Raul Arrieta

Raul Arrieta

Abogado. Cursó sus estudios de Magíster en Derecho Público en la Universidad de Chile y es Diplomado en Derecho Administrativo por la misma Universidad. Es socio de Gutiérrez & Arrieta Abogados, oficina especializada en derecho y la tecnología. Entre 2001 y 2010 desempeñó diferentes cargos en el Gobierno. Es Profesor de Protección de Datos en la Universidad Central de Chile y Ex-Presidente y Consejero del Instituto Chileno de Derecho y Tecnologías.

Más Política y menos bonos

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Las semanas pasan y el conflicto no amaina. Los estragos que han causado estas semanas de malestar social, manifestado en las más puras formas de la democracia y con actos vandálicos protagonizados por delincuentes y no manifestantes están quedando a la vista. Impactan diariamente el quehacer de ciudadanos que quieren volver a hacer sus vidas de manera normal, pero junto a ello están produciendo efectos que el país deberá financiar y enfrentar durante mucho tiempo (violaciones a los derechos humanos, 1.400 millones de dólares en pérdidas para el comercio, entre 2 mil a 3 mil millones de dólares en daños asegurables por destrucción y lucro cesante, costos en reconstrucción en supermercados que bordean 10 millones de dólares, 38 mil empleos directos afectados, 6796 pymes afectadas en 276 comunas del país, entre otras cosas).

Lo peor de todo es que el conflicto no parece disminuir, por el contrario, cada día aparecen más y más demandas, con un interlocutor inorgánico, con políticos que la prensa y el empresariado se ha dedicado por décadas a denostar. Así, a toda la convulsión se agrega una crisis de representatividad que hace más difícil encontrar con quien debe buscarse el camino para conducir todo el malestar social hacia la búsqueda de una oportunidad para hacer de Chile un país más igual, inclusivo y capaz de tratar a sus ciudadanos con el respeto y dignidad que merecen. A ello, en mi opinión debe agregarse una profunda dificultad de nuestros líderes para leer y comprender verdaderamente el origen de las demandas.

Hasta ahora el conflicto se ha interpretado como que si fuera únicamente un problema social y por lo tanto la forma de abordarlo es a través de medidas que buscan corregir en lo inmediato, con mayor o menor certeza, las desigualdades o injusticias más evidentes que se encuentran en nuestra sociedad. Sin embargo, compartiendo el hecho de que se intente mejorar rápidamente la calidad de vida de nuestros compatriotas más necesitados, no se ha abordado con la suficiente energía el hecho de que estamos frente a un verdadero problema político y los problemas de esta clase deben ser abordados con POLÍTICA y no con bonos que lo único que muestran es que no se comprende para nada cuál es el verdadero malestar social y cuales son los profundos clamores que están detrás de todas las manifestaciones legítimas que han tenido lugar en nuestro país.

Se hace indispensable comprender que se acabó el Estado vertical donde unos mandan y otros obedecen, dándose paso a un Estado en que donde la igualdad de trato sea primariamente protegida. Para lograr ello es indispensable avanzar en la discusión del pacto social que nos daremos para construir el futuro de Chile. Ello evidencia la necesidad de discutir en torno a la forma en que se distribuirá el poder, el rol del poder económico en la vida cotidiana, la forma en la cual el Estado protegerá y hará efectivos los derechos de las personas, los límites del poder público en la relación con los ciudadanos, etc.

Así, sólo podremos avanzar y de alguna manera sintonizar y conducir el malestar social si se convoca a una consulta ciudadana que se pronuncie sobre si Chile considera necesario entrar en un proceso constituyente o no y de ser afirmativa la respuesta que se generen las condiciones para que logrando la mayor participación y representación política y social nos aventuremos en la gesta de traducir un nuevo pacto social en una democrática Constitución.

Si lo hacemos bien, podremos seguir siendo un referente respecto a la forma en que conducimos nuestros procesos en la búsqueda de profundizar la democracia, si no lo hacemos de manera exitosa que Dios nos ampare porque podemos terminar en cualquier parte, menos en el lugar en que soñamos que nuestros hijos se desarrollen y logren la mayor realización material y espiritual.

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