Gabriel Alemparte

Gabriel Alemparte

Abogado, Master en Ciencia Política. Fue jefe del Gabinete del Ministerio de Obras Públicas entre 2014-2018. Administrador Municipal, Director Jurídico y Director de Desarrollo Comunitario de los Municipios de Maipú y Providencia. Ha sido asesor de los Ministros de Justicia y del Ministerio de Transportes. Becario de la Fundación K. Adenauer. Es Consejero de la Fundación Vicente Huidobro. Actualmente se desempeña como consultor de empresas en AlemparteVillanueva Abogados.

La Orquesta del Titanic: Piñera a dos años

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El regreso de vacaciones no significó más que una confirmación de lo mismo. Un Presidente que se apresta en los números y la realidad, cada vez más inestable y compleja, coronada por cifras históricas de desaprobación, en convertirse en el primer Jefe de Estado desde el retorno a la democracia que arriesga no terminar su mandato o a lo menos a terminar juzgado, como sin lugar a dudas, el peor mandatario, todo ello a días de que simbólicamente se cumplen 30 años de democracia.

No hay conversación en el entorno que sea donde el punto no aparezca. Cualquier chileno a estas alturas se pregunta si el Presidente llegará al fin de su Gobierno y si tiene la capacidad para hacerlo. Nadie tiene una respuesta cierta de que ocurrirá. De lo que no cabe duda, sea quien sea, con quien uno converse, es que la inestabilidad en la capacidad de imponer el orden público, las graves violaciones a los derechos humanos, la falta total de conexión con una ciudadanía que ya no soporta su sola presencia o lo que es peor sus desatinos, ha debilitado a tal nivel la Jefatura de Estado, que en un sistema presidencial como el nuestro se pone en serio riesgo la estabilidad del país.

Lo peor de todo es que Piñera no pareciera hacer nada por mejorar, por el contrario, cada aparición genera furia, incluso en quienes le votaron, y sus niveles de rechazo son transversales a grupos etarios, socio económicos y políticos.

Y es que el Presidente Piñera, luego del 18 de octubre ha demostrado un nivel de impericia, incapacidad y falta de empatía que impacta.

Desde declaraciones de guerra en los momentos más complejos, cuando vimos peligrar todo, la absoluta falta de diálogo y soluciones frente a propuestas vacías y en ciertos casos anuncios –incluso realizados en cadena nacional- que a meses aún no se concretan  (el caso de la agenda antiabusos es un caso paradigmático, tres meses luego de su presentación aún no ingresa un solo proyecto de ley al Congreso).

Todo lo anterior, demuestra la absoluta incapacidad política para manejar una crisis, en que la obsesión de La Moneda ha variado desde ataques extranjeros demostradamente inexistentes, a una fijación única de control del orden público, que se agota en la incapacidad de controlar a Carabineros de Chile, una institución cuya descomposición ya adopta ribetes alta preocupación por la  falta de legitimidad que hace rato arrastraba después del “Paco-Gate”, el “Caso Catrillanca” y los montajes en la Araucanía y a los que se suman violaciones brutales a los derechos humanos de abuso policial denunciado por un gran número de importantes organismos de derechos humanos.

Llegado de sus vacaciones, el Presidente comenzó superando sus ya nada simpáticas “piñericosas” que se han transformado en un síntoma más de su estado de completa desconexión con la realidad, que hacen incluso temer a muchos, por su capacidad para seguir gobernando en un ambiente enrarecido, enervado y angustioso, donde los chilenos aun esperamos expectantes el siguiente error no forzado o lo que es peor, si alguna vez la actitud frívola y la lenidad demostrada por el Jefe del Estado le hará asumir más allá de las formas lo que los chilenos acostumbramos ver en un Presidente de la República: Sobriedad, altura republicana, tranquilidad y análisis profundo en horas de altísima complejidad. A estas alturas difícil.

Al desguace de un gobierno que comienza a observar funcionarios que renuncian o amenazan hacerlo por la prensa, una coalición gobernante en la práctica quebrada ante las opciones del plebiscito constituyente, la situación se observa cada vez más oscura y difícil.

La imagen del Gobierno se asemeja a dos años de su inicio como la orquesta del Titanic, que con la frivolidad elegante y altanera sigue intentando tocar mientras todos arrancan a su alrededor, con un estoicismo abúlico para enfrentar las demandas sociales planteadas y liderar procesos en los que el Gobierno parece quedar muy atrás y ser prácticamente inexistente.

Salvo contadas excepciones, como son el caso del ministro Briones que conserva una lozanía y don de conversación republicana consignando los pocos triunfos y el buen tono del Gobierno, como una isla en medio del mar, la mayoría de los ministros y ministras se notan cansados, superados, afligidos con un jefe que quiere estar en todo, saber de todo y hablar de todo sin dar espacios o esconder su protagonismo.

Promulga una ley contra el femicidio y dice una barbaridad que demuestra su incapacidad a estas alturas de dominar los temas de género. Visita unas vecinas en pleno Festival de Viña y dice tener información de un eventual ataque al certamen mientras éste se llevaba a cabo esa misma noche, habla del coronavirus, dirige reuniones, aparece varias veces al día en los medios, comete errores, se equivoca se enoja. Sobre todo se enoja, porque si algo pareciera que le ocurre psicológicamente al Presidente es que siente un profundo enojo con lo que le ha ocurrido, siente que lo que ha hecho Chile con él es una traición y no logra salir de ahí liderando, convocando.

Incontinencia, improvisación, frivolidad que en esta hora pueden tener consecuencias graves, muy graves.

Negación, incapacidad para enfrentar la realidad hablan de un estado de pasmo. El intento de negar la asistencia de casi dos millones de mujeres cantando contra el Presidente, minimizando su número a cien mil personas demuestra la imposibilidad de entender el cambio social ocurrido luego del 28 de octubre y lo que es peor, exaspera, agota y enoja a una ciudadanía que ya no soporta que le mientan y se esconda la realidad.

Piñera sigue detenido en los noventa y su forma de solucionar los problemas continúan siendo los mismos, convocar a grandes diálogos, acuerdos o a la grandilocuencia estética para intentar aplacar a una calle a la que los ritos republicanos vacíos y sin sentido ya no la impactan.

Su principal asesor aún continua en la tesis de la invasión extranjera y sus alcaldes (si los de su coalición) la mayoría con el apruebo, critican la incapacidad del Gobierno de poder controlar el orden público, ésta molestia es aún más profunda, pues se refiere a aspectos de gestión en el manejo de las policías, coordinación para enfrentar temas de delincuencia, entre otros aspectos.

Frente al relato anterior, es evidente que salvo un golpe de timón autentico, que a estas alturas parece tardío en demasía, a éste paso el Titanic se hundirá con su orquesta.

Para demostración números que agravan aún más la situación: La Fundación Ciudadano Inteligente al cumplirse dos años del Gobierno señala que de 256 promesas hechas por Piñera en campaña, 133 de ellas tienen un 0% de cumplimiento y solo 25 de ellas un 100% de tramitación e implementación. Los resultados de fondo como se ve tampoco son buenos. Licitaciones de metro y de concesiones postergadas, economía de bajo crecimiento, ejecución presupuestaria baja en ministerios de mayor gasto, descomposición y polarización de la sociedad a la que el propio Gobierno contribuye tampoco auguran un buen desempeño general, lo que a estas alturas solo agrava lo inevitable.

¿A estas alturas, pese al costo que tendría para la imagen país, puede seguir sosteniéndose una estantería que quien la afirma no ayuda en sostener, sino que por el contrario, se esfuerza en derribar entre el atolondramiento y una impericia desconcertante?

Difícil hacer proyecciones, solo el tiempo y la realidad dirán. Por mientras los chilenos seguimos esperando con angustia.

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