Pablo Gutierrez

Pablo Gutierrez

Abogado con estudios en Derecho Constitucional y Derecho Regulatorio Ambiental, con una vasta experiencia nacional e internacional en reformas institucionales y cambios regulatorios en diversos sectores del Estado.

Por una latinoamérica democrática

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La creación de la República constituye una reacción cultural, social y política a los sistemas de concentración absoluto del poder y tiene como objetivo fundamental redistribuirlo, de manera tal que, impida a un sólo ser humano gobernar por sus meros caprichos y decidiendo el destino de millones. Por tanto, la construcción arquitectónica formal del Estado, ajena a todo reconocimiento subjetivo sustantivo del ciudadano o ciudadana, constituye el pilar básico y sello indeleble de la República.

Por otra parte, la Democracia constituye una construcción cuya naturaleza primera y centro ordenador, es el reconocimiento, ejercicio y amparo de los más caros derechos del ser humano. Esto significa que, la sustantividad de la Democracia, le resulta connatural y esencial el pleno ejercicio de estas potestades y, a contrario sensu, su ausencia solo nos puede llevar a concluir la inexistencia de la misma. En este sentido, hace pocos días el Presidente electo de la República Argentina, Alberto Fernández, recordaba una frase del extinto líder radical Raúl Alfonsín, quien afirmó que “con la democracia no solo se vota, sino que también se come, se educa y se cura”.

Resulta un contrasentido que, justamente en Democracia, derechos como la vida, sean vulnerados en niveles similares a las Dictaduras, sólo que ahora quienes pierden la vida, no son líderes universitarios o connotados dirigentes de sectores que fueron brutalmente reprimidos, sino los millones de invisibles que habitan los cientos de miles de barriadas latinoamericanas. Desde la guerra contra las drogas, la falta de una atención de salud oportuna o los femicidios que se multiplican por miles cada mes, son armas genocidas en nuestros republicanos países.

Esta disquisición, tiene como objetivo afirmar que la única clara conquista posterior al derrocamiento de las dictaduras en Latinoamérica, ha sido la República y no la Democracia. Logramos despojar el poder concentrado en un personaje de uniforme, para distribuirlo en esenciales y diversos órganos del Estado, pero hemos sido incapaces de lograr consagrar los derechos mínimos democráticos. Aún más, el mismo debate democrático es inexistente, dada la brutal crisis de representación, cruzado por corrupción y clientelismo electoral, que han dinamitado la mera apariencia de sistema democrático.

Los últimos procesos constituyentes de nuestro hemisferio, con errores mayores o menores, son una muestra de esta reflexión, dado que, han puesto un inusual acento en consagrar detallada y latamente un amplísimo catálogo de derechos. Dejando de lado el debate relacionado a las técnicas jurídicas, si estos extensos catálogos son necesarios, así como, la verdadera capacidad del Estado de garantizarlos, resulta imposible obviar el imperativo social que se refleja.

Los estallidos sociales de Nicaragua, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Chile, más allá de algunas particularidades estrictamente políticas o republicanas, para continuar con la nomenclatura, poseen el mismo sustrato social. Nicaragua, por ejemplo, estalla ante el intento de reforma del sistema de pensiones, por otro lado, Venezuela, con una crisis humanitaria por falta de garantía de casi todos los derechos básicos y los restantes países, por la inequidad injustificable, cotidiana y palmaria, que les resulta inaguantable a las nuevas generaciones, quienes han salido a liderar la gran mayoría de las movilizaciones callejeras.

Estamos en un momento de inflexión, donde las reformas a la Republica, como las modificaciones a su sistema político, reforzamiento de la división de poderes, entre otros, son total y absolutamente insuficientes. Resultaría incomprensible para la ciudadanía, que se coloquen en el centro del debate este tipo de materias, dejando de lado el aseguramiento efectivo de los derechos esenciales. Hemos consagrado la República después de las dictaduras, llegó el momento de conquistar la Democracia después de la República, porque los caminos para satisfacer la urgencia de estos postergados derechos, entrando al círculo vicioso latinoamericano, puede repetir la fórmula: ante insuficiencia de la Democracia llegamos indefectiblemente al autoritarismo.

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