Miguel Yaksic

Miguel Yaksic

Licenciado en filosofía y teología y máster en ética social. Desde diversas veredas ha estado vinculado a lo político y la ética pública. Ha trabajado en la formación de trabajadores, en la promoción de los derechos humanos de las personas migrantes y refugiadas, en el desarrollo de competencias interculturales, en consultoría y docencia universitaria. Actualmente trabaja en el Consejo para la Transparencia y es profesor adjunto de la Escuela de Gobierno UC.

La protesta y la canción

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La protesta y la canción son hermanas. O amigas íntimas. Van de la mano. Muchas de las manifestaciones y protestas más significativas han estado acompañadas de música. De canciones que se han reinterpretado, de canciones que venían anunciando la crisis o de canciones que rápidamente son compuestas para significar el movimiento.

En esta columna se reúnen un montón de canciones sociales y de protesta. De tiempos diversos y orígenes distintos. Sin mucha curatoría y casi por emoción.  Acompañando algo de su significado. Algunas más viejas, otras compuestas anteayer aquí en Chile. Todas reunidas en una playlist abierta de Spotify. La lista se llama “La protesta y la canción” y el lector podrá añadir las canciones que quiera. Para que sea una playlist colaborativa. El único requisito es mantener la línea editorial de protesta social.

Por estos días en Chile, de un día para otro, varios artistas han compuesto varias canciones. Poco después del 18 de octubre, Anita Tijoux compuso “Cacerolazo”, en abierto apoyo a la explosión social y con contenidos que aluden directamente al corazón de la demanda. Lo mismo hizo Mon Laferte con “Plata Ta Tá”, un regaetton compuesto para la ocasión. Nano Stern, por su parte, escribió la conmovedora “Te regalé mis ojos” dedicándosela a Gustavo Gatica, el joven que perdió la vista por culpa de unos balines que no eran de goma.   (Esta es la única que no está en la playlist porque no la encontré en Spotify).

La canción social en Chile no es nueva. Fue engendrada en los tiempos de la Nueva Canción Chilena, ese movimiento músico-social que surgió en los sesenta. Víctor Jara, Patricio Manns, Cuncumén, Quilapayún, Inti Illimani, el Gitano Rodríguez y tantos otros eran parte de esa tendencia cultural inmensamente creativa y profunda. Su origen está en la obra de Violeta Parra. Hay tantas canciones lindas, que no se hace fácil elegir algunas para esta lista. “El Derecho de Vivir en Paz” de Víctor Jara se ha convertido en uno de los himnos del estallido social de octubre de 2019. Pero qué bella es también “Manifiesto”, el canto desde los andamios. Violeta estaría cantando “Qué dirá el Santo Padre”. Todos sabemos que el himno de protesta más universal ha sido “El Pueblo Unido Jamás Será Vencido” compuesto por Sergio Ortega de Quilapayún en 1973 y traducido a varios idiomas. Hay tantas más.

Natalia Lafourcade, mexicana, compuso en 2012 “Un Derecho de Nacimiento” como himno del movimiento juvenil #Yosoy132. Vale la pena escucharla. Más duros, también mexicanos, son los Molotov, que marcaron a toda una generación. En esta lista seleccionamos “Hit me” en la versión del Unplugged de 2018 que cuenta con la colaboración de Anita Tijoux.

Del otro lado de la cordillera recibimos la magnífica “Los Dinosaurios” compuesta por Charly García en 1983 en plena dictadura, aludiendo a los desaparecidos. O la emblemática “Sobreviviendo” de Víctor Heredia, capaz que compuesta para su hermana, desaparecida como tantos hacia el final de la dictadura.

Una segunda ola de canción de protesta social chilena viene de la mano de Los Prisioneros. “El Baile de los que Sobran” ha vuelto a ser un himno en Chile y en Colombia en estos días de manifestaciones. Pienso que Jorge González se debe haber influenciado con el Punk británico de fines de los setenta y comienzo de los ochenta. Las letras de The Clash eran más duras y menos ingenuas que las de los Ramones y más políticas que las de los Sex Pistols. De The Clash elegimos “White Riot”, un llamado a las personas blancas a protestar con la misma convicción que las personas negras. Antes que el Punk, el Rock británico también le hizo a la protesta social. The Who salió con “Won’t Get Fooled Again” en 1971 anhelando cambios políticos y sociales.  Para qué decir el disco “The Wall”, de Pink Floyd.

También en inglés, pero en los Estados Unidos de los sesenta encontramos los himnos del Civil Rights Movement liderado por Martin Luther King. Agregué a la lista su discurso “We Shall Overcome” para darle contenido a la canción homónima versionada por Joan Baez. We Shall Overcome fue originalmente un himno góspel compuesto por un pastor y que luego se convirtió en un himno tradicional en muchas manifestaciones basadas en el principio de la no violencia activa empujado por Luther King y que tanto bien nos haría recordar estos días que se están volviendo desoladores.  

¿Qué habría pasado si la clase dirigente de nuestro país le hubiese puesto oreja y atención al rock, al punk y al hip hop producido en los últimos años en Chile? Probablemente nadie habría podido decir que no se esperaban el estallido social o que Chile se había convertido en el oasis de América Latina. “Canción para Mañana” de Los Bunkers, “Shock” de Ana Tijoux, “Bombo y Guitarra” de Juana Fe, “Toy Chato” de Sinergia, “Me Estai Hueviando” de Weichafe y la recién salida del horno “Palo sin Bandera” de los Fiskales Ad Hoc. Todas canciones que han venido anunciando y profetizando la crisis de estos días.  

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