Juan Enrique Pi

Juan Enrique Pi

Abogado, 35 años, sudaca militante y entusiasta de la historia. Los fundamentalistas le dirán que soy un funcionario de la dictadura gay, pero solo quiero un país justo, donde podamos ser libres y vivir en paz.

Las falsas dicotomías (de José Antonio y María Pía)

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El sexo es verdaderamente seguro cuando no se ejerce. Con esa frase, María Pía Adriasola, la señora del candidato de ultraderecha José Antonio Kast, encendió la pradera virtual de Twitter y se hizo acreedora, en pocos minutos, de memes, chistes, ironías y cuanta forma de festinar se puede crear hoy en día en internet. Para ser honesto, yo también me molesté e hice un par de comentarios en la red social por la afirmación absurda de María Pía. Pero más allá de las burlas y las risas que provocó la afirmación, hay algunos comentarios que me gustaría realizar sobre lo que ocurrió con la exposición de María Pía Adriasola en el Congreso la semana pasada, y la defensa corporativa que su marido hizo en distintas plataformas.

Lo primero –y puede ser que esté equivocado, y que simplemente no se exhibió esa parte en los videos que se hicieron virales- es que me llamó profundamente la atención que ningún parlamentario saliera a decirle a la expositora que la propuesta que estaba anunciando era completamente ilógica. Lo más razonable que debió haber ocurrido era que alguien le dijera a Adriasola que, en el contexto de la discusión sobre bases generales para la educación afectiva y sexual de niños, niñas y adolescentes, lo que se perseguía era que, al enfrentarse a una relación sexual, los y las estudiantes conocieran las herramientas para poder desarrollar su afectividad con el debido consentimiento y con la capacidad de cuidarse a sí mismos y a la pareja con que se encuentran. ¿Qué sentido podría tener una política pública en esta línea si se pretende que las personas no tengan relaciones sexuales, es decir, no necesiten nunca aplicar el conocimiento mismo que se discutía en el proyecto de ley? Fue en este punto que salió José Antonio a la defensa de su cónyuge, anunciando la segunda falsa dicotomía: Si Ud. cree que el sexo es un deporte, una rutina o un juego, es su problema. Hay quienes lo vivimos como un acto muy significativo y que tiene consecuencias para la vida familiar y la sociedad.

La afirmación de José Antonio también es falsa. ¿Quién podría pensar que el sexo se debate en un binario absoluto y perpetuo de “deporte” versus “acto significativo”? ¿Por qué alguien adulto, con nueve hijos a su haber, podría plantear que el sexo consiste exclusivamente en procreación o pasatiempo? Probablemente la razón es la incansable aspiración totalizante que caracteriza a los sectores de extrema derecha y fundamentalistas religiosos de nuestro país, y del que nace la tercera falsa dicotomía que ya hemos escuchado tantas veces: A mis hijos los educo yo, y no el Estado. Los argumentos de José Antonio y de María Pía (y de tantos otros personajes que cada cierto tiempo aparecen profetizando la destrucción social por determinadas políticas públicas) consisten, como siempre, en pretender negar el rol que le cabe a la sociedad en materias que ellos los incomodan, y que siempre limitan entre las rodillas y el ombligo del resto de la ciudadanía, pero que ellos han tomado como opción y no por imposición. Consiste en establecer en distintos cuerpos legales una visión de la sociedad que niega la existencia de otros, las familias de otros, el derecho a decidir la relación con la sexualidad de otros, las opciones de vida de otros; principalmente porque desconfían de la capacidad de esos otros (nosotros) para tomar las decisiones que mejor les parezcan sobre su propia vida. Así, darle cabida al Estado para reconocer que sus posiciones dicotómicas son mentirosas, implica romper el cerco sobre el cual han generado y empujado su discurso político de los últimos años.

¿Qué hacer entonces ante las falsas dicotomías que viven planteando en el debate público? Lo principal es entrar al debate, pero no en los términos que estos sectores los plantean, sino con una propuesta contundente y seria sobre el fondo del asunto, sin permitir que puedan instalar la idea de que en ciertas materias de políticas públicas se debate “su” todo o “su” nada. Los sectores radicales del país no quieren entrar al debate de forma seria y responsable, sino que quieren plantear todo desde falsas dicotomías donde puedan encasillarte en una posición política que ellos también han construido para su público y que presentan como el enemigo. Con estas posiciones, niegan la existencia de todos los otros enfoques (y por tanto, todas las otras posibilidades de regulación) que pueden existir sobre distintas materias de interés público. Para esquivar los armadijos, nosotros deberemos aprender a hablar nuestro propio idioma y a nuestro propio público, con seriedad y humildad, porque en el futuro –y especialmente en el debate constituyente- seguirán poniéndonos las trampas de las falsas dicotomías.

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