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Ilsen Jara, en El País: Los ojos de Fabiola Campillai que la policía chilena cegó

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Por Ilsen Jara // Contenido publicado en El País

Hace nueve meses que los ojos de Fabiola Campillai dejaron de ver. Entre las últimas personas que distinguió está su hermana Ana María, quien la acompañó hasta el paradero a tomar locomoción para irse a su trabajo a cumplir el turno de noche. En ese momento no había protestas ni movilizaciones en el sector; pese a que Chile por esos días estaba en pleno estallido social que se vio aparejado por una fuerte represión en las calles. “Vayan no más, no pasa nada”, les gritó un vecino que había estado atento ante posibles desórdenes en el lugar. Ellas, sin miedo, decidieron salir.

Mientras caminaban iban hablando sobre la fiesta de graduación de la hija de Fabiola. Iban tan entusiasmadas organizando los detalles que ni siquiera se percataron de la presencia de un piquete de carabineros que estaba ubicado en la esquina de su pasaje. Los policías estaban fuertemente armados y, sin mediar provocación alguna, comenzaron a disparar directamente hacia las mujeres a la altura de la cara a unos 40 metros de distancia como máximo. Fabiola ni siquiera alcanzó a ver a quien la atacó.

Los carabineros lanzaron bombas lacrimógenas con una escopeta de 37 milímetros. Una de ellas impactó en el rostro de Fabiola, de 36 años y madre de tres hijos. Ella sufrió, entre otras lesiones, un traumatismo craneoencefálico, múltiples fracturas faciales y de nariz y el estallido ocular bilateral, es decir, perdió la visión de ambos ojos. También desaparecieron los sentidos del gusto y del olfato.

Ana María nos relata que, cuando fue a encarar a carabineros por lo sucedido y a pedirles ayuda, uno de ellos le lanzó una lacrimógena a los pies haciendo que prendiera fuego su pantalón. La mujer tuvo que apagarlo sola, mientras veía a su hermana en el suelo y a los agentes que seguían tirando bombas de humo. Según los vídeos que han salido a la luz pública de la cámara incautada al capitán de Carabineros a cargo de la operación, perteneciente a la 14ª Comisaría de San Bernardo, él mismo dio la orden de disparar nuevamente estos artefactos tanto con escopeta como con la mano. El humo generaría una especie de muro que les permitiría a ellos emprender la retirada.

También en esos videos se aprecia que al menos dos funcionarios sí habrían reconocido que vieron a una persona caer herida en la intersección hacia donde estaban disparando, lo que luego ratificaron en sus declaraciones en el sumario interno de Carabineros. Sin embargo, ninguno prestó auxilio. Ante los gritos desesperados de Ana María, los vecinos salieron a ver qué estaba pasando. Fue uno de ellos quien llevó a Fabiola al hospital en su auto. Según lo señalado por el Servicio Médico Legal, de no haber mediado la oportuna atención médica ella habría muerto.

“Fabiola es una persona muy querida en el barrio. Todos la conocen por sus labores comunitarias y su rol de bombera”, nos relata Ana María, quien dejó su trabajo para dedicarse a cuidar a su hermana.  “No entiendo por qué esto no me pasó a mí que tengo hijos grandes y no a ella. Este hecho nos arruinó la vida”, añade.

Fabiola estuvo un mes inconsciente y luego hospitalizada hasta junio de 2020. Cuando se iba a realizar la cirugía para la implantación de prótesis se taponó una fístula en su cabeza, lo que generó una filtración de líquido encéfalo-raquídeo y hubo de ser operada de urgencia. Actualmente, está de alta de manera temporal debido a la pandemia, pero debe volver a hospitalizar apenas sea posible para someterse a más cirugías reconstructivas.

“Al día siguiente del ataque a Fabiola, los carabineros fueron a nuestra casa y tiraron lacrimógenas. Me querían llevar a la comisaría pero no traían ninguna orden, solo un cuaderno”, nos asegura Ana María, quien finalmente no accedió a acompañarlos por recomendación de la abogada que está llevando la causa.

En una entrevista con nuestro equipo de Amnistía Internacional, el personal de la Fiscalía Nacional de Chile comentó que ha observado que, desde que se limitó el uso de escopetas antidisturbios el 19 de noviembre del año pasado debido al cuestionamiento sobre la composición de los balines por los hechos en que quedó ciego Gustavo Gatica, se ha producido un aumento notorio y comprobado en la utilización de carabinas de 37 milímetros que lanzan lacrimógenas de manera directa al cuerpo. Hay que considerar, además, que el uso de estas bombas tiene un fin exclusivamente disuasivo para dispersar manifestantes, y no para causar dolor. El uso de lacrimógenas lanzadas con escopeta a menos de 150 metros puede ser mortal.

Fabiola está de alta debido a la pandemia, pero debe volver a hospitalizar apenas sea posible para someterse a más cirugías reconstructivas

Pese a la existencia de registro audiovisual, los principales oficiales involucrados en los hechos que dejaron ciega a Fabiola Campillai, tanto en sus declaraciones ante la Fiscalía como en el sumario de Carabineros, niegan haber disparado directamente al cuerpo de Fabiola, como también haberse percatado de que ella había resultado lesionada en el operativo.

El 14 de agosto, y tras un sumario interno, el cuerpo de Carabineros dio de baja a dos funcionarios por no prestar auxilio a Campillai. No obstante, no han hecho ningún cuestionamiento respecto al uso excesivo de la fuerza ni al incumplimiento de protocolos por parte de los policías que estuvieron presentes en el lugar de los hechos. Es decir, no hubo palabras ni medidas para condenar el ataque perpetrado a Fabiola.

Por su parte, la investigación que está llevando a cabo la Fiscalía deja clara la existencia del ilícito y de quiénes participaron. Es más, los antecedentes que maneja esta entidad señalan que el funcionario que presuntamente fue el responsable del ataque no estaba certificado para utilizar una escopeta lanza gases en la fecha de la agresión. Esta última certificación recién la obtuvo al mes siguiente.

Cuesta entender entonces por qué, si se ha identificado quién estaba a cargo de la operación y a quién se disparó, solo después de nueve meses del ataque se haya detenido a un capitán de Carabineros por su presunta responsabilidad. Amnistía Internacional llama a investigar a toda la línea de mando, no solo a quien disparó ese 26 de noviembre. Por los ojos de Fabiola, la Justicia no puede perder de vista a todos los que participaron de este crimen, ya sea porque lo permitieron o porque no hicieron nada para evitarlo.

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