Pablo Morris

Pablo Morris

De profesión sociólogo. Me apasiona la investigación social, las políticas públicas y los temas laborales. Padre de una linda concertista de violín. También músico, escritor, maratonista y aprendiz de cocinero y jardinero. Soy chileno, migrante interno y externo. Optimista, quiero un país más justo igualitario y solidario, donde las personas puedan cumplir libremente sus sueños. Fui jefe del departamento de estudios de la Dirección del Trabajo y antes trabajé en SENCE, Asesorías para el Desarrollo, Fundación Chile y Fundación Chile 21.

Impactos de la pandemia en la subjetividad social

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Lo particular de Chile en su manera de atravesar la pandemia es que la fecha de inicio de ésta en marzo del 2020 fue precedida por el “estallido social” de octubre del 2019. En cosa de meses, de la aglomeración multitudinaria de millones de personas pasamos al distanciamiento físico masivo. De las calles y plazas a las cuarentenas puertas adentro. Desde un punto de vista sociológico, un fenómeno no anula el otro y de hecho se puede decir que sus efectos son acumulativos en el tiempo. 

Junto con el debilitamiento de la estructura de oportunidades para gran parte de las personas y hogares, también el estrés acumulado luego de meses de pandemia comienza a pasar la cuenta a nivel de las percepciones subjetivas de la población. Se ha señalado con justa razón que luego de la crisis sanitaria por el COVID-19 vendrá otra crisis de salud masiva, esta vez de salud mental. 

El Barómetro del Trabajo de la Fundación FIEL (CUT) y MORI Chile, publicado recientemente con datos de junio, entrega algunos antecedentes interesantes para seguirle el pulso a los impactos de la pandemia en la subjetividad social. El estudio revela que en el Gran Santiago la crisis sanitaria se ha traducido en sentimientos masivos de miedo, insatisfacción, incertidumbre, desesperanza y desconfianza. 

Más de la mitad de las personas encuestadas conoce a alguien que se ha contagiado de Covid-19 y tres cuartos señalan que necesitan ayuda para salir de la crisis, sintiéndose vulnerables frente al futuro. Adicionalmente, el 78% de los encuestados tiene miedo al desempleo, el 82% no está satisfecho con la democracia y el 91% cree que distribución del ingreso es injusta.

La sensación de vulnerabilidad se acompaña de un descreimiento mayoritario en los partidos, instituciones políticas, gobierno y oposición. En contraste, destaca la confianza en las redes familiares, comunitarias, locales y territoriales. La pérdida de confianza en las instituciones se compensa con la confianza en los lazos sociales más cercanos. Así, cuando se les pregunta quien ha sido más solidario durante la pandemia, dos tercios de los encuestados mencionan a su familia, un tercio a sus vecinos, cerca de un 20% a la municipalidad y un 14% a las organizaciones sociales. El gobierno, las alcaldías, los empresarios y los sindicatos en cambio sólo son mencionados por menos del 10% de la muestra.

En este escenario, el anhelo de cambios se mantiene vigente al nivel de la pre-pandemia. El 68% de los encuestados considera que no se ha dado respuesta a demandas del estallido social de octubre 2019, cerca del 80% piensa que Chile necesita una nueva constitución, porcentaje similar de entre quienes irán a votar en el plebiscito de octubre se manifiesta partidario de la opción “Apruebo” y un 60% apoya la opción de una convención constitucional 100% elegida. 

No obstante, en una escala izquierda-derecha de 1 a 10 por primera vez en años hay un desplazamiento significativo de la autoclasificación hacia la derecha. Es decir que el anhelo de transformación social no necesariamente parece venir predeterminado respecto de su orientación ideológica.

Todo indica que, junto con abordar las actuales urgencias sociosanitarias, también es hoy el momento de pensar en los múltiples desafíos del escenario que emergerá posterior a la pandemia. Junto con atender las urgencias sanitarias, sociales y económicas de la población, el nuevo orden post-pandémico deberá ser integrador y capaz de recuperar la confianza pública. Igualdad y legitimidad: el proceso constituyente debe ser la oportunidad para abordar estas dos conversaciones de fondo.

Foto: Del pintor y creador catalán, Joan Miró

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