Andrés Villar

Andrés Villar

PhD en Relaciones Internacionales de la Universidad de Cambridge. Cientista Político de la Universidad Católica, con estudios en Science-Po París. Volví para trabajar como Investigador en FLACSO-Chile. Fui Analista del Ministerio de Relaciones Exteriores. Tras finalizar mis estudios doctorales trabajé como Investigador Asociado en el Centre for Rising Powers(Universidad de Cambridge). Lo mío son las Relaciones Internacionales.

Repensar la integración latinoamericana: coaliciones ad-hoc

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A nivel multilateral, el principal problema que enfrenta América Latina es su dificultad para mantener instituciones o mecanismos de coordinación capaces de regular sus relaciones internas, representar sus intereses ante la comunidad internacional y dar respuestas a los desafíos de la región. Esto ha sido así desde los primeros proyectos integracionistas en la década de los sesenta.

¿Qué opciones de política podrían pensarse dentro de la subregión para enfrentar problemas regionales vigentes y/o potenciales? ¿Qué tipo de institucionalidad, agendas e instrumentos de cooperación deberíamos promover? ¿Cómo repensar las relaciones de Chile con el resto de América Latina y el Caribe hacia mediados del siglo XXI? ¿Cuáles son los principales obstáculos y oportunidades? ¿Cómo conciliar la prioridad latinoamericana con otras prioridades, como el Asia Pacífico?

Es cierto que algunos países han logrado grados importantes de integración bilateral, llegando incluso a crear mecanismos para regular sus políticas económicas o de seguridad. También es cierto que a nivel regional se puede registrar progreso en la integración de sistemas de comunicación, culturales, de transporte y obras públicas, pero los gobiernos se han mostrado hasta ahora incapaces de negociar posturas comunes ante crisis regionales, o de coordinar propuestas y posiciones que reflejen sus intereses ante la comunidad internacional. Las cláusulas democráticas insertas en los pactos regionales han tenido resultados poco exitosos y en algunos casos, como el de UNASUR, los intentos para aplicarlos han acabado por destruir la institucionalidad de la propia organización.  

Hoy se hace visible una profunda crisis de los organismos de integración. A la desaparición del Pacto Andino y la parálisis de Mercosur, se ha sumado el de la CELAC, y el colapso de UNASUR, la más ambiciosa iniciativa de integración de la región. La Alianza del Pacífico, que tanto aplauso congregara hace pocos años, carece de vigor para integrar a sus miembros más allá de armonizaciones arancelarias o medidas de facilitación de comercio. El ALBA, actualmente desaparecida, no fue más que una asociación ideológica de gobiernos que siguieron el patronazgo ejercido por el régimen venezolano. Es destacable sin dudas que los intentos de dialogo intergubernamental continúen, pero no puede valorarse que las instituciones sean creadas para luego ser abandonadas, ni son estos diálogos por si mismos demostraciones de una comprensión acerca de la urgencia que tiene el momento actual.

Al menos desde el retorno a la democracia, Chile ha declarado sistemáticamente a América Latina como su primera prioridad de política exterior. Ello ha contrastado, por una parte, con quienes perciben que el país debería enfocar sus relaciones con potencias extra-regionales y centrado en el Asia Pacífico.

La política exterior de Chile ha tenido una histórica vocación internacionalista y latinoamericana que debe ser repotenciada. La opción política para enfrentar los desafíos transfronterizos es a través de acciones concertadas con aliados estratégicos, vía instituciones regionales y globales. En una época de incertidumbres internacionales, Chile tiene que manifestar su compromiso por la cooperación internacional y el respeto por los acuerdos. La gobernanza mundial está en crisis, la globalización como la conocemos debe cambiar. Ayudar a mejorar la legitimidad y fortalecer los regímenes internacionales debe ser el sello del país. Es por ello, más que crear nuevos mecanismos de integración, hay que evaluar la posibilidad de ir construyendo coaliciones Ad-Hoc a temáticas relevantes como las migraciones o la crisis climática. Es decir, ante los desafíos regionales actuales y futuros, generar las condiciones para una convergencia de intereses nacionales e internacionales capaces de dar respuesta coordinadas y efectivas a la necesidad de nuestra población.  

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