Paula Vial

Paula Vial

Abogada penalista, viajera impenitente, lectora voraz, con amor ecléctico por la música y defensora de alma. Amante del fútbol, las galletitas, el campo y el café. Mamá de cuatro, por elección y amor y mujer de un huaso leguleyo. Feminista, pésele a quien le pese, con hambre por la justicia y la equidad y necesidad de ver, escuchar y leer a más mujeres. #másmujeresalpoder

Paridad

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No se pueden acordar las bases del nuevo pacto social sin paridad. Así de simple, así de complejo. No se puede discutir y aprobar una constitución que no sea forjada por hombres y mujeres en igual proporción.  

Tenemos la oportunidad histórica de reemplazar una constitución espuria nacida en dictadura por una carta fundamental que sea el resultado de una asamblea representativa de nuestra sociedad.

¿Por qué exigir que la comisión constituyente, en la modalidad que se resuelva, esté integrada con paridad? Algunos han destacado que no resultaría democrático imponer un mecanismo para forzar una composición de hombres y mujeres en igual número, a través de una doble papeleta, por ejemplo. Eso, si el punto de partida fuera el mismo. Pero no lo es. En un mundo de hombres y mujeres, la torta la corta el macho.

Veamos. Juguemos. En la comisión se vota la propuesta de aumento del período postnatal, de las actuales 24 semanas a 32 semanas y se impone la aprobación por una abrumadora mayoría del 75%, que corresponde al voto favorable de los 116 diputados hombres de la cámara, mientras que las restantes 39 diputadas mujeres estuvieron unánimemente por rechazar el proyecto. “Es conveniente para el desarrollo de los recién nacidos, que estén más tiempo con sus madres” opinó el diputado Rojas; mientras el diputado Pérez agregó que se trata de una iniciativa muy favorable para la mujer pues le permitirá desarrollar el apego con su hijo. Ellos saben. ¿Qué importa lo que opine la diputada Encina si ella es minoría en el parlamento?

Sí, es un ejemplo de lo que nos toca vivir habitualmente a las mujeres. Hombres decidiendo por y para nosotras.

La performance de Las Tesis, extraordinaria síntesis del reclamo de las mujeres para denunciar y poner término a la violencia machista, se ha tomado las calles y los medios de comunicación.

Por ello resulta obligado comentarlo en el panel del matinal. Aunque hay un pero, que parece no quitar el sueño del director y el editor del programa. El panel está integrado sólo por hombres, que sin pudor hacen un análisis de expertos del fenómeno.

Este es el mundo con el que lidiamos todas las mujeres. No sorprende, no llama la atención de nadie que para todos y cada uno de los asuntos que preocupan a la sociedad, sean las opiniones y decisiones de los hombres las que los resuelvan.

Leemos el diario, cualquiera, y sobran las opiniones, conspicuas, arriesgadas, conservadoras, liberales, extremistas, moderadas, de hombres. Está lleno de columnistas hombres, expertos en todas y cada una de las materias que la realidad aconseja comentar. Igual cosa sucede en las radios y en la televisión. Entretenidas o aburridas, informadas o ignorantes, originales o desgastadas, arriesgadas y conservadoras opiniones de hombres panelistas que van formando corriente y opinión. 

El presidente requiere de consejo y orientación para enfrentar la crisis actual. ¿A quién recurrir? Exacto. En procesión llegan a la Moneda los preclaros intelectuales que con su reflexión intentarán guiar las decisiones del mandatario.

Pero ¿realmente considerarán que han tenido todas las visiones? Ha tomado el sabio, sin duda, consejo del intelectual de derecha, de izquierda, de centro, de la capital, de regiones, del joven, del anciano, y con todas esas miradas ha completado su enfoque del conflicto.

Ninguna mujer. Ninguna. Debe ser que no existen esas mujeres sabias, reflexivas, informadas, expertas, doctas, con calle y cancha, creativas, iluminadas, para convocarlas.

¿Qué opinarían esos mismos hombres que integran los paneles llenos de testosterona si la situación fuera esta?

Las cinco integrantes del panel conversan animadamente, mientras reciben preguntas del público televidente, que les hacen llegar por tweet. Se trata de cinco mujeres panelistas que abordan temas de actualidad y hoy debaten sobre los mejores tratamientos para hacer frente a la alopecia androgénica o calvicie. Llevan largos minutos discutiendo sin lograr ponerse de acuerdo sobre qué productos deben usar lo hombre que la padecen, si dutasterida o finasterida; que si es mejor para ellos cubrir la cabeza con un sombrero o usar protector solar; que si se produce primero en la frente o en la zona de la nuca.

Es un panel integrado sólo por mujeres, resolviendo problemas que padecen los hombres.

El auditorio está repleto y se da comienzo al primer panel que versará sobre el cáncer de próstata y su detección temprana. La doctora Ramirez considera que los beneficios de una detección temprana no resultan tan evidentes. Por su parte la doctora Bascuñán agrega que desde los 50 años resulta imprescindible. Y la doctora Abarca estima que si existen antecedentes familiares, es conveniente adelantar estas pruebas. La doctora Vergara finalmente acota que en estos casos es mejor realizar un análisis antigénico prostático.

Sí, de nuevo, un panel de mujeres hablando de temas eminentemente masculinos. Nada nuevo bajo el sol. 

Pero, señores, así hemos funcionado desde siempre, no se alteren. Si hay que discutir el proyecto de ley de lactancia, allí no faltarán los médicos hombres expertos en la materia que aconsejen a los ilustres. Si es necesario hincar el diente al proceso para la nueva constitución, no faltarán los constitucionalistas hombres que orienten el proceso.

Si el problema es la seguridad y la delincuencia, hombres sabios en la materia surgen hasta debajo de las piedras, y comentan y orientan en diarios, televisión y comisiones de expertos y parlamento.

Y así, en todo y para todo.

Una sociedad formada por hombres y mujeres, casi mitad y mitad, requiere de consensos de hombres y mujeres. Parece tan natural obvio que rebela el intelecto que haya que negociar y luchar por ello.

Yo quiero que las reglas básicas que regirán mi vida, la de mis hijos, hombres y mujeres, surjan de una discusión, de una reflexión, de un acuerdo de unas y otros. Es un imperativo, la constitución debe ser construida en paridad. Y nosotras nos encargaremos de que así sea. Quedan notificados.

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