta una posición intermedia: la que, sin dejar de reconocer el papel del mercado en la vida social, entiende, además, la importancia del Estado y la cohesión social. Queda excluido, así, en este eje, el estatismo extremo o un rechazo fundamental del mercado como institución.

Según los dos ejes, se dejan, entonces, discernir: (i) una derecha cristiano-liberal, conservadora en asuntos morales, neoliberal en economía (en la UDI y LyD); (ii) una derecha laica y liberal, liberal tanto en asuntos morales como económicos (en Evópoli); (iii) una derecha socialcristiana, conservadora, pero más comprometida que las anteriores en asuntos sociales y partidaria de un papel activo del Estado en la vida nacional (en Solidaridad, Idea País, RN); (iv) una derecha laica y nacional-popular, lúcida del significado existencial del Estado y de su papel como conformador de un pueblo con consciencia nacional y lazos de entidad en común (en RN).

Todo esto cobra especial actualidad con el apruebo y el rechazo. Simplifica quien quiere ver en el rechazo ‘leales’ con la derecha o ‘responsables’, y en el apruebo ‘traidores’ o ‘populistas’. Lo que se advierte es, mucho más, la genuina expresión de raíces ideológicas divergentes, asentadas en tradiciones que arraigan en la historia larga del sector. En el apruebo tienden a constar nacional-populares, socialcristianos y liberales laicos moderados; en el rechazo, cristiano-liberales y liberales laicos más cercanos a una defensa estricta del neoliberalismo.

La división de fuerzas significa, en la práctica, un empate. Esto es especialmente novedoso: dirigencias políticas destacadas forman a ambos lados en el plebiscito; y el electorado de las derechas se encuentra de modo equivalente en las dos opciones. Las derechas vuelven a mostrar una composición tan plural como el pasado ideológico del sector. La hegemonía de cuarenta años del ‘Chicago-gremialismo’ luce estar, de este modo, terminando.

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