Juan Enrique Pi

Juan Enrique Pi

Abogado, 35 años, sudaca militante y entusiasta de la historia. Los fundamentalistas le dirán que soy un funcionario de la dictadura gay, pero solo quiero un país justo, donde podamos ser libres y vivir en paz.

¿Orden y Patria?

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Hemos aprendido muchas cosas en estos veintitrés días ininterrumpidos de protestas: sobre nosotros mismos, nuestras capacidades y también sobre nuestras falencias. Probablemente, la falencia más grande que hemos visto en estos días (junto con la de la política, que deberá ser una columna distinta) ha sido la de nuestras policías, especialmente, Carabineros de Chile.

Durante veintitrés días han abundado las denuncias de violaciones a derechos humanos por parte de la policía uniformada, lo que le ha valido casi doscientas querellas presentadas por el Instituto Nacional de Derechos Humanos en su contra (más de cincuenta por violencia sexual), la formalización de catorce efectivos por tortura, y la vergonzosa cifra de más de ciento ochenta personas con graves heridas oculares producto de balines utilizados para reprimir protestas.

Sin embargo, y pese a que solo esas cifras ya son una afrenta al Estado de Derecho y la democracia, no son las únicas materias en que Carabineros de Chile ha demostrado una falta de profesionalismo que debe alertar a toda la ciudadanía, nuestros representantes y los distintos sectores políticos.

Durante estos veintitrés días, Carabineros ha sido incapaz de detener a la minoría que levanta barricadas, saquea los comercios y que los ataca a ellos mismos con violencia, pero ha sido muy eficaz en gasear a la mayoría pacífica y disolver a los manifestantes que no generan desmanes ni daños. Muchos lo hemos visto en primera persona, y abundan los relatos en redes sociales en la misma línea. Basta pasar por el Parque Bustamante para ver los casquillos de las bombas lacrimógenas repartidos, uno detrás de otro, como evidencia del gasto desmedido en la represión contra la ciudadanía. Días atrás, el director general de Carabineros decía que ya había más de 10 mil personas detenidas, sin embargo uno se pregunta, ¿son esas personas las que participaron en delitos o eran personas que solo se manifestaban pacíficamente?

De la misma forma, múltiples videos han registrado situaciones irregulares de muchos uniformados, que generan más desconfianza en la ciudadanía que tranquilidad. Episodios como el de funcionarios de fuerzas especiales jalando “mentolathum”, o un grupo de uniformados poniendo un cuchillo en la mochila de un estudiante secundario, o personas siendo detenidas por funcionarios de civil y subidas a camionetas sin ninguna identificación policial, nos hacen preguntarnos inevitablemente: ¿Cuáles son las vinculaciones de parte de nuestras fuerzas de orden y seguridad con el narcotráfico? ¿Qué tan común es que se inculpe a personas inocentes de delitos y faltas con tal de demostrar una efectividad que, en la práctica, no existe? ¿Puede ser cualquiera de nosotros detenido en el futuro por personal de la policía sin identificación, y subidos a autos particulares sin que nadie sepa quién nos llevó?

Desde luego, estas situaciones no alcanzan a todos los miembros de Carabineros de Chile, y hay muchos de sus funcionarios y funcionarias que cumplen una labor con profesionalismo, transparencia y dedicación. A muchas y muchos de ellos me ha tocado conocerlos en el ejercicio de mi profesión, y sé que una generalización lo único que hace es dañar a quienes sí realizan sus labores ajustándose estrictamente a las leyes y normas que los rigen. Es precisamente por ellos que la alarmante situación que hemos visto en estos días no puede pasar desapercibida, y que quien quiera tomar las riendas del país en 2022 tendrá que tener una propuesta contundente y profunda de profesionalización y reforma a Carabineros de Chile.

No son atribuciones lo que le falta a las policías, sino utilizar las que tienen de manera eficiente, preparada e inteligente, con un enfoque irrenunciable de respeto a los derechos humanos; no solo por situaciones excepcionales como las que hemos vivido estos días, sino porque además cumplen un rol fundamental en la el proceso penal, desde la atención a víctimas hasta el levantamiento de pruebas. Hoy sin duda han sido uno de los principales actores que han reprobado en los días de protesta, y aunque no son los únicos, sí es sobre su accionar y desempeño que la política tiene algo concreto que hacer y ejecutar.

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