Eugenio Severin

Eugenio Severin

Cofundador y director ejecutivo de “Tu clase, tu país”. Ha sido consultor internacional en educación para instituciones como UNESCO, BID, Banco Mundial y otras. Fue Especialista Senior en la División de Educación del Banco Interamericano de Desarrollo desde el 2008 hasta 2012. Trabajó desde 2003 y hasta el 2008 en la Fundación Chile. Fue Jefe de Gabinete del Ministerio de Educación de Chile entre el 2000 y el 2002 y luego fue Director Nacional de la Oficina de Asuntos Ciudadanos del mismo Ministerio.

Profesionales docentes

Share on whatsapp
WhatsApp
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

La calidad de la educación no sólo constituye una discusión técnica, sino que responde también a las visiones sobre la sociedad, su desarrollo, sus expectativas y posibilidades, su contexto y, por lo tanto, su definición tiene importantes componentes políticas, sociales y culturales. Esto tiene directa relación con la forma en que se entiende la tarea docente. 

Para una parte importante de las autoridades y durante muchos años, profesores y profesoras fueron entendidos como una ocupación técnica, que requiere capacidad para aplicar directrices, instrucciones y procedimientos predefinidos. Desde esta perspectiva, los docentes serían meros aplicadores de definiciones y prácticas dictadas por la autoridad experta, la norma y el currículo lo que muchas veces se ha reforzado por aproximaciones mecanicistas, basadas en la estandarización de la enseñanza y de la evaluación de los aprendizajes.

Por otro lado, en América Latina, el ejercicio docente muchas veces ha sido percibido más desde una perspectiva vocacional (“misionera”) que profesional. Los docentes serían desde esta aproximación,  sobre todo, una forma de asistentes sociales, contenedores y cuidadores de niñas y niños, antes que educadores. 

Por último, hay que considerar la visión de los docentes como “trabajadores”, centrados en la lucha por mejores condiciones para su labor, antes que como profesionales, definición muy difundida por los sindicatos de profesores, que aunque pone énfasis en el carácter social, no elitista y comprometido del papel de los docentes, se ha convertido en algunos países y contextos en un obstáculo para el reconocimiento de los docentes como auténticos profesionales.

En contraste, el desarrollo del conocimiento científico y tecnológico, así como la complejización de la vida social en el siglo XXI, pone particular fuerza en la necesidad de una concepción profesionalizante, sin que de ello pueda desprenderse una contradicción con el sentido vocacional o social que anima a muchos docentes, ni a la necesidad de dominar herramientas y prácticas asociadas al conocimiento.

La docencia es una tarea altamente compleja que requiere fundamentalmente integrar los conocimientos teóricos previos con la práctica, respondiendo a la demanda por soluciones efectivas y rápidas, teniendo presente las condiciones de contexto propias de la respectiva organización educativa (incluidos otros pares, las familias, los estudiantes, la comunidad y el proyecto educativo), organizar la disposición de tiempo de las clases, conducir a los estudiantes, sus conflictos y diversidad, tener un conocimiento suficiente del currículo, entre muchos otros elementos.  

Desde la sociología, una persona es reconocida como profesional cuando “adquirió, a través de estudios prolongados, un estatus y una capacidad para realizar con autonomía y responsabilidad, actos intelectuales no-rutinarios, en búsqueda de objetivos insertos en una situación compleja” (Beca, 2014). Un profesional tiene la capacidad de analizar contextos complejos, de manera reflexiva y relativamente rápida decidir un curso de acción y estrategias destinadas a cumplir los objetivos propuestos, considerando exigencias éticas asociadas, y luego ser capaz de analizar de manera crítica sus acciones y resultados (Paquay, Prrenoud, Altet y Charlier, 2001, en UNESCO, 2013).

En la misma tradición, Michael Fullan y Andrew Hargreaves (2012) describen el profesionalismo de la docencia a partir de aspectos como la aplicación difícil y sofisticada de técnicas, basada en una formación de alto nivel, la mejora continua, el desarrollo de un criterio basado en la evidencia y la experiencia, y la responsabilidad colectiva.

De este modo, la autonomía profesional de los docentes no puede ser comprendida como aislamiento o distancia del trabajo respecto de otros docentes y profesionales de la educación, sino también de otros profesionales (psicólogos, psicopedagogos, profesionales de la salud, sociólogos, economistas, académicos, etc.). Existe, en este sentido, un desafío pendiente de resolución para que los docentes desarrollen con fuerza habilidades y actitudes que favorezcan el trabajo interdisciplinario.

El reconocimiento que una sociedad hace de una profesión supone una manifestación de confianza en que, por su grado de conocimiento, compromiso y responsabilidad, quienes la ejercen están en condiciones de proponer las mejores respuestas posibles a las necesidades concretas que una comunidad tenga en el ámbito específico de su desempeño. “La legitimidad de una profesión es necesariamente el fruto de la valoración que se hace de la formación profesional” (Beca, 2014).

Una concepción de carrera docente basada en el profesionalismo significa que los criterios, herramientas e hitos de acceso, permanencia y progreso en ella, así como los apoyos que se disponen, giran en torno al dominio de capacidades y competencias demostrables para producir aprendizajes e insertarse de manera constructiva en la comunidad educativa.

Dar un salto significativo en la calidad de la educación en cualquier país signfica necesariamente dar un salto en el profesionalismo de los docentes, y eso demanda responsabilidades compartidas de los propios docentes, las escuelas, y las autoridades. Sin duda se requieren mejores condiciones para el ejercicio (infraestructura, remuneraciones, tiempos), pero al mismo tiempo, compromiso con el aprendizaje continuo y con los resultados de aprendizaje, y, antes que todo, un marco de acción para escuelas, directivos y docentes que genere espacios para el desempeño profesional de los docentes, con autonomía, confianza y reconocimiento de su importancia para la vida sana y el desarrollo de toda la comunidad.

Más del autor

Volver o no volver a clases, no es el dilema

No es del todo correcto que la falta de presencialidad durante la pandemia establezca como consecuencia inevitable la pérdida de oportunidades para el aprendizaje. Lo que sí ocurre es que la conocida desigualdad de nuestro país demanda que escuelas, docentes y estudiantes cuenten con las condiciones para poder proponer experiencias significativas en el contexto de la pandemia.

Educación es diálogo

Toda la investigación más reciente sobre la efectividad de la educación apunta a que la escuela eficaz es aquella donde los docentes son también aprendices con sus estudiantes, los directivos son aprendices con sus docentes.

Más para leer

No más toque de queda

El toque de queda es un mecanismo que nos pretende controlar mediante el miedo. Pero no nos ganará el toque de queda, porque ya demostramos que no tenemos miedo.

Quién sabe, hay que preguntarle a Radomiro

Suscríbete a nuestro Newsletter

¡Mantente al día con las novedades de Entrepiso y suscríbete para que la información llegue directamente a tu correo electrónico!