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Hugo Herrera, en La Segunda: La Derecha por el apruebo

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Por Hugo Herrera // Contenido publicado en La Segunda Digital

La derecha fue artífice fundamental del pacto del 15 de noviembre. Especialmente RN, puso todos sus esfuerzos para brindar conducción al proceso político con un acuerdo que abriera la vía constituyente. Luego, las opiniones -esperablemente- han tendido a dispersarse, reflejando las posiciones del electorado del sector: cerca de un 40% está por el apruebo, mientras un 50% adhiere al rechazo (Cadem especial de julio).

La división es también expresión de una disputa ideológica de fondo. Consta un sector para el cual -en una posición heredada de Milton Friedman- el orden económico neoliberal es la base de un orden político adecuado, y ese orden estaría bien reconocido en la carta que nos legó la dictadura. A la derecha economicista se han unido, en esta etapa, quienes, aunque no comulgan con ella, tienen miedo de que el proceso constituyente devenga violento o capturado por la izquierda radical (el asunto del miedo merece ser considerado; el de la captura, dado el quórum de dos tercios con el que deberá operar el órgano constituyente, es improcedente).

Al frente ha emergido con fuerza la derecha que impulsó el acuerdo del 15 de noviembre. Ella discrepa de la tesis de Friedman, pues entiende que un orden político reconocido o legítimo es la base de cualquier despliegue nacional: político, cultural, también económico. Esa derecha es capaz, a esta altura, de movilizar -pese al miedo- a casi la mitad del electorado del sector.

La posición de esta derecha descansa en un diagnóstico de la situación. Según él, las instituciones políticas y económicas, al modo en el que están configuradas hoy en Chile, han perdido persistentemente legitimidad. Las bases del orden político y económico se hallan en crisis. Esta se hizo patente en octubre pasado, pero el asunto se ve reflejado consistentemente en los estudios de opinión previos.

Además, el sistema político chileno presenta una grave anomalía. La cosa pública, la ‘res-pública’, está, en cierto modo, vacía: carecemos de cosas de entidad que nos unan. De la historia larga pocos se acuerdan. En la historia reciente, ni Allende, ni Pinochet, ni la Constitución de 1980 nos unen. Estamos desprovistos de un marco compartido en virtud del cual podamos con facilidad exigirle a alguien lealtad con la república y sus instituciones. Cualquier manifestante puede actuar violentamente, cualquier parlamentario, sediciosamente, y salir indemne; o casi.

Supuesto, entonces, que la crisis en la que nos encontramos es fundamental; que ella evidencia una pérdida de legitimidad masiva de las instituciones; y que carecemos de un marco republicano básico que nos una como nación, ¿queda otro camino que un proceso constituyente, en virtud del cual quepa esperar un retorno a la tradición histórica larga, de contar con una institucionalidad legítima, ampliamente reconocida?

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