Veronica Pinilla

Veronica Pinilla

Ph.D. en Políticas Sociales y Administración, de la Escuela de Sociología y Políticas Sociales, The University of Nottingham; Magíster en Gestión y Políticas Públicas de la Universidad de Chile; Administrador Público de la Universidad Central. Consultora Senior con más de 20 años de experiencia en el sector público, en temas vinculados a la reforma del Estado y modernización de las instituciones públicas, transparencia y empleo público. Docente de la Universidad de Valparaíso, y Autónoma. Panelista permanente de Radio la Clave, y Ciudadanos 360 de CNN.

Queridos compatriotas

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Me motivo escribirles estas palabras porque no se a que mas más escribirles. Mi familia se encuentra a mas de 200 kilómetros de distancia y solo los veo por chat, a través de fotos medias borrosas que saca mi mamita de 73 años o mi padre de 84. Imagínense que bueno puede salir de eso.

Mis hermanos ya no escriben tanto como al inicio de la crisis, deben estar igual de lateados que yo, y solo recibo algún meme divertido de algún amigo o algún chiste barato de algún personaje público, incluido el mismo Piñera. Algunas veces recibo alguna reflexión interesante de mis compañeros de partido, quienes mucho mas serios que yo tratan de darle sentido a esta crisis y mirar hacia el futuro. Mis respetos a todos ellos. Debo aclarar que a mi poco o nada me resulta interesante o novedoso después de cumplir 30 días de cuarentena, casi todo cae en la categoría de aburrido. Mas que mal paso 24 horas al día mirando el teléfono y nada nuevo aparece bajo el sol.

En este sinsentido de un fin de semana eterno (3 días feriado, sálvame planeta) donde lo lavé todo, lo limpié todo, lo barrí todo, lo pensé todo, lo planché todo, y sin embargo no logré mover mas de unas horas las agujas del reloj, puedo declarar que este país pareciera no tener vuelta atrás. Se que la gente inteligente dice cosas inteligentes, pero yo no se que inteligente puedo decir después que el 13% de los autos que viajan cualquier fin de semana santa, salieron de Santiago este fin de semana, síiii… este fin de semana, que personas arrendaron helicópteros para literalmente fugarse de la realidad santiaguina y celebrar un fin de semana lejos de las recomendaciones de los expertos, que hoy han aparecido como nunca.

En este contexto es difícil que alguien espere algo razonable de personas como yo. Es difícil que logremos autodisciplina, como bien mencionada la Reina Isabel II en su ultimo mensaje dirigido a todo el United Kingdom y the Commonworld …. “Que seamos autodisciplinados y nos quedemos en casa, nos cuidemos los unos a los otros y que seamos capaces de pensar que volveremos a encontrarnos en un futuro, los amigos, las familias, los seres queridos”. Es difícil, porque si vemos a nuestra elite chilena actuando de manera despiadada y saliendo a la costa a como de lugar, menospreciando los llamados del gobierno, de su líder, de la iglesia, de los bomberos, los scout y de todos los grupos organizados habidos y por haber, me pregunto porque yo, una simple ciudadana del mundo, tengo que seguir las instrucciones y seguir creyendo en mi autoridad y seguir sus instrucciones, quedándome en casa, privándome de pasar un fin de semana con los amigos y familiares que quiero, no solo para cuidarme a mi sino que cuidar al pueblo chileno de una peste que ni en sueños habíamos imaginado.

Ahí está la cuestión mas interesante de todas: cuando la elite actúa autoprotegiéndose, toma un camino equivocado y se equivoca, somos nosotros, personas comunes y corrientes, con las mismas debilidades que el resto, las que debemos tomar buenas decisiones y aportar al destino de esta sociedad olvidada al otro lado de la cordillera. Somos nosotros los que debemos hacer la diferencia, y ser capaces de pensar que este futuro no es posible sin personas como nosotros, que no hay país sin el esfuerzo mancomunado de ciudadanos y ciudadanas dispuestos a aportar con acciones colectivas que engranden no solo la figura de Chile, sino que la propia imagen que tenemos de nosotros mismos. Ya no tenemos referentes, ya no creemos en el líder natural, de familia de linaje, y de ingenio sobresaliente que ha estado en la imagen colectiva por los últimos 40 años en Chile; ya no existe ese otro superdotado/a que venga a decirnos lo que debemos hacer.  Probablemente muchos de nosotros ya no creemos en nada ni en nadie, porque hay poco en que creer, pero en este momento es que aparece la figura simple del chileno común y corriente, qué con ánimo y temor al mismo tiempo, va construyendo su presente y su futuro, va generando un liderazgo digno de aplaudir, haciéndose parte de los deberes de cada uno y exigiendo los derechos que tanto hacen falta en una sociedad mínimamente desarrollada. Ese chileno/a empoderado, el que exige mascarillas para la primera línea sanitaria, que quiere saber realmente que medidas está tomando el gobierno en la crisis, es el que merece todo el respeto. Y para allá debemos ir, valorando mas al hombre y mujer del día a día y creyendo cada día más en nosotros mismos que en los que no dan el ancho. Así lograremos vivir esta cuarentena menos aburridos y esperanzados, porque después de esto tendremos un Chile mejor. 

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