Cristian Zuñiga

Cristian Zuñiga

Profesor de Estado. Vivo en Valparaíso.

La enfermedad infantil del partido comunista chileno

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La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo es un ensayo político publicado en 1920 por el líder revolucionario Vladímir Ilich Lenin. En este libro, el autor ataca la estrategia de una parte de los comunistas (miembros de la Tercera Internacional), acusándoles de seguir una desviación ideológica hacia la extrema izquierda. 

Esta obra, sindicada como una de las más importantes del marxismo, explica el arte de la táctica y la ciencia de la estrategia en la lucha de clases. Aquí Lenin acuña el termino de “infantilismo de izquierda” para develar a un lote, al interior del Partido Comunista Soviético, a los que sindicó como “pequeños burgueses”, dado sus discursos de cambios radicales. El líder revolucionario escribía estas páginas a poco de ocurrida la revolución bolchevique y no concebía que estos grupos, al interior de su partido, no fueran capaces de entender adecuadamente el manejo del poder.     

No cabe duda que mucho del legado de aquellos grupos comunistas a los que Lenin les dedicara esta popular obra del siglo XX, han estado presentes en el espíritu y las dinámicas del Partido Comunista chileno a lo largo de su historia. Qué duda cabe, el PC local ha seguido defendiendo legados como el de Fidel Castro, Hugo Chávez, Nicolás Maduro e incluso el del mismísimo Kim Jong- un, en pleno siglo XXI, mismo donde el Partido Comunista Chino, se ha transformado en una potencia económica capaz de disputarle el trono global a USA ( de pasada se hicieron dueños del sistema de energía eléctrica de Chile).

Es evidente que los comunistas chinos, supieron leer mejor a Lenin que los comunistas chilenos. La máxima de aquel gato que caza ratones, sin importar el color de su pelaje, pudo más que los tributos al Che Guevara y las ensoñaciones con una revolución obrero- campesina, en medio de la actual revolución de los algoritmos.

La comparación anterior, se confirma observando el proceder de los comunistas chilenos en el contexto de la revuelta social y el acuerdo por la nueva Constitución, mismo que lograra algo que ningún militante del PC hubiese apostado hasta antes del 18 de octubre del 2019: la extirpación de la Constitución de la dictadura desde un plebiscito y la posibilidad de redactar una carta magna desde una convención constituyente (y en una hoja en blanco). 

Lo anterior, se logró desde una especie de circulo virtuoso, donde la violencia, expresada por una ciudadanía no configurada bajo la conciencia de clases del marxismo, sino que, irradiante de malestar y rabia hacia un modelo que no cumple con lo prometido, fue complementada por un acuerdo político que terminó borrando la constitución del 80.

Sin embargo, para el Partido Comunista chileno, aquel acuerdo realizado la madrugada del 15 de noviembre del año pasado, no tiene la suficiente legitimidad, por haberse “suscrito a espaldas del pueblo”. Entendamos bien, a espaldas de ellos mismos, los comunistas chilenos, quienes aún siguen creyendo en la vigencia de la Cuarta Internacional, donde los obreros constituían el cuerpo vivo del internacionalismo, único territorio en el que podía existir algo semejante a un “proletariado”, entendido como cuerpo subjetivado del comunismo.

Es tal el despecho de los comunistas hacia aquel acuerdo suscrito en el ex Congreso, que a menos de un mes de realizado el exitoso plebiscito constitucional, donde el pueblo ( cuya subjetividad parece más permeada por el mercado que por el comunismo) participó masivamente y a favor de eliminar la carta magna actual, la Diputada Camila Vallejo, junto a un grupo de parlamentarios de oposición ( cuyo despecho parece proceder desde sus narcisismos), presentaron la propuesta que busca eliminar el quorum establecido de dos tercios en la convención constitucional que se encargará de redactar la nueva Constitución, por uno de mayoría simple. 

Es decir, quienes no estuvieron en dicho acuerdo y lo ningunearon desde un principio, incluso votando en la Cámara de Diputados en su contra (en la votación del 18 de diciembre del 2019 los parlamentarios comunistas votaron en contra de realizar un plebiscito para una nueva Constitución), hoy quieren desconocerlo, intentando imponer sus condiciones ( siempre disfrazadas de democráticas) y con ello dejar tambaleando un proceso que recién parte y en el que aún falta por definir a sus redactores, redactarlo y someterlo a un plebiscito de salida.    

Al parecer, para el PC chileno, es más fácil sabotear un proceso constitucional, en vez de ponerse de acuerdo con el resto de la oposición para ir en una lista única a disputarle los constituyentes a la derecha (la derecha es pragmática como los chinos y no dudará en presentar lista única). Es decir, es más fácil seguir comportándose como los infantiles grupos radicales pos revolución bolchevique, que actuar como sugería Lenin: aplicando el arte de la estrategia a la hora de disputar el poder.

Quizás habría que llamar a la líder más cercana a Lenin que ha tenido el Partido Comunista chileno, Michelle Bachelet, para que les recuerde, como el año 2018, ella misma instruyó a los partidos de la entonces Concertación, para que blindaran algunos cupos alcaldicios y de concejalías al PC (años después tendrían parlamentarios y ministerios de Estado a su cargo). Entonces, ella actuó desde el pragmatismo de alguien que supo ir más allá de sus conveniencias de corto plazo, con tal de ensanchar las fronteras de lo posible.

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