Francisco Javier Diaz

Francisco Javier Diaz

Abogado y cientista político (U. de Chile, London School of Economics). Analista, columnista, ex-influencer y speechwriter profesional. Fue Subsecretario del Trabajo (2014-2018), ahora ejerce como abogado en materia laboral.

Piñera constituyente

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No hay nada peor que cuando el Presidente Piñera se cree sus propios cuentos. El Presidente tiene la asombrosa habilidad de armarse un relato mental sobre algún determinado episodio, repetirlo hasta el cansancio y no salirse de él a pesar de que la realidad indique otra cosa. Y lo lleva intentar asumir el protagonismo de épicas que solo él imagina, buscando ser el festejado en todos los cumpleaños. Ahora trata de posicionarse en la asamblea constituyente.

Hace algunos años, cuando salieron a la luz algunas de sus poco transparentes operaciones comerciales, como la adquisición de empresas zombies o la infracción al deber de abstención en transacciones accionarias, Piñera armó relatos inverosímiles sobre su más prístina inocencia, y los repitió y repitió hasta que los periodistas se aburrieron de preguntarle. Cuenta la historia, también, que poco antes del rescate de los 33 mineros, Piñera pidió a los técnicos ser él mismo quien bajara en la cápsula Fénix hasta el fondo de la mina, para acaparar todas las luces.

Ahora Piñera quiere ser protagonista del proceso constituyente.

De partida, La Moneda ha intentado armar un relato acerca de un supuesto rol crucial que le cupo al Presidente en el acuerdo del 15 de noviembre. Lo cierto es que ese acuerdo salió pese a Piñera, no gracias a Piñera. Inicialmente minimizó el estallido social (y se fue a una pizzería); luego vino la teoría del enemigo poderoso e implacable y la inexplicable (e irresponsable) declaración de guerra, la que fue rápidamente desmentida por el propio Ejército. Piñera trató de surfear aquellos días con tímidos anuncios sociales e insulsos llamados al diálogo. Tuvo que ser el Congreso Nacional quien asumiera la batuta en aquellos días de desgobierno. Esas semanas marcaron el fin del gobierno de Piñera II. Nada de lo que llegó a hacer lo pudo hacer.

Para el reciente plebiscito, el Presidente no tuvo la entereza para explicitar una posición y defenderla. Ante la consulta más trascendente de las últimas décadas, su sector se dividió entre las dos opciones, pero Piñera pensó que podía seguir jugando póker con el agua al cuello. Y se construyó un nuevo cuento, según el cual el gobierno se la jugó por la mayor participación electoral posible, en circunstancias que tuvo que ser el Senado, con la colaboración del SERVEL, quienes iniciaran la modificación legal que permitió adoptar medidas especiales para la votación en pandemia.

Ahora el Presidente anuncia en entrevista con El Mercurio que se pondrá en la foto del proceso constituyente.

“El Presidente tiene que citar, fijar condiciones”, dice en su entrevista. “Y en la primera reunión de la Convención, proveer y facilitar ayuda técnica y financiera.” Es decir, el Presidente está pensando en dar el discurso inaugural en la asamblea que él nunca quiso.

Pero no solo eso, también busca liderar a su sector (donde se halla todo el Rechazo) para determinar los contenidos de la nueva Carta. Según él, su misión es “reducir la incertidumbre respecto del proceso”. Y para eso aventura alguno de los principios: resguardar las autonomías constitucionales de ciertos órganos, como el Banco Central y el Tribunal Constitucional, y resguardar el derecho de propiedad. Dice que ve “amenazados” algunos valores esenciales, “como la vida, dignidad humana, libertad de expresión, de pensamiento, de conciencia, de religión, de reunión y de asociación”. Sería importante que explicara cómo y quién podría querer desconocer tales valores, a menos que él tenga en mente alguna concepción ideológica respecto de ellos, como por ejemplo, que la Constitución prohíba el aborto. Y de paso, nada de paridad ni de pueblos indígenas.

Sobre los derechos sociales, es claro que el Presidente y los partidarios del Rechazo están dispuestos a un cierto reconocimiento retórico, mas persiste en ellos la visión de que pueden ser objeto de provisión privada –lucro incluido—en derechos como salud, educación o vivienda. ¿La excusa? Proteger a la sociedad civil, de la cual convenientemente las empresas forman parte, en la concepción de Piñera. “Yo pienso que bienes públicos, como salud, educación, vivienda o pensiones, tienen que ser garantizados por el Estado, pero la sociedad civil también tiene derecho y puede ser un aporte”, argumenta.

Sobre el régimen político, como buen Presidente aboga por mantener un sistema presidencial y solo distribuir mejor las atribuciones entre Ejecutivo y Legislativo. Pero hace una advertencia: “Un régimen presidencial debe tener un sistema electoral proporcional mayoritario”. ¿Qué significa ese oximoron? Los sistemas o son proporcionales o son mayoritarios. Este híbrido que propone el Presidente no es otra cosa que mantener un sistema de listas con baja magnitud distrital, al estilo binominal, de manera de sobrerrepresentar a la segunda mayoría en desmedro de la primera y de la tercera.

En síntesis, comenzó la operación Piñera constituyente.

El Presidente busca liderar a las fuerzas del Rechazo para conseguir una nueva Constitución que de la actual no difiera tanto.

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