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León Cohen, en The Clinic: “Lo más lejos que puedes pensar es la próxima semana. No hay que planificar”

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Entrevista de Claudia Álamo // Contenido publicado en The Clinic

¿Cómo se tolera la amenaza de la muerte y la incertidumbre en medio de una pandemia? ¿Cómo se transita el miedo al presente y al futuro? Para el siquiatra León Cohen, lo más importante es anclarse en el día a día, en lo doméstico, en construir ritos cotidianos que le den sentido al vivir y al morir. De otro modo, dice un poco en broma y un poco en serio, “nos volveríamos locos”.

Cohen es terapeuta y también un agudo observador de la sociedad. Acaso por lo mismo, sostiene que hay un continuo entre lo que dejó el estallido social y lo que ha gatillado el coronavirus. El punto de encuentro, dice, es la perplejidad, modulada por dos palabras icónicas que la han alimentado: acelerante y exponencial.

“La perplejidad es un sello de los estados anímicos de toda la población”, dice desde su confinamiento en una antigua y clásica casa en Ñuñoa.

Hay quienes dicen que saldremos cambiados de esta pandemia. Hay otros más escépticos que creen que seguiremos siendo los mismos. ¿Qué piensas tú?

-Siempre he pensado que el cerebro, la mente del ser humano, no tiene intrínsecamente el impulso al cambio. Más bien tiende a ser conservador y eso incluye a todas las personas, independientemente de su situación social, económica, cultural o intelectual. Es así.

¿Es como una resistencia al cambio?

-Sí. Por eso los seres humanos tendemos a los rituales, a construir costumbres. Son la forma que nos permite funcionar y mantener nuestras energías centradas en ciertos objetivos. No podemos ser continuamente aventureros, poetas, creativos… 

“El cerebro, la mente del ser humano, no tiene intrínsecamente el impulso al cambio. Más bien tiende a ser conservador y eso incluye a todas las personas, independientemente de su situación social, económica, cultural o intelectual. Es así”.

Sin embargo, esta pandemia viene a alterar los ritos, particularmente en relación a la muerte. ¿Cómo se vive esa renuncia de no poder despedir a tu gente?

-Vamos a tener una cantidad enorme de duelos traumáticos. Pensemos en el proceso… Todo parte cuando un ser querido comienza con síntomas. Va a consultar. Lo dejan hospitalizado. A partir de ese momento, los familiares pierden contacto. La persona se agrava. No lo puedes ver. No puedes estar. Y si esa persona fallece, el rito funerario pone limitaciones. Entonces, tendremos muchos duelos traumáticos.

¿Hay alguna manera de apaciguar ese dolor,  de encontrar otras maneras para el duelo?

-Asumir que estamos en una nueva realidad. Ser conscientes de que eso mismo le está ocurriendo a muchas otras personas y que es terrible. Yo creo que ante las limitaciones actuales, las familias tienen que hacer un ritual de despedida en su casa. Ya vendrá el momento de una ceremonia más grande, pero ahora mi sugerencia es que el ritual se haga igual. La construcción de rituales es algo muy humano y en ese caso es necesario para reducir lo traumático de un duelo así.

-Sicológicamente, ¿dónde se queda alojado el dolor, la impotencia, esa despedida que no fue?

-La muerte es un tema complejo siempre y también lo es desde el lenguaje. La palabra muerte es un sustantivo y sólo sabemos que es algo que está más allá de la vida. La palabra muerte está asociada con un cadáver, con cementerio, con esas cosas. Por eso yo prefiero usar la palabra morir. Porque hay muchas formas de morir…

“Yo creo que ante las limitaciones actuales, las familias tienen que hacer un ritual de despedida en su casa. Ya vendrá el momento de una ceremonia más grande, pero ahora mi sugerencia es que el ritual se haga igual”.

¿Y morir por Covid-19 marca algo distinto?

-El morir por Covid-19 es un muy mal vivir. Me explico: es vivir con un virus que te provoca ahogo, soledad, abandono. Todo eso es terrible y doloroso. Morir por Covid implica mucho sufrimiento físico, pero también implica un quiebre en el vínculo con los seres queridos. Es un enorme mal vivir.

¿Y cómo aconsejas transitar ese momento? 

-Como en todas las situaciones críticas que uno vive, el recurso más importante es el vínculo. Tanto el vínculo con la familia, con los amigos como con uno mismo. Si uno es un buen amigo o colaborador de sí mismo, ahí tienes un recurso importante para poder sobrevivir a esto. 

“El morir por Covid-19 es un muy mal vivir. Me explico: es vivir con un virus que te provoca ahogo, soledad, abandono. Todo eso es terrible y doloroso”.

¿Algo así como un dialogo interno?

-Exactamente. Contar con alguien que dentro tuyo te diga: “Ya, estamos fregados. Tenemos miedo, pero esto va a pasar”. Y tú piensas y le dices a tu amigo interior: “Es que me puedo enfermar, voy a perder la pega”. Y tu aliado, que eres tú mismo, te para en seco y te dice: “Espérate un poquito. No estás enfermo y tienes pega. Tranquilo por ahora”.

O sea, hay que echar mano al Pepe Grillo interior..

-Tradicionalmente, el Pepe Grillo es culpógeno, más bien crítico. No ayuda porque te estresa más. Tiene que ser un diálogo interior que te hable como un buen socio, como un compañero compasivo. Esa palabra tiene una gran importancia en estos tiempos: compasión.  No le descargas a nadie tu Pepe Grillo ni a ti mismo tampoco. Ser compasivo en este tiempo significa aceptar las cosas como están siendo y no exigirte más de lo que estás dando. 

“Esa palabra tiene una gran importancia en estos tiempos: compasión.  No le descargas a nadie tu Pepe Grillo ni a ti mismo tampoco. Ser compasivo en este tiempo significa aceptar las cosas como están siendo y no exigirte más de lo que estás dando”.

Vivir el aquí y el ahora. 

-Claro, porque nadie sabe lo que va a pasar el próximo mes. A lo mejor estas en la UCI. ¿Para qué vas a pensar en lo que va a pasar el próximo mes? Lo más lejos que uno puede ir es pensar en la próxima semana. No hay que planificar. 

Como si fuera fácil…

-No lo es, pero en este momento, la cotidianeidad, la dinámica doméstica, son el universo más valioso de cada ser humano. Y eso implica que cada uno tiene que apechugar con su contexto. Me preguntabas por los cambios y yo te decía que soy escéptico porque muchas veces los cambios son vistos como mutaciones. Ahora no hay que pensar en mutaciones. Hay que pensar en el día.

LA NEGACIÓN 

En el día a día está la amenaza de caer en manos de un virus invisible. ¿Cómo se convive con eso?

-Esta experiencia es una cuestión inédita para los ciudadanos del mundo, pero en el caso de Chile es más dramático aún. Desde octubre estamos viviendo situaciones que nos tienen totalmente perplejos. Todo ha sido inesperado. Hay un concepto que aplica aquí, y es que todo lo que nos ha tocado vivir ha sido “exponencial”. En octubre, el día partió con unos escolares saltando los torniquetes del metro. En la noche habían turbas incendiando lo que estaba a su paso. El día se transformó en un estallido exponencial. Y otra palabra icónica es la de “acelerante”,  que significa que algo va adquiriendo una dimensión mucho mayor de la que nadie pensó.

¿Cuál dirías que ha sido el acelerante de la pandemia?

-El descontrol de la gente por salir y por negar la posibilidad del contagio. Es la negación de enfermarse e incluso de morir. Ese ha sido el acelerante en la expansión del virus. Y lo uno con el estallido social porque desde octubre tenemos la vivencia de lo sorpresivo y de que las cosas crezcan exponencialmente. 

“Desde octubre estamos viviendo situaciones que nos tienen totalmente perplejos. Todo ha sido inesperado. Hay un concepto que aplica aquí, y es que todo lo que nos ha tocado vivir ha sido ‘exponencial’”.

¿Pero las emociones son distintas? 

-En el estallido social tuvimos miedo y esperanza al mismo tiempo. A pesar de todo, había una ilusión de que algo nuevo podía pasar. Vino el verano y las cosas se apaciguaron un poco porque pensábamos que en marzo volvía todo de nuevo, pero llegó el virus. Pasaron algunos días y de repente, exponencialmente, el Covid se aceleró y empezó a convertirse en una amenaza atroz. Han pasado solo tres meses y estamos en una situación dramática. Por eso insisto: la perplejidad es un sello de los estados anímicos de la población. 

Hablas de la negación. ¿Eso explicaría ésta conducta de pasarse por alto las cuarentenas? 

-Mira, durante el estallido, sabíamos que los viernes no teníamos que pasar por la Plaza Italia porque iba a quedar la crema. Pero con este virus, ¿qué haces? Sales a caminar para disfrutar el otoño, pero vas con la sensación de amenaza. El virus puede entrar a tu cuerpo por los ojos, por la nariz, por la boca. Y si entra en tu cuerpo, se va a meter en una célula y ahí comenzará a engañar a todo el sistema. Luego se empezará a reproducir y ha generar un proceso acelerado y exponencial de reproducción. ¿Qué significa todo eso? Bueno, que si piensas en todo eso, te vuelves loco.

“Han pasado solo tres meses y estamos en una situación dramática. Por eso insisto: la perplejidad es un sello de los estados anímicos de la población”.

Mejor negarlo, hacer como que no existe.

-Exacto. Si piensas en el virus te vuelves loco. ¿Y qué hace la mente frente a la locura? Recurre a distintos mecanismos. Por ejemplo, a la negación o a los mecanismos obsesivos por el orden y la limpieza.

Es verdad. A muchos les ha venido como una obsesión por el orden, la pulcritud. 

-En este momento, todos tenemos que tener un poco de Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). Es una manifestación de la mente. Siempre puedes ir un poco más allá y dejar que todo te perturbe. Supiste que un amigo que no había salido ni a la ventana, se enfermó. Y uno dice: “¡Pero cómo? Si no salía desde marzo, limpiaba todo”. Ahí vuelves a recordar que el problema es que el virus está por ahí, ando vueltas, y no lo ves. 

¿Y así emerge la angustia?

-Claro, estamos en una época de angustia y de sensaciones que lindan con la psicosis. La mente empieza a tener una angustia primitiva: el temor de desintegrarse. Y uno de los mecanismo más fuertes de la mente para evitar esa amenaza es la negación. 

“En este momento, todos tenemos que tener un poco de Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). Es una manifestación de la mente. Siempre puedes ir un poco más allá y dejar que todo te perturbe”.

Clínicamente, ¿qué es la negación?

-La negación forma parte del repertorio de conductas maníacas. Y uno de los íconos de las conductas maníacas en este tiempo, ha sido la negación. Hacer que no pasa nada. Gente que piensa: “No. Yo no me voy a enfermar. No me va a pasar nada. Tomo vitamina C cada día. Son cuestiones que dicen. Son cosas del gobierno, de los chinos. La gente exagera. Y qué tanto, todos nos moriremos en algún momento”. 

Lidiar con tanta emoción, igual es un cóctel bien fuerte.

-Es que hoy tenemos una pandemia viral, una pandemia socio-económica y una pandemia de salud mental. En todas partes del mudo ha pasado que se reactivan los síndromes psiquiátricos que ya estaban presentes en las personas y que ahora se reactivan. A posteriori se van a manifestar muchos desórdenes por estrés post traumático, que son síntomas que pueden durar mucho tiempo…

La mente empieza a tener una angustia primitiva: el temor de desintegrarse. Y uno de los mecanismo más fuertes de la mente para evitar esa amenaza es la negación.

O sea, ¿vamos a salir enfermos psicológicamente?

-Probablemente, muchas personas sí. Además, ya sabemos que cuando la cuarentena se termine, no volveremos a lo mismo. Habrá que seguir atentos y seguir con mascarillas porque el virus seguirá por ahí. 

Entonces, ¿los consejos serían…?

-La manera de no volverse loco es tratar de ordenarse. Segundo, darle valor a las defensas obsesivas de la mente. Tercero, construir rituales con la familia y los amigos. Las distintas plataformas permiten espacios de conversación. En el fondo, hay que organizarse para enfrentar esto como si fuera una situación de guerra. Y otra cosa muy importante es hacerle el quite a las reacciones narcisistas que son el egoísmo, la negación o la omnipotencia.

“Es que hoy tenemos una pandemia viral, una pandemia socio-económica y una pandemia de salud mental. En todas partes del mudo ha pasado que se reactivan los síndromes psiquiátricos que ya estaban presentes en las personas”.

¿Y cómo bajar la angustia y la ansiedad?

-Estas semanas que vienen serán realmente difíciles. Como no hay un cambio drástico de conducta en la población, todo empeora. Y se está haciendo cada vez más patente el miedo y la incertidumbre. La gente se pregunta: ¿hasta cuando? Y como nadie lo sabe y el encierro es muy agotador, sólo nos queda asumir que no hay que planificar más allá de una semana. Acotar los planes. Mantener una actitud realista, sin negar y sin entrar en un colapso depresivo. Y, lo que es muy relevante, estar centrado en la experiencia que se está viviendo domésticamente. Ese pequeño universo cotidiano es lo único que podemos tener por ahora. 

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