Raul Arrieta

Raul Arrieta

Abogado. Cursó sus estudios de Magíster en Derecho Público en la Universidad de Chile y es Diplomado en Derecho Administrativo por la misma Universidad. Es socio de Gutiérrez & Arrieta Abogados, oficina especializada en derecho y la tecnología. Entre 2001 y 2010 desempeñó diferentes cargos en el Gobierno. Es Profesor de Protección de Datos en la Universidad Central de Chile y Ex-Presidente y Consejero del Instituto Chileno de Derecho y Tecnologías.

Proceso Constituyente: La calidad de la información es un riesgo

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Recientemente se dio luz verde al inicio del proceso constituyente con la Ley que habilita la realización de un plebiscito en abril próximo. Sin duda ello representa un primer paso para que Chile inicie un camino que nos conduzca inexorablemente a la búsqueda de un pacto político social que defina, entre otras cosas, la forma en que limitaremos y fragmentaremos el poder absoluto del Estado y establezcamos una serie de garantías idóneas para proteger a las personas. Sin embargo, en mi opinión lo que resulta más relevante, dada le génesis del movimiento que termina por impulsar el debate constitucional, es que discutamos profusamente sobre los contenidos que estarán en la base de nuestra forma de Estado y de su régimen político. Si ello no ocurre corremos el riesgo, como ha acontecido en muchos casos en los cuales los países se han dado una nueva constitución con posterioridad a un golpe de Estado o una gran crisis, en que la adopción de la nueva constitución termina por no tener contenidos radicalmente diferentes a los de la precedente, haciéndose dudar del verdadero sentido, importancia y urgencia que tiene el proceso iniciado.

Ahora bien, para que ese proceso se pueda producir asegurando que la ciudadanía comprenda a cabalidad lo que está en juego, sobre todo después de que el país abandonó hace tantos años la educación cívica, se hace necesario difundir y entregar información de calidad que permita a los electores discriminar entre las diferentes alternativas o propuestas.

Sin embargo, se debe tener presente que no es ningún secreto que los medios de comunicación tradicional han perdido el control de la distribución de información, con efectos inciertos para la robustez de las sociedades democráticas. La utilización de Webs, SMS, redes sociales, correos electrónicos, blogs, chats, plataformas, videos, llamadas automatizadas, entre otras, ha producido un innegable giro sobre la forma en que se hacen las campañas electorales, yéndose a estrategias de comunicación política más personalizada, aunque de rasgos masivos, pero poniéndose muchas veces en riesgo los principios más elementales que deben regir una contienda electoral (principio de objetividad, neutralidad política, transparencia e igualdad de armas).

Lo anterior es especialmente relevante si consideramos que ya hemos tenido las primeras reacciones de actores políticos manifestando el contenido de lo que será su campaña electoral para el plebiscito de abril próximo.

Es demasiado lo que está en juego, por lo que estimo resulta urgente tener un debate que permita sea normada la forma, oportunidad y medios en los cuales los ciudadanos podemos confiar a la hora de buscar información que nos permita participar de manera adecuada en el debate que se hace indispensable tener a la hora de definir el futuro de nuestro país.

Así, considero que es indispensable que se articule por parte de todos quienes participan del sistema electoral respuesta a preguntas tales como: cómo enfrentaremos los períodos de propaganda electoral, cuáles serán los medios en los cuáles ésta podrá tener lugar, cómo se enfrentará la información que se difunde por Internet y cómo se dará pleno respecto al derecho a la protección de datos personales que la constitución nos asegura. Sólo con consideraciones claras sobre ello la propaganda electoral se pondrá del lado de los ciudadanos y evitaremos que la agresión digital, las fake news, el uso de boots o cuentas falsas termine por distorsionar el contenido de la decisión electoral de cada persona. Estamos en un momento en que se está jugando el futuro de nuestro país, es necesario que seamos cuidadosos, prevenidos y que demos las garantías necesarias para que las personas se informen donde deben y aseguremos un futuro constitucional prístino para el destino de Chile.

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