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La derecha de siempre

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“De Kast a Kast” anotaba a propósito del cierre de las listas de constituyentes, la periodista Paula Escobar, en una notable columna de La Tercera, este fin de semana para definir a una derecha que sigue, a las hora de sus definiciones siendo la misma de siempre.

Desde el 18-O la derecha se ha empecinado en cada una de sus apariciones en recordar, en todos los formatos y voces posibles, que la izquierda y en especial la centroizquierda chilena había sido tibia o inexistente a la hora de condenar la violencia ocurrida a partir del estallido social.

Lo anterior, no solo fue falso -incluso la propia izquierda se lo llegó a creer en un momento y bailó al son de esa música- , sino un intento por generar una sensación de opinión pública que destruyese lo más posible a un sector que ha actuado con responsabilidad, no solo en los días de la crisis, sino en los acuerdos necesarios para terminar con la violencia y encausar una salida democrática y constitucional a la crisis.

La centroizquierda y la izquierda democrática que cree en los valores de siempre no solo apartó aguas de los sectores populistas y más reaccionarios frente por ejemplo al acuerdo del 15 de noviembre de 2019.

Recordemos que esa noche, el PC, el PH y varios sectores de la izquierda más dura no llegaron a formar el acuerdo, y tampoco lo aprobaron al cristalizarse como reforma a la Carta Fundamental para dar curso a una Nueva Constitución.

No fue sino, hasta bien entrado el 2020, y viendo el entusiasmo que despertaba la opción de aprobar que muchos de estos sectores hicieron eco y comenzaron poco a poco a plegarse al proceso constituyente.

Con todo, la izquierda buscó la unidad más amplia posible, pero después de mucho entendió que con mucho de esos sectores, el proyecto se puede remitir a acuerdos electorales, pero no programáticos.

En este sentido visiones y posturas ante una Nueva Constitución llevaron a la izquierda a llegar en dos grandes listas. La de la centroizquierda agrupa a sectores que van desde Ciudadanos y la DC hasta el PS y sectores del Frente Amplio, que se ha quebrado en dos en este proceso.

En definitiva la izquierda fijó una postura, entendió que por ahora, y frente a la mirada de un acuerdo de futuro, en un tema tan delicado, la unidad total con sectores que aprecian el populismo o justifican la violencia se hace cada vez más difícil y más necesario es abrir el camino al diálogo y la amistad cívica para construir el futuro.

Ello tendrá un costo, por cierto, probablemente frente a una derecha unida sea un pacto torpe y errado, pero es el correcto para delimitar el país de los próximos años.

Por el otro lado, la derecha que ha pontificado durante más de un año con la violencia, el populismo y los sectores más reaccionarios, no tuvo ninguna duda de optar por el peligroso pragmatismo que no aísla a los violentos y populistas. Hizo lo mismo que hicieron hace cuatro años los republicanos en Estados Unidos y el resultado del desastre está a la vista. Pasaron pocas horas para saber que estaban pactando con quien no debían, más allá de los gritos y aullidos de algunos no hicieron nada por remediar.

La derecha una vez más, demuestra que no entendió nada del estallido social. Con tal de parar cualquier avance y forzar su sobre representación en la Convención Constituyente, no tuvo ningún empacho en demorarse un par de días en aceptar un acuerdo con el sector más recalcitrante y reaccionario de su sector. Los “autoproclamados” liberales olvidaron todo, y como dijo, el ahora constituyente Gonzalo Blumel -quién tiene una responsabilidad política ineludible en graves violaciones a los derechos humanos- parafraseando a Carlos Fuentes “en política hay que comer sapos”.

Y vaya sapo se comieron. Los violentos, aquellos que en el peor de los momentos, también renegaron no solo de la salida constitucional, sino de la posibilidad de una Nueva Constitución hoy estarán ahí sentados con ellos.

La derecha una vez ha demostrado lo que Paula Escobar citando a Daron Acemoglu denomina un “pacto cáustico”. Al final del día, la derecha demuestra, con este tipo de actitudes, y no aislando a los violentos, que más que el afán de enfrentar los problemas que aquejan al país y buscan superarse, en parte en la redacción de una Nueva Constitución, prefiere una vez más optar por atrincherarse en minorías sobre representadas haciendo la pantomima para que nada finalmente cambie.

Con ello no solo le hace daño a Chile, lo hace también a su propio sector.

Llama la atención, que a tantos años transcurridos desde el retorno a la democracia, la derecha, con todo lo vivido y lo padecido -sobre todo por sus sectores más liberales- continue aliándose en su voto duro y siendo intérprete de un pasado que parecieran querer seguir sosteniendo, como una vieja casa que está cerrada por derribo.

Como bien concluye Paula Escobar: “pues son, en el fondo lo mismo, una gran familia: De Kast a Kast. Una familia que puede tener sus peleas, pero al final estarán sentados en la misma mesa cada domingo”.

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Quién sabe, hay que preguntarle a Radomiro

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