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Paula Escobar, en La Tercera: Moreira, para llorar

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Por Paula Escobar // Contenido publicado en La Tercera

Es difícil exagerar la gravedad de lo ocurrido el viernes 2 de octubre en Pío Nono, y lo que ha sucedido después, a días del primer año desde el 18/O y del plebiscito por una nueva Constitución.

Primero, un menor de edad es empujado al río, según la fiscalía, por un carabinero, que lo niega. La institución policial primero cierra filas y lo defiende, para luego terminar expulsándolo de la institución.

Por último, la fiscal a cargo del caso es amenazada de manera reiterada.

En efecto, la fiscal jefa de Alta Complejidad Centro Norte, Ximena Chong, ha sido amenazada desde que formalizó, el domingo pasado, al carabinero Sebastián Zamora, de 22 años, por el delito de homicidio frustrado del joven de 16 años. En esa audiencia, la fiscal reveló, además, que habría indicios de encubrimiento, obstrucción a la investigación y falsificación de documento público.

Ese día, Ximena Chong recibió en redes sociales todo tipo de groserías de parte de anónimos y cobardes trolls. Del insulto se pasó a las amenazas, y luego a la difusión de algunos datos personales de la fiscal. Pero, como pasa con la violencia, de la vida virtual se pasó a la real. Dos individuos en moto rondaron la calle en que vive ella y su familia, haciéndose notar. Golpearon la puerta. Su hijo los recibió y los sujetos, sin sacarse los cascos, le pasaron una carta “para su mamá”. “Asegúrate de que la fiscal la lea”, le dijeron al adolescente. “Si usted considera que esta carta constituye una amenaza seria hacia su integridad sicológica y física, entonces está en lo correcto”, decía la misiva, invitándola a “corregir su actuar a la brevedad”.

El episodio hizo que el fiscal Francisco Jacir ordenara las primeras diligencias investigativas por las amenazas contra la fiscal, y que personal de la PDI permaneciera en la casa de Chong.

Y la historia ha seguido agravándose: a las 8 am del miércoles, otro hombre en moto se dio dos vueltas por la casa de la investigadora y luego se paró frente a su puerta. Fue entonces cuando la PDI le hizo un control de identidad, al que el individuo se opuso en más de una ocasión. “Soy funcionario público”, decía. Pero era un teniente coronel de Carabineros, Freddy Vergara. Él mismo publicó luego un video mostrando la grabación del incidente, diciendo que era un malentendido y ofreciendo una extraña explicación acerca de un desperfecto de su moto.

Todo estos episodios han causado revuelo en el Ministerio Público. El fiscal Abbott se comunicó con el ministro del Interior, y la Asociación de Fiscales salió en apoyo a la fiscal: “Rechazamos del modo más enérgico que se pretenda atemorizarnos, por parte de cualquier persona o medio”.

Una situación ya muy álgida, que un senador de la República logró tensar aún más.

El senador UDI Iván Moreira, en entrevista con 24 Horas, catalogó a la fiscal Chong como “una activista política (…). Ella es una persona de izquierda y tiene un doble estándar en la forma cómo enfrenta los casos judiciales”. Luego, dijo que “cuando uno provoca políticamente se expone a este tipo permanente de amenazas, y no vengamos a hacernos las víctimas (…). Cuando uno hace política como fiscal, es sin llorar la política, y se expone a este tipo de cosas”, agregó.

Lo que se lee es una pretensión de bajarle el perfil a la gravedad de que una fiscal sea amenazada reiteradamente mientras investiga nada menos que a la policía, pues él no compartiría sus ideas. ¿Solo los fiscales o autoridades afines a él y su partido ameritan resguardos para ejercer su labor?

Y, ¿qué quiso decir con eso de “sin llorar”? ¿Será la descalificación machista cavernaria de que las mujeres no pueden aguantar situaciones difíciles sin desbordarse emocionalmente?

¿Moreira cree o no en las instituciones de la República y en la necesidad de protegerlas de amenazas de cualquier tipo?

La Fiscal Chong, en todo caso, lejos de “llorar” o “venir a hacerse la víctima”, ha guardado riguroso silencio, continuado las indagatorias de lo sucedido en Pío Nono, cumpliendo su labor profesional.

Al descalificar en esos términos a la Fiscal, Moreira no la daña a ella, sino al Estado de derecho, a la justicia, y peor aún, a la posibilidad de reconstruir en Chile las instituciones con la legitimidad y credibilidad necesarias para poder vivir en paz.

Las palabras del senador Moreira reflejan una nula comprensión de la responsabilidad y altura de miras mínima que se requiere para ser Senador de la República, especialmente en momentos cruciales de la historia de Chile, como éste. El desborde y la violencia se producen, justamente, al no haber confianza en que las instituciones sí funcionan en cuanto a proveer justicia, transparencia y reparación, con eficacia y urgencia.

Que un Senador no entienda eso… eso sí que es para llorar. ¿Qué piensa de eso su partido, y su coalición?

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