Aldo Gonzalez

Aldo Gonzalez

Doctor en Economía de la Universidad de Toulouse, Master en Economía, de la Universidad de Boston e Ingeniero Civil. Desde el año 2004, es Profesor del Departamento de Economía de la Universidad de Chile. Investigador y consultor en materias de regulación de mercados, libre competencia e infraestructura. Fue presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Federico Santa María en 1990.

La política y la técnica

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En Políticas Públicas el equilibrio entre la política y la técnica es complejo. La política expresa los intereses o sueños de la gente, la sociedad que deseamos construir. La técnica por su parte nos señala las restricciones y costos de nuestras aspiraciones, delineando el espacio de lo factible de alcanzar. En cierto modo le toca cumplir el rol de aguafiestas. Pero ambas partes deben estar presente, sin politica nos congelamos y no evolucionamos como sociedad. Mientras que sin el respaldo de la técnica, caemos en el campo de irrealidad donde finalmente la politica se vuelve inútil y termina desprestigiandose.

Por ello las leyes que se proponen deben someterse al escrutinio técnico, y evaluar si van a tener el impacto deseado y también si se producirá algún efecto negativo no previsto. Al respecto hay dos peligros. Uno es el voluntarismo, el que consiste en suponer que la gente, empresas o instituciones se comportarán de un modo virtuoso simplemente por el hecho de declararlo o desearlo. Un clásico ejemplo se presentó en la entonces discusión de la ley de divorcio, donde sus opositores argumentaban que una pareja debia luchar por mantener el vínculo y no optar por el camino fácil del rompimiento. En la ley de las 40 horas, también es voluntarista asumir que los trabajadores se volverán más productivos, realizando el mismo trabajo que antes, pero en menos horas. Del mismo modo que creer que los empleadores no ajustarán los salarios, porque la ley se los impide o por un acto de contribución al país.

Un segundo riesgo es obviar el principio de restricción de recursos. Tenemos claridad que las pensiones serán bajas. Con la extensión de la esperanza de vida, las bajas tasas de retorno de capital y el 10% de cotización las cuentas no dan para obtener una pensión no muy alejada del sueldo promedio del cotizante. Hay que mover alguna variable, o trabajamos más o ahorramos más o pagamos más impuestos. Hacernos los desentendidos con asumir un costo, implicará traspasar un problema a las futuras generaciones.

Otro ejemplo. Si el gobierno aumenta el gasto público o anuncia proyectos que implicarán significativos subsidios a futuro, como los ferroviarios, pero al mismo tiempo no se menciona como éstos se cubrirán ni tampoco se propone subir los impuestos, nos estamos haciendo los lesos con el principio de escasez. Decir que el crecimiento económico aportará los recursos, equivale a un “Dios proveerá” que al igual que el ejemplo anterior, lanza el problema para adelante.

En definitiva, no es responsable desconocer los cambios en el comportamiento de los agentes (personas, empresas, etc) que las leyes inducen pues sus verdaderos impactos pueden ser muy distintos a los esperados. Tambien es irresponsable no considerar la fuente de necesaria para financiar programas o transferir recursos a las personas, por muy sentidas que estas políticas sean.

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