Veronica Pinilla

Veronica Pinilla

Ph.D. en Políticas Sociales y Administración, de la Escuela de Sociología y Políticas Sociales, The University of Nottingham; Magíster en Gestión y Políticas Públicas de la Universidad de Chile; Administrador Público de la Universidad Central. Consultora Senior con más de 20 años de experiencia en el sector público, en temas vinculados a la reforma del Estado y modernización de las instituciones públicas, transparencia y empleo público. Docente de la Universidad de Valparaíso, y Autónoma. Panelista permanente de Radio la Clave, y Ciudadanos 360 de CNN.

R-evolución

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Lo que ha pasado en Chile en estos últimos 50 días y contando nos ha cambiado por completo. Lo he dicho y lo volveré a decir: fue como un Tsunami que llegó, arrasó con todo y nos tiene a todos tratando de entender, digerir, proyectar que haremos frente a esto. Muchos de nosotros lo han asumido desde el primero momento, generando y apoyando este movimiento social para que tome fuerza, para que permanezca, para que no descanse entre el alboroto y el albedrío de estos días. Otros se han sumado de a poco, tratando de establecer diferencias racionales sobre que éramos y que somos ahora, pero sin duda todos y todas somos diferentes a como pensábamos y veíamos a un Chile posible, antes del 18 de octubre. Probablemente tenemos más preguntas que respuestas claras, pero lo cierto es que esta tendencia a ahondar en un diagnóstico profundo y sin fin, dice relación con la poca capacidad de saber a ciencia cierta donde terminará todo esto. En definitiva, está todo por escribirse en esta historia del Chile del hoy y del mañana.

No puedo dejar de pensar en las tantas, cientos de revueltas y revoluciones sociales que se han dado a lo largo y ancho del planeta, sin nombre ni condición especial muchas de ellas, pero que han generado cambios sustantivos en los cimientos de sociedades que, siendo muchas de ellas relativamente estables, con ciertas garantías, derechos, legislación, sucumbieron a las revueltas por sufrir de una característica singular: la existencia de enormes desigualdades sociales. Pienso en la revolución francesa porque a su modo, y con los episodios que probablemente muchos conocemos, logró terminar con una monarquía e instaurar una República con valores de libertad, igualdad y fraternidad, los que siendo principios universales, lograron hacerse profundamente franceses, por la identidad que la revolución imprimió en las batallas ganadas, y en lo que hoy entendemos por democracia.

Lo que estamos viviendo en Chile no puede ser sino una revolución del siglo XXI. No es una revuelta solamente, sino un movimiento social transversal que ha logrado contar con el acuerdo de un número relevante de ciudadanos y ciudadanas, que con enfrentamientos profundos a lo establecido, y con participación masiva diversa en todas las ciudades del país, han logrado evidenciar esa desigualdad de antaño y de hoy, que impulsa las mismas reivindicaciones para Chile.

El calendario del proceso de convención constituyente ya está en marcha, y aunque veremos diferencias significativas entre sectores mas o menos conservadores, la bolita esta echada, a lo cual queda imprimirle compromiso, energía y persistencia para que éste logre sus mejores resultados: un proceso que debe ser obligatorio, que debe permitir que la mayor cantidad de personas participen con su voto, incluyendo jóvenes menores de 18 años; que tenga paridad de género, que respete cupos para grupos indígenas, y que sea un proceso claro, entendible y transparente para todos y todas.

Los avances en materia de Asamblea Constituyente van generando un sentimiento de evolución, entregando espacios de acuerdos transversales que, esperemos, hagan posible obtener un proceso lo mas participativo, inclusivo y abierto, dada las exigencias propias del siglo que estamos iniciando. No cabe duda que esto no es la única necesaria solución para el momento que estamos viviendo, pero si a esto se le suma una capacidad y voluntad política de establecer una agenda social adecuada, que de cuenta de un Estado mas robusto que garantice mayor bienestar, entonces estaremos avanzando a paso firme. Aunque la mayoría de las demandas sociales que se han escuchado son exigencias sentidas, y por lo tanto es difícil establecer aquellas que son más relevantes que otras, sí me permito establecer que existen necesidades más prioritarias, y que su resolución no solo logra establecer beneficios a mas personas (universales) sino que contribuye a emparejar una cancha conocida estructuralmente como desigual. Debemos empezar por pensiones y por establecer un sistema de salud sostenible para todos, no hay mayor urgencia que esas

La asamblea constituyente no debe verse venir sino que hay mandarla llamar a gritos, apoyando su construcción colectiva y democrática, permitiendo que se viabilice el proceso mas importante para Chile del siglo XXI: la r-evolución de para una nueva constitución.

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