Felipe Vasquez

Felipe Vasquez

Penquista instalado en Santiago hace más de 15 años. Periodista de la U. de Concepción y Magister en Ciencia Política de la U. de Chile. Me he movido por el servicio público, como consultor estratégico, en el sector privado y el mundo de las ONG. Tuve la oportunidad de colaborar en la entonces Secocu del Gobierno del Presidente Lagos -que de hecho fue mi primer trabajo- y en la Secom de las dos administraciones de la Presidenta Bachelet. Además, como asesor de contenidos en el Ministerio del Interior, en el inicio del segundo mandato de la Mandataria. Cuando el Campanil gana, el ‘pan francés’ es más crujiente. Todo parte con Los Beatles.

Legados post pandemia

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Es evidente que el principal legado que va a dejar esta pandemia serán los –hasta ahora- más de diez mil fallecidos. ¿Podrían haber sido menos en nuestro país si se hubiesen tomado mejores decisiones? Sin lugar a dudas. Basta con mirar cómo lo han hecho países de nuestra región como Uruguay o Paraguay, esos que solemos mirar desde el hombro para abajo porque no son socios del selecto grupo de la OCDE, como nosotros. 

Los charrúas –independiente del menor tamaño de su población respecto de Chile- registran, al momento de escribir esta columna, apenas 29 muertes y menos de mil contagios. Sana envidia ver como el gobierno del también derechista Luis Lacalle ha sabido liderar esta emergencia. 

Pero ese no es el punto sobre el que me quiero detener hoy. Quiero hacer el difícil ejercicio de encontrar aspectos positivos que pudiésemos heredar como país una vez que superemos los efectos del Covid-19. 

En el marco de la emergencia que estamos viviendo, el golpe al modelo económico propinado por la Cámara de Diputados y Diputadas al aprobar la idea de legislar el proyecto de reforma constitucional que permita a los afiliados retirar el 10% de su ahorro previsional -de seguir avanzando- podría transformarse en un elemento crucial para la conformación de un sistema de seguridad social más propio de un estado social demócrata que de uno subsidiario, como el que hoy impera en Chile. Sin lugar a dudas, la confluencia del estallido social, la ansiedad por el proceso constitucional postergado y el actual abandono a esa misma clase media que fue el pilar de la marcha del 1,2 millones de personas, se sincronizaron de manera casi perfecta para que ocurriera ese resultado en el Congreso el pasado 8 de julio. Sí, un verdadero sistema de protección social sería un gran legado. 

Sin embargo hay otro, menos urgente, menos relevante quizás al lado de la transformación al modelo que también podríamos tener. Pero no por ello, menos importante. 

En un hecho sin precedentes, los canales agrupados en Anatel decidieron poner a disposición del país –acogiendo un llamado del Mineduc y del CNTV- la señal 2 de sus frecuencias digitales de libre recepción, de manera de dar cuerpo a TV Educa Chile. La iniciativa –liderada por TVN- funciona desde abril y busca acompañar a niños y sus familias, con contenidos educativos y de entretención.   

Dado su éxito, el proyecto extendió sus transmisiones hasta septiembre, momento en que debiese dejar de operar. Sin embargo, un estudio realizado por el CNTV reveló que un 86,6% de las personas valora el canal TV Educa Chile y dice que le gustaría que continuara con su programación después de la pandemia.

Será difícil para los canales de TV abierta echar pie atrás y dejar botada esta señal 2, como lo era hasta antes de abril. De los cuatro canales “grandes”, solo Canal 13 tenía anteriormente una propuesta de contenidos relativamente armada basada principalmente en reportajes de prensa repetidos, pero que quedaba ‘al debe´ frente a lo que hoy ofrece TV Educa Chile. Chilevisión rotaba sin parar videoclips –por lo menos de agrupaciones nacionales- como si fuera un wurlitzer, y TVN y Mega, tenían la señal simplemente apagada.

El paso que dio la TV abierta para construir un canal educativo único -y que se entiende que después desaparezca para que cada uno tome su camino propio- debiese ser visto como una oportunidad para ver qué van a hacer cada uno con sus proyectos digitales. Particularmente TVN que, tras la ley que permitió su capitalización, debe implementar una señal educativa y cultural.

Al margen de esta obligación legal, en tan solo un par de semanas, el canal estatal echó a andar –con el apoyo de sus socios de Anatel y motivados por las cuarentenas- lo que hacía rato el país venía pidiendo. Hay audiencia para este tipo de programaciones, lo que es refrendado por la encuesta del CNTV.  

El modelo ya está creado. Contenidos nacionales y de calidad hay. TVN tiene todo para echar a andar el anhelado canal cultural. De esperar que las otras frecuencias abiertas hagan honor a lo que alguna vez fue el origen de la TV en el país, iniciativas que iban de la mano de proyectos universitarios y con una clara vocación pública, y sigan –como los están haciendo ahora- dando un mejor uso a la amplitud de espectro que hoy entrega la TV digital, y no volver a apagar la señal o repetir videoclips y reportajes una y otra vez. 

En medio de tanto dolor, bien podría emerger algo positivo de esta pandemia.

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