Claudio Agostini

Claudio Agostini

Doctor en Economía, Universidad de Michigan. Académico de vocación, trabajo e investigo sobre temas tributarios y libre competencia. Independiente profundo. Por mis venas corre sangre verde, Audax Italiano es mi pasión.

Integración Tributaria: ¿Quién es Usted? ¿Con quién la confunden?

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La integración tributaria se ha tomado el debate de la reforma tributaria que se discute en el Congreso. Sin embargo, en la discusión pública sigue existiendo algo de confusión respecto a qué es y qué no es la integración tributaria. En particular, se han mezclado dos cosas que son distintas: la integración tributaria y la base del impuesto que se considera para el pago de impuestos personales de los dueños de empresas.

La integración tributaria a lo único que se refiere, y nada más, es a que los impuestos que ya fueron pagados en la empresa por las utilidades obtenidas, se consideren como pagados por los dueños de esas utilidades cuando posteriormente paguen sus impuestos personales. Por ejemplo, si una empresa tuvo utilidades de 100 y pagó 20 en impuestos, cuando el dueño pague sus impuestos personales se le reconocerán como pagados esos 20. Si él dueño tiene que pagar 30, pagará solo 10 porque 20 ya fueron pagados por la empresa. Si el dueño tuviera que pagar 15 se le devolverían 5 porque ya pagó 20 a través de su empresa.

Por el contrario, si hay desintegración tributaria, no se reconocen como pagados los impuestos que ya pagó la empresa. En ese caso, el dueño que debe pagar 30 en impuestos personales paga 30, y como esas utilidades ya pagaron 20 antes, en total pagaron 50.  En el caso del dueño que debe pagar 15 en impuestos personales, paga 15 y no se le devuelve nada, por lo que sus utilidades pagaron en total 35.

Desde el punto de vista de política tributaria, hay bastante consenso en que el rol que debe jugar el impuesto a las utilidades de las empresas es simplemente el de retención del impuesto final que pagan las personas y eso se logra con un impuesto integrado. Ello reduce la evasión y es más barato para administrar y fiscalizar. Así lo ha planteado en varios trabajos académicos Roger Gordon, uno de los grandes economistas experto en impuestos corporativos. En palabras de Arnold Harberger “Podemos tener la confianza de que atrapar las utilidades de las empresas en la fuente lleva a una recaudación mejor y más justa de los impuestos que hay que pagar por esas utilidades que la que se obtendría al intentar que tributaran solo cuando llegan a nivel personal”.

La integración tributaria es una condición necesaria para que exista equidad tributaria horizontal y que dos personas que ganan lo mismo paguen lo mismo en impuestos. La desintegración tributaria puede generar inequidades muy grandes, especialmente en los tramos de menores ingresos (en el ejemplo anterior con desintegración, en el caso del dueño de la empresa que tenía que pagar 15 en impuestos personales, si sus ingresos hubieran sido ingresos laborales en vez de utilidades de empresa habría pagado 15 en total en vez de 35). Por esta razón varias de las comisiones de expertos internacionales que han estudiado y recomendado reformas tributarias en sus países han optado por proponer un sistema integrado (Comisión Mirrless en el Reino Unido, Australia’s Future Tax System en Australia, y el Tax Reform Panel en Estados Unidos).

Algo distinto, y que no debe confundirse con integración tributaria, es la base del impuesto, la cual determina cuando deben pagar impuestos personales por las utilidades de sus empresas los respectivos dueños. Con base devengada, los dueños de empresas pagan por las utilidades que les corresponden en su calidad de socios de la empresa, independiente de lo que hagan con ellas (reinvertirlas o retirarlas). Con base retiros, pagan impuestos personales solo por las utilidades retiradas, por lo que si no retiran postergan el pago correspondiente de sus impuestos personales hasta el momento del retiro.

Mi impresión es que muchos de quienes actualmente se oponen a un sistema integrado, en realidad se oponen a que la base sea retiros en vez de devengada. Esta impresión se basa dos razones.

La primera razón, es que quienes hoy se oponen a un sistema integrado estuvieron de acuerdo con el sistema atribuido que se propuso en la reforma de 2014 y que es 100% integrado. De hecho, se oponen a la “reintegración” del actual sistema semi-integrado pero no han planteado que se derogue el sistema atribuido, que es un sistema 100% integrado. Si el problema es la integración, por consistencia deberían oponerse al sistema atribuido porque es un sistema integrado. Por el contrario, si están de acuerdo con el sistema atribuido, que era el sistema único propuesta en la reforma del 2014, y están en contra de la reintegración propuesta en la actual reforma, quiere decir que se oponen a la base retiros pero no a la integración.

La segunda razón, es que uno de los argumentos utilizados para oponerse a un sistema integrado, es que no garantiza equidad tributaria horizontal porque los dueños de empresa pueden postergar el pago de sus impuestos personales por las utilidades que ganan mientras que los trabajadores no pueden hacerlo por sus rentas laborales. Sin embargo, esa postergación es posible y ocurre solo cuando la base es retiros y no es producto de la integración tributaria. Se confunde entonces integración tributaria con la base del impuesto y se le echa la culpa a la integración algo que es causado pro la base.

Por todo esto, me parece que la discusión relevante que tenemos que tener es cuál es la base del impuesto que debiera tener el sistema tributario: devengada o retiros. Mezclar esa discusión con el tema de integración tributaria, no ayuda, confunde y mezcla cosas que son separadas en política tributaria. De hecho, la mejor prueba de que son cosas separadas es que en Chile hemos tenido distintas mezclas posibles de ellas: entre 1974 y 1984 el sistema era desintegrado con base atribuida, entre 1984 y 2014 integrado con base retiros, y desde 2014 tenemos uno integrado con base atribuida y otro semi-integrado con base retiros.

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