Pablo Gutierrez

Pablo Gutierrez

Abogado con estudios en Derecho Constitucional y Derecho Regulatorio Ambiental, con una vasta experiencia nacional e internacional en reformas institucionales y cambios regulatorios en diversos sectores del Estado.

La derecha al (des)borde del abismo

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No cabe duda alguna que el gran ganador del Consejo General de Renovación Nacional, fue su actual presidente, Mario Desbordes. En una temeraria jugada, puso todas sus fichas en este Consejo, vale decir, su presidencia, el Acuerdo constitucional y su credibilidad ante los demás sectores políticos nacionales. Y ganó la apuesta.

Este verdadero choque de trenes, que fue el Consejo General, sacó del baúl de los recuerdos a Carlos Larraín, al peor de los Allamand y cuanto poder fáctico/oligárquico de la Derecha, que todos creíamos enterrados y olvidados.

En este contexto, la pregunta de rigor es ¿Qué importancia tiene este Consejo General para el proceso que vive nuestro país?

En primer lugar, en lo inmediato, validó el liderazgo y conducción interna de la actual Directiva, despejando toda duda para efectos de la interlocución política y diluye los intentos “pirquineros” de algunos partidos oficialistas. Esto da, por si mismo, una validación fundamental para la vigencia del Acuerdo constitucional.

En segundo lugar, a pesar de el Allamandismo trasnochado, abre puertas y ventanas a Renovación Nacional, en términos de convertirse en un garante más del proceso constituyente, haciendo carne el deseo de un electorado de centro y derecha, que entiende que la verdadera crisis chilena es de representación, justamente lo que encarnan los Larraín y compañía. Limitar la expresión popular, conducir y proteger un modelo que exclusivamente los favorece a ellos y un pequeñísimo sector social, es justamente la música de fondo de la opción de quienes quieren rechazar la posibilidad de debatir en democracia un nuevo pacto social.

Finalmente, la conducción de esta Directiva generó una ecuación política y social que será la herramienta central del proceso en curso: debatir y acordar, sin fagocitarse. No olvidemos que, la gran mayoría de los procesos constituyentes en Latinoamérica, han sido “conducidos” por poderosos acuerdos, como Colombia, o por mayorías políticas, como el MAS en Bolivia o Movimiento País en Ecuador, condición que justamente no se cumple en Chile. Por tanto, la forma de lograr conducir una constituyente, en cualquiera de sus fórmulas, requerirá llegar a ese momento con una trayectoria de diálogos y acuerdos sólidos previamente construidos. No podremos cruzar el río, que representa esta crisis, sin haber construido antes un puente con bases poderosos y probadas.

Dada la fuerza que los sectores más reaccionarios han puesto en marcha, la batalla aún está en su apogeo y muchos obstáculos deberán ser sorteados. En este sentido, el rol moderador de Renovación Nacional se vio refrendado por el resultado del Consejo General, lo puede transformar en un puente entre las oposiciones y un damnificado Gobierno. Se puede afirmar que la conducción gubernamental, más bien inacción, a pasado a manos de una directiva partidaria y deberá desplegarse con inteligencia en el Legislativo, con la finalidad de generar los acuerdos necesarios para aprobar la tan anhelada agenda social. Sin perjuicio del resultado final, la actual Directiva de Renovación Nacional se ha puesto del lado correcto de la historia e irónicamente, podrían frenar la caída de la centro-derecha al abismo.

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