Laura Gallardo

Laura Gallardo

Laura es de la U: su *alma mater* es la U y es, orgullosamente, profe de la Escuela de Ingeniería y Ciencias. También y, a pesar de todo, es de la U desde mucho antes que las S.A, más bien desde los pretéritos clásicos universitarios. Científicamente le ocupan los impactos humanos sobre el Sistema Climático y los cambios paradigmáticos por los que debe atravesar el mundo y la ciencia. Esto último viene de su otra influencia: la U de Estocolmo donde se formó como investigadora.

La falacia de “la economía”

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Quizás dónde está el futuro y quién sabe cómo estará. Todo no sigue igual porque mucho ha cambiado, pero hay quienes quisieran que volviera eso de “orden, patria y tradición”. Otros, más frecuentemente, quieren echar a andar “la economía”.  Así, con artículo definido (LA). Como si fuese única, como la Tere y el Lucho. Pero existen las economías de “La Tere y el Lucho (Manuel)” de, digamos, la Dehesa y también de “La Tere y el Lucho” (sin segundo ni tercer nombre ni “buen apellido”), digamos, del suroeste de Santiago. Y son tan distintas: la primera de lujo y opulencia y la segunda de supervivencia. La primera se escapa a la casa de playa en una máquina que vuela. La segunda se arranca para “hacer pololos”. Los primeros consumen más de un cuanto hay, tal vez cosas exóticas y finas, posiblemente “low-carb, gluten free and free free free”. Los segundos “lo que hay”, a menudo ni tan saludable. Alguien dirá “qué latera, esas caricaturas”. Pero no son caricaturas, así es la distribución de la riqueza en Chile y en demasiadas partes del mundo. Así es la desigualdad y la injusticia que se ha gritado, rayado, marchado y apaleado en las calles. No sólo en Chile, en otras partes también. Y entre tantas falacias que circulan, casi todos hablan de “la economía”.

Y sí, sé que vivimos en un mundo hiper interconectado de modo que los salarios o los ingresos esporádicos dependen, en demasiada parte, de la histeria colectiva de unos señores (unas pocas señoras) en alguna bolsa del mundo: “La inquietud del mercado”. La inquietud y la histeria emergen cuando la gente baja el consumo sacando, mayoritariamente, lo suntuario y quedándose con lo necesario. Pero no se inquieta cuando el sobreconsumo nos llena de obesidad, diabetes, enfermedades mentales, infelicidad. Al revés, en la locura de las compras de plástico y chiches de fin de año, “la economía se recupera, crece”. ¿Para cuál economía es eso bueno? Parece ser la de algunos. La economía y la vida de los demás, la gran mayoría de los casi 8 mil millones es insostenible con esos niveles de plástico y basura por doquier, con tantos gases de efecto invernadero, con atmósferas irrespirables, o con sequías y diluvios, o con pandemias o biodiversidad perdida. No es cuerdo para nadie, ni para unos y otros Teres y Luchos. Seguir igual es autodestructivo. El indicadorcito llamado Producto Interno Bruto (PIB), hace demasiado tiempo se quedó en bruto, idiota sensu stricto.    

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