Radomiro

Radomiro

Lo que el viento se llevó: Primarias 2020

Share on whatsapp
WhatsApp
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

Si las primarias de hoy producen alegría o algarabía –como se vio en algunos con los primeros resultados- es o simplemente por no querer ver la realidad que los rodea, o bien por dar una falsa sensación de triunfo que contrastó con la bajísima participación electoral de estas primarias a Gobernadores y Alcaldes.

Motivos hay muchos y depende como se miren las cifras sacando conclusiones que pueden ser apresuradas, cuando solo han trascurrido un par de horas desde el cierre de las urnas. 

En primer lugar si se quiere ver algo positivo de todo esto, en regiones y varias comunas, la Unidad Constituyente y el Frente Amplio prefirieron someter la decisión de quienes serían los candidatos a una elección, lo que siempre es preferible a una elección cupular. 

El problema, de lo anterior, es que la escasa participación viene a confirmar lo que todos sabemos: Los partidos políticos tocaron fondo en Chile, todos, ninguno se salva. 

Antecedentes para ello, no solo son esta primaria, sino las miles de banderas chilenas y mapuches –ningún partido ha estado presente- que han acompañado las protestas después del 18-O, las cada vez más dramáticas desafiliaciones de miles de militantes en partidos que se han transformado en espacios cerrados, cupulares, con “socios controladores”, caudillos de lo que va quedando, donde lo que ha decantado es la paciencia del que persigue el poder por el poder, más que la elección de hombres y mujeres libres en comunidad debatiendo ideas y principios para la acción política. Miles de profesionales, dirigentes, académicos que antes participaban de la actividad han salido de ella porque simplemente los partidos se transformaron en cotos de poder y de una actividad que solo se activa para acarrear en elecciones como esta.

Ya entre 2018 y 2019 después del 18-O, las desafiliaciones aumentaron en un ya dramático 500% (más de 14.786 personas han dejado de militar tras la crisis en cifras a febrero de 2020), mientras la encuesta CEP les asignaba apenas un 2% de confianza de la ciudadanía a los partidos, incluso detrás del Congreso y el Gobierno.

En Chile, solo militan en partidos políticos menos del 2% del padrón electoral, por lo mismo, las cifras de participación de ayer, no son más que el resultado esperado, de un proceso que no logró movilizar más que a 418.000 de 14 millones de electores habilitados para sufragar, un 3% aproximado de este.

Las razones de fondo son por todos conocidas, y ya las mencionamos, contribuyó a ello, además la escasísima información gubernamental, de una Administración que en su debilidad total, no le convenía auspiciar este tipo de elección. Se trata por tanto –una vez más lo constatamos- de un Gobierno que administra su miseria, no para fortalecer la democracia, sino que ya solo busca salvar las tablas del naufragio que van quedando. El Gobierno en esta pasada, prefirió gastar millones de pesos en campañas para volver a clases, algo que a estas alturas ya no sucederá este año, antes que promover la participación. Nota aparte, la pésima organización del Servicio Electoral, la falta de previsión, y el nulo interés por llamar a votar.

Por último, si algún candidato de los electos, cae en una burbuja que lo haga pensar que con esta elección sus propuestas fueron aceptadas por alguien más allá de los “convencidos”, está muy lejos de la realidad, y debe replantear como enfrentará una elección que en abril promete llevar por su concurrencia con la de constituyentes, alcaldes, concejales y consejeros regionales, a muchísima más gente a votar. Por ello, si algún partido o candidato cree que hoy levantó las manos del triunfo, el tsunami que puede enfrentar en abril puede ser abrumador, misma advertencia corre para cerrarse a espacios cupulares en la elección de constituyentes. Los partidos tendrán que pensar muy bien lo que hacen o la dispersión y la derrota pueden ser mayúsculos. 

Para la democracia tener un sistema de partidos sanos es clave, más aún cuando se habla en el proceso constituyente de dar mayores atribuciones al Congreso. Una sociedad y un Congreso sin partidos, se convierte en la atomización de irresponsabilidades del caudillo y del accionar particular de los intereses que cada uno levanta con quizás que agenda (lo hemos visto con desparpajo en las últimas semanas). 

Baste observar lo que ocurrió con la atomización de la política peruana hace unas semanas para entender, que sin partidos que debatan los grandes temas de la sociedad y que interpreten mayorías, leyendo las formas de acción de hoy, estamos lejos de tener una democracia posible y nos encontramos ante una crisis de magnitudes, que pueden marcar muy duramente la política chilena en los próximos años.

Lo peor en estos momentos es el pesimismo atroz, pero peor aún, es el exitismo con falsete impostado de algunos, eso solo puede seguir llevando a los partidos aún más bajo, lo cierto es que como se dice por ahí: Si uno se cae, del infierno no se pasa.

Más del autor

Pandemia y cambio climático

Resulta evidente que el reingreso de Estados Unidos a Paris es una excelente alternativa, pero la obligación que todos tendremos con las generaciones por venir radica en cada acción y decisión, pensar que somos potenciales emisores de dióxido de carbono.

La derecha de siempre

La derecha que ha pontificado durante más de un año con la violencia, el populismo y los sectores más reaccionarios, no tuvo ninguna duda de optar por el peligroso pragmatismo que no aísla a los violentos y populistas.

Nombres razonables

Aislar a los fanáticos, a quienes creen que todo se justifica, será una necesidad para una conversación serena. Será un deber de todos quienes debamos elegir a los constituyentes en abril próximo, por ende, el llamado es a elegir mujeres y hombres con capacidad de dudar, de dejarse convencer por el otro, por enfrentar y escuchar seduciéndose por un argumento contrario sobre el tipo el tipo de país que debemos acordar.

Más para leer

No más toque de queda

El toque de queda es un mecanismo que nos pretende controlar mediante el miedo. Pero no nos ganará el toque de queda, porque ya demostramos que no tenemos miedo.

Quién sabe, hay que preguntarle a Radomiro

Suscríbete a nuestro Newsletter

¡Mantente al día con las novedades de Entrepiso y suscríbete para que la información llegue directamente a tu correo electrónico!