Claudio Agostini

Claudio Agostini

Doctor en Economía, Universidad de Michigan. Académico de vocación, trabajo e investigo sobre temas tributarios y libre competencia. Independiente profundo. Por mis venas corre sangre verde, Audax Italiano es mi pasión.

Recaudación tributaria eficiente y progresiva

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Una de las discusiones que ha generado la propuesta de reforma tributaria es cómo compensar recaudación. Se ha planteado como objetivo que se mantenga, o incluso aumente, la recaudación actual y que esta recaudación sea progresiva, es decir, que venga de los contribuyentes de mayores ingresos.

En ese contexto, sorprende que no se discutan ni se planteen tres modificaciones tributarias que permitirían lograr esos objetivos.

La primera, es eliminar el sistema de renta presunta. Es un sistema obsoleto que ya no tiene justificación y que se usa mayoritariamente por personas de altos ingresos para pagar menos impuestos. Hoy la tecnología permite que las empresas pequeñas puedan pagar impuestos fácilmente y que el SII genere una declaración de impuestos en base a flujo de caja, sin que ni siquiera las empresas requieran de un contador. Se puede establecer un calendario para eliminar gradualmente la renta presunta y que las empresas se cambien al régimen 14TER. Su eliminación generaría alrededor de US$350 millones, los cuales provienen fundamentalmente de personas de altos ingresos.

La segunda es eliminar la exención a las ganancias de capital por venta de acciones con alta presencia bursátil. Esta exención se creó con el objetivo de profundizar el mercado de capitales y aumentar el volumen de transacciones en la bolsa de comercio, pero es una exención que genera una gran inequidad tributaria horizontal y que favorece principalmente a personas de muy altos ingresos. En un sistema tributario óptimo, que considera y trata todos los ingresos de igual forma, no tiene ninguna justificación. Si miramos varios países desarrollados, esa exención no existe. Por ejemplo, en Estados Unidos las ganancias de capital pagan entre 15% y 20% de impuestos; en Australia y en Dinamarca se consideran ingresos igual que cualquier otro, por lo que pagan la tasa que corresponde al impuesto personal del contribuyente (el equivalente a nuestro Global Complementario); y, en Irlanda, un país que a muchos les gusta mirar, pagan 30%. Derogar esta exención aumentaría la progresividad del impuesto al ingreso en Chile en forma significativa, pero al parecer no hay voluntad de siquiera discutir el tema.

Por último, hay que reevaluar y discutir el actual impuesto al diesel. Hay impuestos que son óptimos porque reducen externalidades negativas y el impuesto específico a los combustibles justamente uno de ellos, ya que el consumo del petróleo y sus derivados está asociado a mayor contaminación, congestión y accidentes de tránsito. No está demás recordar que, en el caso de los camiones, no sólo son los que contaminan y congestionan más, sino que adicionalmente deterioran más los caminos sin pagar por ello. Actualmente el impuesto al diesel es mucho menor que el impuesto a las gasolinas, lo cual genera una distorsión en favor de los camiones y los automóviles con motor diesel, y es una diferencia que debiera eliminarse. Si a esa distorsión le agregamos una devolución parcial del impuesto específico al diesel pagado, las cosas sólo empeoran. Lo correcto sería al menos igualar la tasa de impuesto a las gasolinas y al diesel y no devolver el impuesto pagado, ya que eso aumentaría la recaudación en alrededor de US$1800 millones, mejoraría la asignación de recursos en la economía.

La única razón para no hacer lo correcto con el impuesto al diésel es el temor a que los camioneros, un grupo poderoso, se tome las carreteras e intenten paralizar el país. En lo personal, me parece grave que el Estado esté secuestrado por un grupo de presión y no pueda imperar el estado de derecho. Siempre van a existir grupos de presión, pero el Estado tiene el deber de desenmascararlos y hacer lo correcto para el bien común. Este es uno de los desafíos mayores para las políticas públicas en Chile y la política tributaria respecto al diesel que favorece a los camioneros es mala para el país.

Ojalá en el Senado se puedan al menos discutir, sin temor y con argumentos, estas tres modificaciones tributarias.

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