Veronica Pinilla

Veronica Pinilla

Ph.D. en Políticas Sociales y Administración, de la Escuela de Sociología y Políticas Sociales, The University of Nottingham; Magíster en Gestión y Políticas Públicas de la Universidad de Chile; Administrador Público de la Universidad Central. Consultora Senior con más de 20 años de experiencia en el sector público, en temas vinculados a la reforma del Estado y modernización de las instituciones públicas, transparencia y empleo público. Docente de la Universidad de Valparaíso, y Autónoma. Panelista permanente de Radio la Clave, y Ciudadanos 360 de CNN.

La guerra que libramos todos

Share on whatsapp
WhatsApp
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

Nadie ha permanecido indiferente frente a los acontecimientos que hemos vivido en estos últimos días. Nadie podría decir que no tiene una posición frente a estos acontecimientos, ni menos decir que estas acciones le parecen normales. No lo son, son una declaración de guerra. La pregunta es ¿cuál guerra es la que estamos librando?

Es para todos difícil de entender como pasamos, en menos de tres días, de ver un movimiento estudiantil exigiendo una rebaja al precio del transporte público, a ver imágenes violentas que llenan las pantallas de todos los canales de televisión. Pocos podrían haber advertido que esta iniciativa, casi ingenua desde los estudiantes llamando a la evasión, iba a terminar de esta manera, de la peor manera tal vez, con violencia desatada, saqueos de supermercados, tiendas afectadas, comunidades de condominios defendiendo sus hogares por miedo a los encapuchados, y jóvenes muertos a causa de enfrentamientos con el ejército o la policía. Cuando uno mira estas imágenes se siente mucho dolor, angustia; vienen a la mente tantas preguntas, tratando de identificar que hicimos mal, que tipo de sociedad hemos construido, cómo y por qué el pueblo ha terminado manifestándose de esta manera, donde los problemas finalmente han pretendido resolverse por el uso de la fuerza, porque la política no es capaz de resolverlos, no ha sido capaz de resolverlos hasta ahora.  

Las imágenes muestran una guerra en contra del sistema pre establecido, una guerra que no aguanta medias tintas, que no acepta rechazos, y que se encuentra en las calles frente una sociedad que ve atónita este cambio de reglas del juego, sin previo aviso. Muchos han decidido unirse a esta declaración de guerra de manera pacífica, invitando a todos a mostrar que el país requiere cambios profundos, movilizándose en las calles en forma pacífica, por un “basta de abusos”. Pero hay muchos otros que han preferido sacar provechos individuales, excusándose en los propios movimientos sociales para justificar sus actos repudiables, violentos, ratoniles, a escondidas del pueblo, avalándose de esta declaración de guerra pacífica, para abusar de todo y de todos, a plena luz del día. No podemos sino rechazar estos actos, todos y sin contemplaciones.

Sin embargo, no es posible declarar que existe un problema de legitimidad del sistema político. Recordemos que hace menos de dos años vivimos las elecciones parlamentarias que inauguraban un nuevo sistema político, que permitió el ingreso de nuevas fuerzas política al parlamento, movimientos y partidos emergentes que por primera vez en su historia contaban con escaños dentro del congreso. Entonces, por qué, si contamos con un nuevo sistema político representativo de nuevas fuerzas políticas, tenemos aún profundos problemas para construir acuerdos y avanzar en leyes que permitan democratizar mas al país? Probablemente en el parlamento existen una gran variedad de interpretaciones de lo que está ocurriendo hoy en Chile, y es muy probable que muchas de esas interpretaciones no logren apoyos transversales mayoritarios. Tal vez esto es parte del problema: la obsesión por la diferenciación política de la gran mayoría de los movimientos políticos, los discursos incendiarios, la necesidad abismante de lograr encontrar al culpable de todo, ese culpable que siempre ha sido el gobierno anterior, o al anterior del anterior, pero que nunca, nunca, este culpable ha recaído en sus propios actos, omisiones, incapacidad de empatizar con las posiciones del que está enfrente, del pueblo puro y sencillo, del otro simplemente. Por qué? Porque esa posición dialogante y abierta, sin agenda pre establecida no ha sido interesante para la audiencia, no reditúa políticamente, no es llamativa para aquellos que piden a gritos la confrontación, la distinción, la moral pura del que está en la primera línea, el súper héroe o la súper mujer, y que en ese camino no ha logrado empatizar con la mayoría sencilla, que nunca se confronta, que respeta la paz de su comunidad, que no siempre va a votar, que no reclama el alza de las tarifas, que en general ha aceptado en silencio el alto precio de la vida, pero que hoy dice no mas abusos.

Además de aceptar estas inequitativas reglas del juego, nos hemos acostumbrado al otro juego de exigir del otro lo que no puede dar, porque creemos que la confrontación logrará cambios radicales, grandes transformaciones sociales, y en este momento de crisis social, donde la confrontación incluso física se materializa, vemos que ésta no contribuye al encuentro de soluciones reales y concretas. En estos momentos se requiere altura de miras, se requiere dejar de lado las teorías que nos han acompañado toda la vida, olvidar un poco el nombre del partido que nos representa, del movimiento que nos apoya, despojarse para lograr contribuir a buscar soluciones a este sentimiento de agotamiento social, de abuso desmedido que la población vive día a día. No solo se debe escuchar aquellas voces que logran gritar más fuerte, se debe escuchar a todos y todas los miembros de esta gran comunidad, a esta ciudadanía, hoy menos silenciosa, que demanda cambios urgentes, y que exige una clase política sencilla, que sea capaz de construir cambios con mucho trabajo, diálogo, y acuerdos.

Es momento de lograr un diálogo real. Es momento, de una vez por todas, de convocar fuerzas sociales y políticas que permitan acuerdos sociales transversales, aunque no todo se gane, aunque se pierdan posiciones intachables, porque el valor de la democracia debe seguir siendo el norte, sin condiciones ni agendas individuales, siempre. La sociedad chilena no puede esperar, y la paz social no puede estar ausente, esta es la principal guerra que debemos librar, hoy más que nunca, siempre.

Más del autor

Queridos compatriotas

Cuando la elite actúa autoprotegiéndose, toma un camino equivocado y se equivoca, somos nosotros, personas comunes y corrientes, con las mismas debilidades que el resto, las que debemos tomar buenas decisiones.

Lo que no podemos olvidar

Resulta un deber de Estado, no permitir que las meras coyunturas nos condicionen negativamente decisiones estratégicas como país, así como, tampoco seguir alimentado la falta de espacios de deliberación que concluyan en hojas de ruta comunes y compartidas.

Más para leer

Quién sabe, hay que preguntarle a Radomiro

Suscríbete a nuestro Newsletter

¡Mantente al día con las novedades de Entrepiso y suscríbete para que la información llegue directamente a tu correo electrónico!