Paula Vial

Paula Vial

Abogada penalista, viajera impenitente, lectora voraz, con amor ecléctico por la música y defensora de alma. Amante del fútbol, las galletitas, el campo y el café. Mamá de cuatro, por elección y amor y mujer de un huaso leguleyo. Feminista, pésele a quien le pese, con hambre por la justicia y la equidad y necesidad de ver, escuchar y leer a más mujeres. #másmujeresalpoder

Paradojas

Share on whatsapp
WhatsApp
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

Muchos hemos vivido en nuestra imaginación un tiempo como éste, al leer algún libro de ciencia ficción o al ver una película que imagina pandemias que ponen fin al mundo como lo conocemos. Seguramente nada de lo que estamos viviendo es original y ya ha sido anticipado por extraordinarios autores como Camus, Roth o Saramago o por los best sellers Stephen King o Michael Crichton. En el cine también nos hemos asomado a mundos distópicos, devastados por pandemias o hecatombes ambientales, como Contagio, 12 monos (¡fantástica!) o Epidemia. Si hasta Los Simpsons o Asterix y Obelix nos habían anticipado que esto iba a ocurrir.

Pero nada podía realmente prepararnos para lo que estamos viviendo. Nada. Nadie.

No se trata solamente de la sorpresa -y desazón- de experimentar el aislamiento social, la incertidumbre sobre lo que ocurrirá con la economía, los empleos, la educación o la inquietud por la salud de nuestros seres queridos y el riesgo para sus vidas. Es la fragilidad que nos envuelve y se apodera de nuestras existencias, que nos hace conscientes del descuido y la negligencia con que hemos tratado nuestro mundo, de la precariedad con la que construimos nuestras bases.

Y es también la esperanza de aprender de esta locura, porque hay un mundo cambiando y es la oportunidad porque sea otro.

Todo es paradoja. Porque no sabemos, no tenemos respuestas sobre lo que ocurrirá. Y por ello, todo puede ocurrir.

Paradojalmente, en un tiempo en que las comunicaciones virtuales nos están salvando de la soledad, en que la tecnología nos permite seguir trabajando, estudiando, haciendo compras de supermercado y un largo etcétera, soñamos con el momento en que podamos volver a encontrarnos cara a cara con quienes hemos añorado a través de una pantalla, para fundirnos en un abrazo.

Paradojalmente, las redes sociales y tecnologías que nos informan, al mismo tiempo nos hacen dudar de todo. Vivimos en un exceso de información que nos hace desconfiar de todo lo informado. Nos ahogamos en noticias falsas, que hacen dudar de las reales, pero no podemos dejar de consumirlas, comentarlas, compartirlas.

Tenemos que quedarnos en casa y solo queremos volver a estar afuera. Pero el tiempo

Estamos más comunicados que nunca y al mismo tiempo, tan distanciados como si los medios de transportes y de comunicación no se hubieran desarrollado a un ritmo vertiginoso en los últimos siglos.

Y otra vez, en la más dramática de las paradojas, las desigualdades se marcan a fuego en nuestra sociedad. El encierro no es igual para todos. Muchos de los consejos que recibimos son irrisorios para quienes tienen que vivir en 20 metros cuadrados o casi sin agua o con lo justo para comprar para el día. Muchos, ¿la mayoría?, tiene que seguir trabajando para poder subsistir, arriesgando, otra vez paradojalmente, la vida en ese esfuerzo.

Una buena parte de los servicios e industrias que deben seguir funcionando emplean a los trabajadores peor pagados o de mayor precariedad contractual.

Se pretende asegurar ingresos a los trabajadores desde sus propios fondos individuales de sus seguros de cesantía. Es decir, que los trabajadores deban pagar con sus ahorros por las dificultades que puedan enfrentar sus empleadores, sin que el Estado meta la mano al bolsillo y sin ninguna seguridad de que, pasado el caos, mantendrán sus fuentes de trabajo, ya con sus ahorros consumidos.   

Se llama a no acaparar ni a comprar en exceso, pero luego estamos muertos de miedo a quedarnos desabastecidos. Se condena el saqueo y los supermercados son vaciados por personas que acumulan y acaparan. Y se aconseja comprar lo justo pero necesario para que alcance por un período de tiempo, sin necesidad de salir seguido, a un mundo en el que una buena parte de la población vive al día.  

La población encerrada en cárceles vive en riesgo permanente y grave por los niveles de hacinamiento que existen en nuestras cárceles, pero no queremos socorrerlos porque nos morimos de miedo de que sean liberados. Y no nos damos cuenta de que un contagio masivo en las cárceles puede ser una condena para todos, con un sistema de salud que no lo resistiría. No sólo se trata de un Estado que debe velar por su salud y sus vidas, como garante de su integridad, sino de un gobierno, un parlamento, una judicatura que se ha obligado a proteger los derechos de todos los ciudadanos, incluyendo a quienes son hoy más vulnerables.

Mi paradoja es que necesito escribir de estos fracasos y sinsabores, de estos desastres y temores, evidenciarlos para que la ficción que vivimos se vuelva realidad. Pero necesito también creer que de esta tragedia, de este tiempo convulso y alarmante, de distancias y barreras, saldrá un mundo mejor, una sociedad con una conciencia evolucionada, y que la experiencia global de fragilidad nos hará más fuertes. Para que la realidad se vuelva ficción, se transforme en una utopía realista.

Más del autor

Hacinamiento mortal

Los parlamentarios eligieron confundir a conciencia el sentido sanitario de la medida con lo que ellos entienden como humanitario.

La emoción desbordada

Se que es difícil que algunos entiendan lo que sentí al aprobarse la norma sobre paridad en el proceso constituyente, especialmente algunos hombres. La emoción desbordada, el orgullo, la esperanza de cambios. Y todo, sólo porque se aceptara integrarnos en un 50% en la discusión de la nueva constitución. ¿Sólo?

Patria

Entiendo lo que se siente al leer una historia tan personal y tan propia; me pasó hace algunos años con La noche de la usina. Pero eso será otra historia.

Más para leer

Quién sabe, hay que preguntarle a Radomiro

Suscríbete a nuestro Newsletter

¡Mantente al día con las novedades de Entrepiso y suscríbete para que la información llegue directamente a tu correo electrónico!