Felipe Vasquez

Felipe Vasquez

Penquista instalado en Santiago hace más de 15 años. Periodista de la U. de Concepción y Magister en Ciencia Política de la U. de Chile. Me he movido por el servicio público, como consultor estratégico, en el sector privado y el mundo de las ONG. Tuve la oportunidad de colaborar en la entonces Secocu del Gobierno del Presidente Lagos -que de hecho fue mi primer trabajo- y en la Secom de las dos administraciones de la Presidenta Bachelet. Además, como asesor de contenidos en el Ministerio del Interior, en el inicio del segundo mandato de la Mandataria. Cuando el Campanil gana, el ‘pan francés’ es más crujiente. Todo parte con Los Beatles.

La hora de las regiones (o Santiago no es Chile)

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Sucedió así, casi de manera sincrónica, como si el guion lo hubiesen escrito para una serie de intriga política de Netflix. Mientras desde La Moneda se deslizaba la posibilidad de aplazar un año el debut de las elecciones de gobernadores regionales –si “existe consenso parlamentario” dijo el ministro Monckeberg-, dos de las regiones con más sentido de identitario, Biobío y Magallanes, alzaron su voz en contra del plan diseñado por el Ejecutivo para este 18 de septiembre, tildándolo –con justa razón- de ser construido con una lógica centralista. 

Lamentablemente, las dos regiones que levantaron la mano, no pasan por un buen momento en medio de esta emergencia sanitaria, con sus dos capitales –Concepción y Punta Arenas-, concentrando la gran mayoría de los casos Covid. Según el último informe epidemiológico, Magallanes registra la tasa de incidencia más alta del país y la más alta que ha registrado una zona desde que partió la pandemia, con 607 contagios por cada 100 mil habitantes. Punta Arenas es la comuna con más casos activos, con 1.026. Esta suerte de segunda ola está siendo bastante más cruda para los magallánicos.

En tanto, en tierras penquistas corresponde más bien a una primera oleada. El manejo de la pandemia en el Biobío había sido bastante positivo, al punto que no había sido necesario decretar cuarentena en su capital sólo hasta hace unos días y sus centros hospitalarios recibieron pacientes derivados de otras ciudades, cuando gran parte del país estaba bajo el colapso.

Pero hoy, en ambas zonas, la realidad es otra. 

Y en medio de este contexto –que dista del que se puede ver en el sector oriente de Santiago, donde bares y restaurantes han comenzado a reabrir- la autoridad sanitaria, sin ningún argumento sanitario, decide relajar la cuarentena para este 18 de septiembre, independiente de la etapa en la que se encuentre la comuna. 

Consecuentes con su historia y carácter, desde estas dos regiones, ‘saltaron’. En la Región de Magallanes, la voz cantante la ha llevado el alcalde de Punta Arenas, Claudio Radonich, pidiendo directamente al gobierno que suspenda para la zona el anunciado plan para Fiestas Patrias. “Creemos que es contradictorio, y en este esfuerzo sanitario por supuesto que tenemos que ser muy claros y no generar estas excepciones (…) Con estas medidas se va todo al tacho, este gran esfuerzo que hace la ciudad”, dijo Radonich.

Sin embargo, el capítulo más interesante de esta rebelión de las regiones se está viviendo en el Biobío. El protagonista esta vez –tomando por sorpresa a nuestra institucionalidad centralista y unitaria- ha sido el mismísimo intendente, Sergio Giacaman. La figura designada directamente por el Presidente de la República ha criticado no una, sino dos veces el plan Fondéate en tu Casa.  Y no sólo desoyó la invitación del gobierno central a corregir sus dichos iniciales, sino que confirmó sus declaraciones. “Manifesté mi preocupación por la situación de la región en la lucha contra el coronavirus. Es mi rol representar la realidad de la región, sería incoherente retractarme”, replicó Giacaman.  

Así, el Gobierno logó lo impensado en una zona como el Biobío: todos se cuadraron detrás del Intendente, desde el alcalde de Concepción, el DC Álvaro Ortiz hasta el Presidente Regional del Colegio Médico, Germán Acuña -ex gobernador provincial de Concepción durante el Gobierno del Presidente Lagos-, pasando por Rodrigo Díaz, ex intendente durante el mandato de la Presidenta Bachelet. Este último, frente al llamado de atención que recibió Giacaman de los ministros Paris y Bellolio aseguró  que le parecía “un acto brutal de centralismo y de desprecio por quienes vivimos en la Región del Biobío”.  

El movimiento regionalista –al que también se sumó el alcalde de Coquimbo, Marcelo Pereira- tuvo efectos casi inmediatos. El Gobierno retrocedió y anunció que las comunas que estén en fase 1 (cuarentena), quedarán excluidas del permiso especial de Fiestas Patrias. Afortunadamente, la sensatez de las autoridades locales primó por sobre la mirada festiva y populista de Palacio. 

La actitud de Giacaman, desafiando al gobierno central –que le valió una suerte de ‘ley del hielo’ por parte de la dupla Bellolio-Paris en la conferencia de prensa Covid del domingo, donde ensalzaron la figura ‘colaborativa’ del intendente de Magallanes, omitiendo mención alguna a su par del Biobío- es fiel reflejo que el actual sistema de representación regional no da más. Si bien se va a mantener una figura designada por el Jefe de Estado, en el cargo del Delegado Presidencial, la presencia del Gobernador Regional –elegido por la ciudadanía-, con un rol distinto y con capacidad de asignar recursos, resulta fundamental para avanzar en materia de descentralización.

El Gobierno ha tenido más de dos años para impulsar la legislación que permita a los gobernadores regionales contar con atribuciones claras para ejercer su gestión. Se trata de la ley corta que perfecciona sus facultades y de la ley de rentas regionales, cuerpos legales que brillan por su ausencia en el Congreso. 

Con un calendario electoral que ya aplazó la fecha inicial de su elección –producto de la pandemia- queda claro que detrás de esta disposición del ejecutivo no hay falta de tiempo, sino la ausencia total de convicción y compromiso con la descentralización, regionalización y cesión de poder a los territorios. Esta última semana quedó demostrado que a los actuales inquilinos de La Moneda les sigue acomodando más tomar las decisiones desde Santiago y aferrarse el mayor tiempo posible a concentrar al poder (como buenos herederos de la Constitución del 80, era que no). 

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