Guillermo Moreno

Guillermo Moreno

Administrador Público de la Universidad Central. Asesor parlamentario de la bancada liberal. Coordinando voluntades para el Apruebo y la Convención Constitucional. 

Rechazo: una campaña vacía y desorientada.

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Este último tiempo, los sectores que están por el “Rechazo” nos han mostrado algunas destacables escenas:

  1. Semanas atrás la UDI fue blanco de merecidas críticas provenientes de distintos sectores, al citar inescrupulosamente “El derecho de vivir en paz” de Victor Jara, para una de sus imágenes de campaña por el Rechazo.
  2. Evópoli, en un incomprensible acto de insipidez política, opta por la “libertad de acción” que no es otra cosa que el abandono de una posición oficial frente a un plebiscito que marcará el futuro de Chile.
  3. El flamante retorno de Pablo Longueira a la escena política, declarando apoyar el “Apruebo” pero virando al “Rechazo” al día siguiente.
  4. Por último, el reciente spot en favor del “Rechazo”, que muestra a una pareja de chilenos de visita en Buenos Aires. Estos entablan una conversación con un taxista argentino, en la que se compara la realidad económica de ambos países, sugiriendo que una nueva constitución nos haría “retroceder en lo que hemos avanzado”.

Al respecto, se confirman algunas realidades de la derecha. En primer lugar, este tipo de acciones viene a continuar una táctica comunicacional limitada a la caricatura y el simplismo, la mayoría de las veces carente de sustento. Esto se ve reflejado en el reiterado uso del slogan “Rechazo la violencia”, que, en la misma línea que “El derecho de vivir en paz”, insinúa irresponsablemente -y sin razón alguna- una relación entre la violencia y el anhelo de una nueva constitución.

También existe un infructuoso intento por ir más allá del slogan, sin embargo, recae en inconsistencias evidentes mediante dos tesis que son simplemente incoherentes. Por un lado, se sostiene que una nueva constitución podría generar cambios radicales haciéndonos retroceder en lo avanzado, y al mismo tiempo afirman que lo mejor es “rechazar para reformar”, pues la nueva constitución no produciría cambios suficientes que alteren el orden actual. Ciertamente, si este tipo de discurso implicara un mínimo razonable de fundamentación, no caería en el absurdo de promover paralelamente la teoría apocalíptica de la refundación y la tesis de la inutilidad del cambio constitucional.

Pero más allá del mensaje -en los hechos, confuso- que la campaña del Rechazo pretende entregar, llama la atención como aquellos que han resguardado los pilares de la Constitución de 1980, hoy renuncien por completo a la defensa de su contenido y del modelo político-económico que de esta emana. La desorientada campaña del Rechazo delata una verdadera descomposición ideológica de la derecha chilena, profundizada por la crisis social reciente. Esto limita por completo la capacidad de articular un relato político, y de ahí se deriva que no estén siquiera intentando explicar la conveniencia de mantener la actual carta magna.

Así las cosas, la versión socialdemócrata de Joaquín Lavín está lejos de ser simplemente una apertura programática o una impúdica maniobra electoral, sino que es la patente renuncia a defender en la esfera pública el proyecto político de la derecha. Es el agotamiento de una visión de sociedad sometida a un nivel de impugnación y deslegitimación que la hace insostenible.

No es de extrañar que en la recta final que resta para el plebiscito del 25 de octubre, marcada por la transmisión de las franjas televisivas y el despliegue territorial, permanezca e incluso se intensifique esta tendencia, finalmente no responde unicamente a una estrategia deliberada sino que termina siendo el único recurso político al cual el conservadurismo chileno puede recurrir.

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