Juan Enrique Pi

Juan Enrique Pi

Abogado, 35 años, sudaca militante y entusiasta de la historia. Los fundamentalistas le dirán que soy un funcionario de la dictadura gay, pero solo quiero un país justo, donde podamos ser libres y vivir en paz.

Mistral y Baquedano

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Durante las semanas de protestas, un lugar protagonista de las marchas, noticias y emociones ha sido Plaza Italia, el nombre con el que, popularmente, se conoce a la Plaza Baquedano. Muchos han querido renombrarla como Plaza de la Dignidad, pero lo cierto es que, oficialmente y hasta el día de hoy, su nombre no ha cambiado, y en el centro de su rotonda aun monta su caballo Diamante el general Manuel Baquedano, velando la tumba de un soldado desconocido de la Guerra del Pacífico.

Pero, ¿cómo llegó Baquedano a este lugar? Hasta 1928 el lugar era conocido como Plaza Italia, porque en el centro de la rotonda estaba ubicado el monumento “El genio de la libertad”, que la colonia italiana había regalado a Chile en 1910, con motivo del centenario de la independencia. Ese año, el general Carlos Ibáñez del Campo decidió honrar al militar Manuel Baquedano, héroe de la Guerra del Pacífico, instalando su monumento donde se encuentra hasta hoy. Sin embargo, ese fue el último conflicto del que participó Baquedano, que antes de eso, había estado en la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana, en la revolución de 1851 que buscó derrocar a Manuel Montt, y en la horrorosa y vergonzosa ocupación de La Araucanía.

¿Tiene relevancia el historial de Baquedano hoy en día? Sin duda tiene mucha, especialmente luego de la revolución de dignidad que ha protagonizado nuestro país en las últimas semanas. Los monumentos de las ciudades son espacios que nos invitan a recordar episodios históricos o figuras que, con su obra y legado, inspiran el país que queremos construir y que añoramos. Y aunque nadie podría negar que Baquedano es parte de la historia de Chile, mi pregunta es si merece hoy el espacio en el que se encuentra ubicado, en el centro simbólico de la capital del país.

Es aquí donde aparece la segunda figura del título de esta columna: Gabriela Mistral. Educadora, poetisa, diplomática y primera mujer latinoamericana en ganar el Premio Nobel de Literatura, Gabriela Mistral representa de mucho mejor manera que Baquedano el país que se ha ido forjando desde una sociedad cansada de abusos, donde el Estado no asegura el ejercicio digno de derechos fundamentales, donde el diálogo parece resquebrajado entre la ciudadanía y sus representantes. Es ella quien debería estar en el centro de la rotonda, observando las manifestaciones y celebraciones de la sociedad que educó hace tantos años, y velando por dirigir a la ciudadanía a un país más parecido al que ella soñó. El Chile que viene no es el de la guerra, en que participó Baquedano, sino el de la paz; no es el Chile que excluye a pueblos originarios, sino que los reconoce como pilar fundante y previo a la existencia de la República; no es el de la imposición, sino el del diálogo y la democracia.

¿Qué hacer entonces con Baquedano? Su monumento puede ser llevado a algún lugar cercano a algún edificio marcial, donde civiles y militares puedan seguir rindiendo honores a alguien que admiran y que fue parte de la historia del siglo XIX de Chile. Esta propuesta no se trata de eliminar la figura de Baquedano ni de denostarla, sino de poner en el núcleo mismo de la capital a una figura transversal que señale el Chile que construiremos a partir de ahora: un país fraterno, dialogante, que garantice la educación como un derecho, y donde las mujeres jueguen un rol principal. Gabriela Mistral es de los mejores referentes políticos, culturales y sociales que tiene nuestro país, y es quien debe recordarnos y señalarnos el país hacia el cual queremos avanzar. Esperemos que pronto podamos llamar al centro neurálgico de nuestra capital: Plaza Gabriela Mistral.

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