Oscar Landerretche

Oscar Landerretche

Óscar Landerretche es profesor titular docente del Departamento de Economía de la Universidad de Chile. Tiene un doctorado en economía del Instituto de Tecnología de Massachusetts, MIT. Fue Presidente del directorio de Codelco (2014-2018), Director de la Escuela de Economía y Administración de la Universidad de Chile (2012-2014) y director fundador de la Maestría en Políticas Públicas de la Universidad de Chile (2004-2010).

Placer Culpable No. 1: Fútbol Americano

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Está empezando la temporada 100 del fútbol americano.

Criado entre Chile, Inglaterra y Colombia, naturalmente uno es, principalmente, un hincha del fútbol fútbol: el deporte rey, la pasión de multitudes, el lugar en que están radicados los clivajes colectivos, las pasiones patrióticas, los dolores históricos, los instintos tribales, las memorias de niño, las frustraciones cotidianas, las lealtades filiales, etc.

En mi caso, sigo religiosamente las campañas de la Universidad de Chile (y Wanderers), el Manchester United, el Athletic Club de Bilbao, la Roma, Millos (también el DIM), Newell’s (también Estudiantes) y Flamengo.

Además, por haber pasado la infancia en la ciudad rugbística de Gloucester soy hincha del equipo de la ciudad que es uno de los principales de la primera división inglesa. Sufro para lograr ver sus partidos arreglándomelas a la buena y a veces a la mala; y me amarga que el rugby chileno no logra despegar dado que me gusta tanto.

Hasta ahí, todo normal; incluso esperable en un socialista chileno que vivió el exilio en Inglaterra: fútbol y rugby.

Pero además, compañeros, lo confieso humildemente ante el tribunal popular: me gusta el fútbol americano.

Me someto resignadamente al veredicto del pueblo y asumiré humildemente el castigo merecido por esta transgresión imperialista.

Lo siento.

Es que me gusta mucho.

Me explico.

A principios del año 2002 vivíamos junto con mi compañera Patricia y mi hijo mayor (guagua entonces) en la ciudad de Boston en Estados Unidos. Paty estaba terminando su doctorado en economía en la Universidad de Boston y yo en el MIT. Hasta entonces veía el fútbol americano sin mucha pasión, básicamente como una excusa para sacar la vuelta como todo tesista. También servía como tema de conversación con los compañeros de curso gringos que seguían fanáticamente la liga.

Pero el año 2002 en Boston para el fútbol americano es lo que el año 0 en Belén es a la religión: el momento de inicio de una era.

El equipo de los Patriotas era, hasta entonces, un equipo muy malo, perdedor y mediocre. De hecho, esa temporada, había comenzado en septiembre del año anterior con lo usual: los patriotas perdiendo su partido inaugural. El 23 de septiembre, dos semanas después de los ataques a las Torres
Gemelas, se jugaba la segunda fecha. Los Patriotas estaban perdiendo es partido también, cuando, al final del partido, se lesiona el mariscal de campo histórico del equipo: Drew Bledsoe.

Entra el sustituto, un joven llamado Tom Brady que hasta ese momento llevaba una carrera poco distinguida. De hecho, el año 2000 cuando había sido contratado, había sido escogido en el lugar 199 del sistema de reclutamiento de jugadores universitarios en que los equipos van escogiendo
en orden los mejores prospectos (NFL Draft). El partido termina con una derrota, ya no quedaba tiempo para darlo vuelta.

Desde ahí empiezan sistemáticamente a ganar y en el inconsciente colectivo comienza a cobrar sentido que en los meses posteriores a los atentados de las torres gemelas, un equipo llamado los “patriotas” lograra superar su mediocridad histórica y vencer la adversidad de haber perdido a su líder histórico por lesión.

En febrero los Patriotas llegaban al Super Bowl por segunda vez en su historia, esta vez para ganarlo. Recuerdo la emoción de esa ciudad y la imagen de gringos grandotes llorando emocionados desahogando sus frustraciones de toda una vida. Desde entonces, los Patriotas han completado seis títulos igualando a los Acereros de Pittsburgh como los dos equipos que más Super Bowls han ganado. Tom Brady es el único jugador en la historia que ha ganado seis títulos en cancha y el técnico Bill Belichick es el que más veces ha salido campeón (ocho). Esta temporada, 18 años más tarde, Brady, con 41 años tratará de conseguir el séptimo título.

Así que me volví hincha del fútbol americano, de los Patriotas y de Tom Brady.

Y claro, en sus inicios era raro. ¿No?

Después de todo, el fútbol americano es EL deporte quintaescencialmente yanqui, asociado a los aspectos más distintivos de su cultura: el militarismo, el hiper-capitalismo, la cultura de la fuerza, el darwinismo cultural, el capitán del equipo que es el matón del curso, la porrista que es la líder de las “populares”, etc. Todas cosas discrepantes con las matrices ideológicas y culturales propias.

Todo eso puede ser, pero luego de conocerlo, aprendí que es también un juego interesantísimo y espectacular, lleno de estrategia y variantes. Debido a que son tan importantes las tácticas en la
cancha es, posiblemente, el juego más colectivo que existe, exigiendo a los jugadores complejas coreografías tácticas que además cambian a medida que evoluciona la jugada. Es un deporte en el que importa el talento individual, por cierto; pero en donde ese talento es completamente inútil si no se coloca al servicio de lo colectivo. Un jugador individualista es perjudicial en cualquier deporte de equipo, pero en el fútbol americano es devastador.  

Debido a la variedad del juego, es un deporte que tiene uso para muchos tipos de atleta: el macizo defensor que se parece a un luchador de sumo, el chico “cachañero” que corre y esquiva, el “maceteado” que choca y rompe, el súper luchador que rompe la línea de defensa y derriba al mariscal, el flaco y alto que corre, salta y atrapa, etc. A pesar de las apariencias es un deporte que acomoda bastante heterogeneidad.

Pero hay algo más profundo en ese juego y como representa los desafíos que todos enfrentamos en nuestra vida.

El juego consiste en sostener una línea que defiende al mariscal de campo mientras este evalúa el desarrollo de la jugada y despliega una táctica. Tiene que mantener la cabeza fría mientras un grupo de bestias enormes intenta acribillarlo. Puede pasar la pelota para que un corredor pase por el lado o a otro más grandote para que rompa la línea, o bien (el aspecto más espectacular del juego) lanzar la pelota hacia adelante en una calculada parábola para que lo atrape alguno de sus corredores que a toda velocidad buscan desmarcarse para completar la intrincada geometría de la jugada. La
intensidad que se logra con esta tensión es máxima.

Y enseña otra cosa el rol del mariscal de campo. Al mariscal se le protege de los ataques de los opositores, cierto. En ese sentido es un privilegiado para el que trabajan los demás. Pero, los buenos mariscales lo que hacen es hacer lucir a los demás; después de todo son normalmente los otros los que hacen las anotaciones. Los mejores mariscales logran sacar lo mejor de cada uno de los jugadores para lo cual cultivan la capacidad de entenderlos, saber para qué sirven y para que no, visualizando como ayudarlos a ser más de lo que ellos mismos creen poder ser. Los más destacados (como Tom Brady) logran poner en práctica aquello de que los verdaderos líderes no reclutan seguidores sino que crean más líderes.

Cuesta mucho avanzar en el fútbol americano, hay tres chances para completar 10 yardas; si no hay que patear la pelota y entregarla al otro equipo. Lo normal es que no lo logras. Chocas y chocas contra la línea del equipo opuesto, tus jugadas no resultan o rinden menos avance del necesario. A veces, incluso, te hacen retroceder a punta de golpes. Pero para los equipos que tienen talento y sostienen sus convicciones, inevitablemente se presentan oportunidades. A veces, solo a veces, se quiebra la línea de oponentes, se abre un espacio y entonces tienes que saber aprovechar ese momento para hacer avanzar tu causa.

Inevitablemente cuando logras una victoria, la consigues lleno de machucones y heridas.

Porque lo que enseña el fútbol americano es que así es como se logran cosas en la vida: chocando una y otra vez contra las restricciones de la realidad, rompiéndose en frustración tras frustración,
acumulando las cicatrices que deja cada batalla, terminando siempre tapado de barro y sangrando por la narices; pero logrando de vez en cuando una jugada perfecta y espectacular.

A veces, solo a veces, superando la dura realidad, y a pesar de que tus oponentes hacen todo para evitarlo…

…logras…

…por un instante…

…volar. 

Y con la majestad de ese efímero instante se justifica todo el sacrificio anterior.

Vince Lombardi, quizás el mejor técnico de la era anterior al Super Bowl, que ganó los primeros dos en los años sesentas, pero antes había ganado seis títulos de la NFL y cuyo nombre es usado para nombrar el trofeo que se llevan los campeones, lo expresó magistralmente:

“Creo fervientemente que el mejor momento de cada uno de nosotros, la realización completa de todo lo que amamos, se expresa en ese momento en que hemos reventado nuestro corazón trabajando por una buena causa y nos encontramos tirados en el suelo, agotados en el campo de batalla…
victoriosos.” 

Videos favoritos de fútbol americano:

El juego bajo la lluvia con los amigos de “Invincible”:

Jugando contra el racismo de “Remember the Titans”:

La mejor arenga de camarín de todos los tiempos “I am a Champion”:

“We are ready”, el canto de un camarín que se volvió viral:

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