Sergio Espejo

Sergio Espejo

Abogado Universidad de Chile y Master en Políticas Públicas de la Universidad de Harvard. Ha sido Diputado, Ministro de Transportes y Telecomunicaciones y Superintendente de Electricidad y Combustibles. Enseña políticas públicas en la U. de Chile, integra el consejo académico asesor del programa de medio ambiente de la facultad de Derecho UC y es decano de Ciencias Jurídicas y Sociales de USEK. Abogado socio de Aylwin y Compañía y consultor internacional.

Pepe

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Se fue Pepe. A los 102 años y sin estridencias. El profesor de Moral, el cura Obrero, el defensor de los derechos humanos, el peregrino que confía en su Dios.

No lo traté personalmente. Recuerdo su presencia “de igual” luego de una acción del Movimiento Sebastián Acevedo en la que participé. Lo veo pasar caminando, sin aspavientos, en la fija de jesuitas que se dirigen al altar para la celebración del día de San Ignacio en la iglesia de calle Alonso Ovalle. Lo percibo, sin embargo, presente en un sinnúmero de momentos significativos de la vida de quienes crecimos en dictadura y maduramos en democracia.

Releo las memorias que años atrás prácticamente le obligo a escribir su superior y me detengo en las últimas páginas. “Los 85 años. Desde ellos, una mirada retrospectiva” y “A los 85 años: En adelante, ¿qué?”.

En cada palabra, en cada oración, se respira libertad. ¿He sido feliz?, se pregunta. Y responde de manera fantástica “la felicidad no ha sido la opción fundamental de mi vida. He estado habitualmente dispuesto a sacrificarla. Y creo que por esto mismo la he tenido. Sí, he sido de hecho feliz.”

¿Volverías a los 17? “No…lo que espero hacia adelante es la vida eterna. Por eso me he sentido siempre como peregrino en este mundo”.

¿Qué es lo que en tu vida te deja más satisfacción? …. “los pequeños servicios que he podido hacer a pequeñas personas. Esos por cierto también empujan la historia”, afirma, refiriéndose a la aspiración de saber que ha “empujado la historia”.

Me encuentro con las declaraciones que molestaron a tantos y que muestran esa misma libertad. Su acuerdo con el aborto en casos de violación, su respaldo al matrimonio homosexual y su claridad de que la adopción podía ser indistintamente heterosexual u homosexual, atendiendo sólo al interés de los niños y niñas, su reprobación a la falta de espacios en igualdad de condiciones con los hombres que las mujeres vivían en la vida religiosa.

Y siempre sin aspavientos.

Por eso no llama la atención el esbozo de epitafio que propone en sus memorias: “Hizo lo que pudo. Le fue más o menos. Que descanse en paz”.

Así no más, como me decía hoy mi amigo Manuel Matta, con mucho menos espacio en la prensa que el que ha ocupado la muerte de Camilo Sesto. Rodeado de creyentes y no creyentes, el guardián de las llaves de Villa Grimaldi partió al encuentro del Dios que amó y al que sirvió toda su vida.

“Y ese será – como el mismo escribió – el epílogo de la Historia de un Peregrino”.

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