Pablo Gutierrez

Pablo Gutierrez

Abogado con estudios en Derecho Constitucional y Derecho Regulatorio Ambiental, con una vasta experiencia nacional e internacional en reformas institucionales y cambios regulatorios en diversos sectores del Estado.

La Cuarta República

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Los chilenos y chilenas nos hemos habituado a vivir el día a día en nuestras vidas, desde quienes trabajan en condiciones de nula estabilidad económica hasta quienes dirigen los destinos de nuestro país. Esta fotografía dice relación con un “precariado” social y político, muy propio de nuestra cultura latinoamericana, que finalmente ha aprendido a generar cambios sociales a punta de revueltas, levantamientos y muertos. Nuestra historia nacional, en este sentido, es profundamente latina y no escapa a la regla de oro descrita, demostrando empíricamente el aforismo: “la historia ocurre dos veces, la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa”. 

Las movilizaciones de octubre, pusieron en el centro del debate público la crisis de representación, entendida como la desarticulación entre el mandato popular y el ejercicio efectivo de ese mandato por los representantes electos. Sin embargo, la prolongación bacteriológica de esta crisis posee la particularidad de haber remecido uno de los cimientos de la crisis de representación, nos referimos específicamente, entrar a debatir la forma de organización económica. 

La votación de esta semana, relacionada a las AFP, justamente abre este debate de modelo económico, a pesar que no cumple el principio esencial para enfrentar la presente crisis: resolver en tiempo y forma las urgentes necesidades de parte importante de la población.

Sin perjucio de las graves falencias “técnicas” del proyecto de ley aprobado, que confiamos sean sustituidas por medidas más eficaces y oportunas, se generaron fenómenos singulares y propios de un “parto” social o, dicho de forma más elegante, de un período pre-constituyente. Para afirmar esto, debemos aceptar que las bases económico-culturales de nuestro país contemporáneo se sitúan históricamente a comienzo de los años ochenta y que, a pesar de innumerables esfuerzos de la actual oposición, ha sido imposible generar una correlación de fuerzas mayoritarias para derribar sus grandes catedrales. Por tanto, es importante reconocer las dos dimensiones de este debate “previsional”: el primero, una iniciativa que no logra resolver íntegra y oportunamemte las necesidades sociales generadas por la actual crisis, y segundo, que las fronteras de lo posible fueran transformadas de la mano de una correlación de fuerzas políticamente transversales, pocas veces vista en las últimas décadas.

En este sentido, nuestra Latinoamérica es un lugar peculiar, donde los liderazgos surgidos en sus tierras no son suceptibles de encasillar en las categorías europeas o norteamericanas, dado que surgen de un entorno social único. Como ejemplo de lo anterior, el mentado populismo, entendido de tan diversas formas como liderazgos “fuera del molde” existen, es en nuestras tierras una forma habitual de conducción política, que tiene como misión fundamental adaptarse a la correlación de fuerzas hegemónicas internacionales, con la finalidad de entregar bienestar temporal a sus connacionales. Señalo esto por la simple y sencilla razón que la utilización del término está asociado, generalmente, solo a quienes rompen las reglas del “estado de derecho” vigente, como quien quema el Templo de Artemisa de Éfeso, sin reparar en el más caro principio de toda comunidad social: su desarrollo pacífico y armónico. Con esto no quiero hacer un llamado a la insurrección, muy por el contrario, sino profundizar el entendimiento entre las diversas fuerzas políticas en un escenario donde las reglas escritas no son suficientes.

El debate del futuro de nuestro país es un libro en blanco, tal vez no de la mejor manera, pero uno de los íconos ha sido puesto en cuestión y debe ser entendida como la posibilidad cierta de revisar todo nuestro modelo de desarrollo, pero sobretodo en las mentes de todos y todas  quienes conducen y conducirán los destinos de este país. Si logramos este objetivo, no cabe duda alguna, estamos comenzando a construir nuestra IV República.

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