Miguel Yaksic

Miguel Yaksic

Licenciado en filosofía y teología y máster en ética social. Desde diversas veredas ha estado vinculado a lo político y la ética pública. Ha trabajado en la formación de trabajadores, en la promoción de los derechos humanos de las personas migrantes y refugiadas, en el desarrollo de competencias interculturales, en consultoría y docencia universitaria. Actualmente trabaja en el Consejo para la Transparencia y es profesor adjunto de la Escuela de Gobierno UC.

La sociedad del cansancio

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“La Sociedad del Cansancio” es un libro del filósofo best seller Byung-Chul Han publicado en 2012. El primero de una serie de libros cortos en los que disecciona los males que asolan a las sociedades hiperconsumistas.

La sociedad contemporánea ya no es la sociedad disciplinaria de Foucault, esa que oprimía al sujeto por fuerzas externas que lo constreñían al trabajo. Tampoco es la sociedad del homo laborens que describe Hannah Arendt en “La Condición Humana”. Es la sociedad de la autoexplotación. De la falsa libertad. A pesar del coronavirus, la sociedad contemporánea ya no es la sociedad de las enfermedades virales. Es la sociedad de las enfermedades mentales. En particular, la depresión, el trastorno límite de personalidad, el burnout y el déficit atencional que es producto de la hiperactividad.

Todas estas enfermedades tienen el mismo origen: lo que Han llama “un exceso de positividad”. Esto es, el exceso de un poder que otorga una supuesta libertad para hacer lo que uno quiera. Por eso que la amenaza no está afuera -el virus-, sino que está dentro, al interior de cada sujeto. Por eso el cansancio es el sobrecalentamiento del yo. El desgaste de la sociedad de rendimiento y de la autoexplotación. La sociedad de las personas que sobre trabajan, que se sobre endeudan y que se desgastan en la autoexigencia de producir más para consumir más. Es la sociedad donde las personas no son víctimas de un victimario externo, sino víctimas de sí mismas.

Es la sociedad donde el aburrimiento escasea y el ocio no existe. La vida de la modernidad tardía es una vida llena de actividades. Es la vida del multitasking, que para Han constituye un retroceso a una fase animal y no un progreso hacia una fase más contemplativa; aquella donde florece la filosofía, el arte y la reflexión. Por eso que la vida contemporánea, neurótica, ruidosa e hiperactiva termina condenada a la desolación, al agotamiento y a lo efímero. En su último libro. “Elogio de la tierra. El jardín secreto” cuenta Han una experiencia autobiográfica. La de cultivar su propio jardín y cómo eso cambia la perspectiva del tiempo y de la existencia. Tomarle el peso a la tierra, mirar el crecimiento de la vida, atender a los colores, olores y sensaciones. Y caer en la cuenta de que el mundo digital no pesa, no tiene olor, no se resiste, es automático e instantáneo y, pero eso, acaba con la realidad.

La sociedad del sujeto de rendimiento lleva al sujeto al agotamiento del alma. Que es un cansancio solitario. Tan solitario que disuelve la comunidad. Que entorpece la alteridad.

A diferencia de las sociedades orwellianas, que se sabían dominadas, el sujeto de la sociedad del hiperconsumo no es consciente de su autodominación.

Pienso que algo de la tesis de Han está detrás de la crisis social que vivimos, que es multifactorial y multicausal. Personas reventadas, cansadas, endeudadas, hiperactivas, rindiendo en el trabajo, en la casa y como padres. Autoexigidos en la parentalidad y en el status social. Que ya no saben cómo crece una flor y cuánto tiempo le toma a una fruta madurar. Personas exigidas por la sociedad publicitaria que no vende productos sino experiencias de felicidad pasajera fundadas en el crédito en 24 cuotas. Personas cuyos ratos libres, los viajes en el Metro y las paradas en las luces rojas están copadas por las redes sociales. Mirando en Instagram unas vidas de fantasía que tienen otros y que aspiramos tener. Cuerpos bellos, casas lindas, productos deseables. Vidas que están en otra parte, que queremos tener, pero que nos pertenecen.

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