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No se cayó, lo empujaron

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La imagen recorrió el mundo y congeló la mirada en una fotografía vista en los momentos más oscuro de la historia de Chile. Un adolescente, de 16 años yacía inerte en el cauce del Río Mapocho de Santiago, luego de ser empujado con toda fuerza por un agente de fuerzas especiales de Carabineros, que a estas horas purga una cautelar de prisión preventiva, por ser considerado por la Justicia “un peligro para la sociedad”.

Lo que violenta de la imagen es lo que vemos. Carabineros y el Gobierno desde el 18 de octubre ya nos han repetido hasta el hartazgo la frase de “un hecho aislado” y ahí están Fabiola Campillay, Gustavo Gatica y ahora Anthony, junto a muchos más que vimos desmembrados sin sus ojos, heridos o muertos tras el 18 de octubre. 

Carabineros se ha transformado de ser una institución prestigiada y querida, en una organización temida, sin profesionalismo, donde se violan los derechos humanos y además una institución armada cooptada por faltas graves a la probidad. Los chilenos temen a su policía uniformada y requieren recuperar su prestigio y profesionalismo.

Lo que hemos visto el día viernes, es uno de muchos episodios más de violencia policial brutal y criminal por parte de Carabineros, una vez más el Gobierno aprueba tácitamente, enmudece, y da apoyo a violaciones a los derechos humanos evidentes y a la luz del día. Más de 20 horas después de ocurrido el caso el Gobierno del Presidente Piñera emitió un insípido comunicado apoyando a las fuerzas policiales y “lamentando el hecho”. 

No estamos ya ante hecho aislados, nos encontramos ante la brutalidad y el sin sentido de una institución que ha perdido su norte entre la violencia callejera, y lo que es peor, en una constante a la que ya comenzamos a habituarnos –y que supuestamente ocurrió en este caso- en que se esconden pruebas, se falsifican documentos y actas públicas.

No, no se cayó y lo empujaron, pese a que la prensa chilena disfraza de eufemismos, lo que la prensa internacional no tiene problema en señalar directamente.

Lo que si se demuestra, es que más allá de otro evidente hecho de violencia policial, una vez más aparece la incapacidad del Gobierno de abordar la tan esperada reforma a Carabineros. Es tiempo de hacerlo de manera urgente. Carabineros ha demostrado su más absoluta descomposición, asusta, no produce confianza ciudadana, y hemos visto que el Gobierno y una parte importante de la clase política ignora los informes internacionales en materia de Derechos Humanos que este Gobierno soslaya, olvida, o da por falsos, despertando a comentar los mismos, con total hipocresía, solo cuando estos ocurren en lugares lejanos como Venezuela, pero no en el centro de Santiago a pocos kilómetros del Palacio de Gobierno.

Es una obligación del Gobierno intervenir Carabineros con todo el rigor, dejar de dar apoyos y cartas blancas que permiten este tipo de comportamientos. Es tiempo de actuar, de reformar desde sus cimientos la institución de Carabineros de Chile, de tomar las medidas, de lo contrario la oposición tiene el deber de entender, que a pocas semanas de un momento trascendental de nuestra historia, de no tomarse medidas drásticas, entonces, deberá procederse con todas las herramientas constitucionales para no solo exigir las  responsabilidades institucionales del Alto Mando de Carabineros, sino también al interior del Gobierno. Se acabó el tiempo y se acabaron las excusas. Casos como los de Fabiola, Gustavo, Anthony y muchos más, no son tolerables en una democracia y un Estado de Derecho democrático, quien no lo entienda, deberá enfrentar las herramientas que establece la institucionalidad para hacer responsable a quienes corresponde. 

El tiempo se ha terminado, y Carabineros requiere de una reforma profunda, de una modernización que no ha llegado y por cierto del fin de la autonomía presupuestaria y de acción que exhibe ante los Gobiernos desde el retorno a la democracia, con total desparpajo y que en esta oportunidad debe llegar a su fin de una buena vez. Es tiempo de actuar de manera urgente.

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