Carolina Tohá

Carolina Tohá

Es actualmente consultora y profesora universitaria en materias de ciudad y políticas públicas. Ha sido alcaldesa de Santiago, ministra y diputada. Fue una activa dirigenta estudiantil y juvenil durante la lucha por la recuperación de la democracia. Es cientista política de la Università degli Studi di Milano y también estudió derecho en la Universidad de Chile.

Pandemia y Estallido Social ¿Qué aprende la ciudad?

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Entre las tantas enseñanzas que ha dejado el ciclo estallido social-pandemia hay una que merece particular atención: la importancia de la ciudad en la configuración de las oportunidades y las desigualdades. 

Es paradojal que siendo Chile uno de los países con mayor nivel de urbanización en el concierto mundial, haya tenido por tanto tiempo un debate político casi inexistente en las materias relacionadas con la ciudad. Aún más sorprendente es que los sectores progresistas no le hayan dado relevancia al tema urbano en sus programas. Sabemos que históricamente las conquistas sociales han sido fruto de largas luchas que han incluido la movilización de actores sociales y el despliegue de agendas políticas. Así ha sido con la educación, con el trabajo, con la salud, con los temas de género, con la causa de la comunidad LGTBI, con el medio ambiente, etc. Con la ciudad, en cambio, ha habido un evidente rezago en la configuración de esa combinación entre movilización social y acción política. Se han adoptado múltiples decisiones con impacto en la ciudad (la vivienda ha sido una preocupación recurrente, la infraestructura, el transporte público, los sistemas de agua potable y alcantarillado, las temáticas ambientales, etc.) pero cualquiera sea la evaluación que se tenga sobre esas políticas públicas, nadie podría decir que detrás suyo hay una mirada integral. Ello se debe a que la ciudad, como tal, no ha sido un tema relevante de la reflexión y la acción política de las izquierdas, ni en lo social, ni en lo político, sin que se afiancen ideales compartidos o visiones de futuro que orienten las decisiones. 

El estallido social y la pandemia han puesto en evidencia la magnitud de esa ceguera. En ambos casos ha salido a la luz la configuración espacial de la desigualdad, que se traduce en condiciones de vida profundamente diferentes en los distintos territorios que conforman nuestras ciudades. Esas diferencias se expresan en cuestiones tan centrales como la esperanza da vida, el aprendizaje escolar, las oportunidades laborales, la seguridad y el hacinamiento, y también, se manifiestan en experiencias cotidianas como la cercanía de servicios públicos, comercios y fuentes de empleo, el acceso a áreas verdes, los tiempos de viaje, la limpieza de los espacios públicos, y un largo etcétera. Ninguno de esos temas funciona aislado de los demás, sino que se manifiesta como un síntoma de ese sistema complejo, orgánico y altamente interdependiente que es la ciudad. De consecuencia, para intentar mover la aguja en cualquiera de esos ámbitos no sirve hacer programas o proyectos sectoriales como estamos acostumbrados. Ni el ministerio de vivienda, el de transporte, el de salud, de medio ambiente o de educación, lograrán cambios sustantivos si no ponen sus instrumentos al servicio de una estrategia integral, adaptada a los territorios y adoptada con participación de la sociedad. 

La gravedad de las crisis que hemos vivido el último tiempo puede ser el factor decisivo que traiga a la ciudad a las prioridades de la agenda pública, y particularmente de la agenda progresista. Sería inexcusable no hacerlo porque, así como las ciudades son fieles reproductoras e incluso amplificadoras de las desigualdades sociales, también tienen el potencial de transformarse en palancas poderosas para revertirlas. Además, la virtud de las transformaciones urbanas pro-igualdad es que simultáneamente pueden promover el desarrollo verde y la salud, generando de pasada una convivencia menos agresiva e irritada que la que hoy toleramos. Hay que recordar que la experiencia de la desigualdad es vivida con mayor dolor cuando se traduce en el trato que cuando se expresa en el bolsillo. La organización de las ciudades, la calidad de sus servicios, el ambiente de sus espacios públicos y la oportunidad de interacción entre sectores sociales distintos pueden ser ingredientes determinantes de un trato social donde el respeto deje de ser un derivado del origen social. 

Hay mucho por hacer, desde repensar la gobernanza urbana en el debate constituyente hasta alcanzar la carbono-neutralidad, pero dado que estamos en tiempos urgentes, aquí seis ideas para comenzar a conversar una agenda progresista para estos tiempos:

  1. Reacondicionar las principales calles y avenidas que concentran actividad comercial para extender los espacios peatonales y reservar pistas para bicicletas. Estas medidas, que muchas ciudades del mundo están implementando, permiten cumplir simultáneamente varios objetivos: dejar espacios para que tiendas y restaurantes ocupen espacios en las veredas donde atender a sus clientes manteniendo el distanciamiento; agregar metros cuadrados de veredas para que los peatones puedan transitar sin aglomeraciones y ofrecer condiciones para desplazarse en forma segura en bicicleta, evitando el colapso del transporte público y contrarrestando la tendencia al mayor uso del automóvil. 
  1. Impulsar un plan de reactivación basado en la construcción de conjuntos de vivienda con arriendo protegido en ubicaciones centrales, que mezcle grupos sociales diversos, con densidad equilibrada y con placa comercial y de servicios en los primeros pisos. Para echar a andar esta idea se puede partir por utilizar la infinidad de terrenos públicos con excelentes ubicaciones que el Estado tiene abandonados en la mayoría de las ciudades del país. En el intertanto se puede aprobar una legislación para desincentivar decididamente los inmuebles y sitios abandonados, estableciendo sobre-tasas significativas de contribuciones en esos casos. Eso permitirá generar un stock de suelo urbano bien ubicado para extender este plan de densificación equilibrada y combatir así el grave problema de hacinamiento y segregación de nuestras ciudades.    
  1. Aprovechar que muchos negocios deberán reinventarse y partir de nuevo para impulsar que los apoyos públicos a esos emprendimientos incentiven el establecimiento de sub centros distribuidos por la ciudad, en la lógica de la “ciudad de 15 minutos” y la “calle principal”. Con esos puntos ya definidos, promover un cambio en la forma de proyectar los equipamientos públicos como consultorios, jardines infantiles, oficinas municipales, centros culturales, para dejar de planificarlos separadamente y apuntar a proyectos conjuntos, que creen polos de servicios en los nacientes sub-centros. 
  1. Regular, con carácter de urgente, el problema del sub arriendo abusivo. La ley de arrendamiento es extremadamente permisiva al respecto y las únicas herramientas que hay disponibles para controlar esta situación son inaplicables por las dificultades de fiscalización y porque no generan sanciones a los arrendadores, sino que castigan a los arrendatarios, obligándolos a desalojar. La extrema gravedad de los problemas de hacinamiento y abuso se conoce hace tiempo, pero aparentemente hay sectores que recién ahora están tomando conciencia de la situación. Eso debiera abrir la oportunidad para que finalmente exista voluntad política para avanzar en esta materia. 
  1. Impulsar políticas de distribución justa de las labores de cuidado y trabajo doméstico en el contexto del proceso de desconfinamiento. Veremos una fuerte irrupción del teletrabajo y una necesidad de organizar en forma diferida los horarios laborales y de estudio para evitar atochamientos, y es necesario sumar a esta ecuación una nueva forma de organizar las actividades de cuidado. Los datos categóricos del estudio de ComunidadMujer publicado recientemente sobre el aporte del cuidado en la economía muestran que éste representa el 21,8% del PIB, es asumido mayoritariamente por las mujeres (por ejemplo, el 75% del cuidado de niños menores a 4 años y el 73,8% de la preparación y servicio de comida) y no es remunerado. En vista que el proceso de reactivación deberá incluir necesariamente mecanismos de incentivo y subsidio al empleo, se abre la oportunidad de promover modelos remunerados para asumir algunas de estas actividades, como el cuidado de adultos mayores, combinado con soluciones comunitarias colaborativas, extensión de salas cunas y jardines infantiles y medidas que promuevan la participación de los hombres en estas tareas. 
  1. Suele mencionarse que los distintos niveles de inversión entre comunas ricas y pobres es uno de los mayores factores de desigualdad. Siendo eso efectivo, la verdad es que las inequidades son aún mayores en la capacidad de darle adecuado mantenimiento a las inversiones realizadas. No es fácil para un municipio pobre levantar recursos para sacar adelante inversiones, pero existes mecanismos para intentarlo y muchos logran sacar adelante interesantes proyectos. No hay, en cambio, apoyos para el mantenimiento. De hecho, la mayoría de las veces se espera que las infraestructuras alcancen un alto deterioro para postularlas a fondos para reposición o remodelación. En el proceso de reactivación debiera promoverse una línea especial dedicada a la mantención de infraestructuras existentes en comunas de bajos ingresos. Dichos trabajos, que no requieren los engorrosos procesos de diseño y evaluación (consultorías y licitaciones mediante) constituyen una forma rápida y efectiva de crear empleos formales mejorando simultáneamente el estado de los equipamientos urbanos para reducir así la enorme brecha que existe con las comunas acomodadas. 

Lo que hemos vivido ha traído mucho dolor. Miles han sufrido la muerte de seres queridos y todos enfrentamos un escenario de fuerte incertidumbre. Momentos como éste, en que todo se tambalea, abren la posibilidad de hacer cambios largo tiempo postergados. Los seis mencionados más arriba debimos hacerlos hace rato, no perdamos ahora la oportunidad. 

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