Gabriel Alemparte

Gabriel Alemparte

Abogado, Master en Ciencia Política. Fue jefe del Gabinete del Ministerio de Obras Públicas entre 2014-2018. Administrador Municipal, Director Jurídico y Director de Desarrollo Comunitario de los Municipios de Maipú y Providencia. Ha sido asesor de los Ministros de Justicia y del Ministerio de Transportes. Becario de la Fundación K. Adenauer. Es Consejero de la Fundación Vicente Huidobro. Actualmente se desempeña como consultor de empresas en AlemparteVillanueva Abogados.

Resaca de Cúcuta

Share on whatsapp
WhatsApp
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

El Gobierno de Chile ha violado la Constitución. La conclusión la asestó la Corte de Apelaciones de Iquique la semana pasada, ante la expulsión de 52 migrantes venezolanos ampliamente difundida por los medios de comunicación.

En ella, y en una imagen digna de un sadismo que llama la atención por su puesta en escena, 52 personas eran acompañadas con trajes blancos a un avión de la FACH que despegó desde el aeropuerto de Iquique, para proceder a la expulsión de los migrantes, recordando los viajes de supuestos talibanes o combatientes de ISIS antes de ser llevados desde bases norteamericanas a las cárceles secretas en Guantánamo.

El exitismo comunicacional del Gobierno se veía acompañado de las desafortunadas declaraciones del Canciller Allamand sobre la vacunación de migrantes, olvidando -como suele hacerlo Allamand- que exactamente hace dos años atrás el Presidente y su advenedizo antecesor Ampuero hicieron de la “causa venezolana” la “causa internacional” del Presidente Piñera. En ella, llamaban a derrotar la dictadura de Maduro en las puertas de su frontera con Cúcuta.

A dos años del lamentable episodio, quizás uno de los chascos más vergonzosos de nuestra política exterior -desde Pinochet en Filipinas-, mientras Piñera esperaba junto al titiritero Juan Guaidó la caída por arte de magia del régimen para ingresar triunfantes a Caracas -cuan Fidel en su 1 de enero-, ello no ocurrió.

Desde ese momento el supuesto compromiso de Piñera con Venezuela fue total y estrecho, hasta embajadora tuvo Guaidó en Chile, pagada por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile y con escaso brillo en relación a los miles de migrantes que llegaban a nuestras fronteras acogiendo el llamado presidencial.

Que Piñera cometió un error de cálculo -que otros Jefes de Estado esquivaron con maestría- es evidente, y su intención de figuración como el adalid de la democracia se convirtió en un mal sueño de un Presidente a quien las graves violaciones de Derechos Humanos después del 18-O lo acompañarán por mucho tiempo.

En ese estado de cosas, esperar que miles de venezolanos se desplazarán arrancando desde Venezuela a Chile era evidente. Piñera no solo había demostrado su “compromiso” -y torpeza- para manejar el tema de Venezuela, más llena de voluntarismos que una sosegada demostración de política internacional o información de inteligencia, que permitiera creer fehacientemente que la caída de Maduro era inminente.

Piñera había, incluso, ganado su campaña en base al terror de la instalación del concepto de “Chilezuela” que confundía la necesidad de cambios y reformas que venían planteándose en la sociedad con el inmovilismo ofensivo de la derecha.

En ello, el 18-O pilló nuevamente desprevenido a Piñera y su equipo más que a nadie, y lo que otrora pontificara como el demócrata del barrio se convirtió en la pesadilla de contradicciones aberrantes que hemos visto en tres años de política exterior piñerista.

Pero volvamos al amparo presentado por el Servicio Jesuita Migrante, resuelto por la Corte de Iquique. La Corte discurre señalando que la expulsión de los 52 migrantes venezolanos incumplió y puso en riesgo su seguridad individual, siendo una medida de suyo gravosa, sin existir la posibilidad de controvertir o accionar por medio del derecho a defensa de los afectados ante una resolución administrativa de la Intendencia de Tarapacá.

En efecto, varios medios de comunicación consignaron –por medio de los afectados- que éstos fueron detenidos en sus lugares de refugio, se les hizo llenar un formulario y se les conminó a no apelar las resoluciones que imponían una expulsión inmediata de Chile, la que se produjo solo horas más tarde. Este hecho no es nuevo, ya con anterioridad, el Gobierno había corrido contra órdenes de no innovar de Cortes de Apelaciones, para que aviones despegasen antes de notificarse las mismas.

Es un hecho que existe ya suficiente jurisprudencia de nuestros Tribunales que protegen y han sido refractarios a estas expulsiones convertidas en un show mediático. Pero ahí continúa el Gobierno violando la Constitución y la ley que dicen resguardar.

En efecto, los venezolanos expulsados no tuvieron derecho a la defensa que la Constitución asegura a todas las personas, y se basó única y exclusivamente en una decisión administrativa del Gobierno, cuando, a juicio de la Corte de Apelaciones respectiva debió haberse iniciado una investigación penal por el delito de ingreso ilegal al país, asunto del que la Intendencia de Tarapacá se desistió -groseramente- al recibir, supuestamente desde Santiago, la orden de expulsarlos por la vía administrativa y no iniciar la denuncia penal a la que por ley estaban obligados a realizar.

Chile, por medio de su Ministerio del Interior, violó la Constitución en esta materia, y el deber de protección al migrante. Es un hecho y debe avergonzarnos, más con un Gobierno que ha hecho de Venezuela y la lucha por su democracia, la invitación a una nueva era de democracia que limpiase los malos antecedentes de la derecha en la materia.

Debe avergonzarnos también, pues el Gobierno es incapaz de buscar una solución multilateral a un problema de seguridad regional, y por último debe enardecernos porque una vez más este Gobierno demuestra que ante la presión de grupos de la derecha reaccionaria que pululan dentro del mismo, ceden rápidamente al llamado populista de las cámaras de televisión.

La política exterior no se hace así, y de la cosecha de tres muy malos años de señales erróneas y torpes de nuestra Cancillería será mucho lo que un nuevo Gobierno deba reconstruir para dar nueva credibilidad a una política exterior multilateral, y por lo pronto suscribir el Pacto de Marrakesh que Chile dejó plantado a última hora en junio de 2018 y que asegura una migración segura enfrentando este delicado tema desde una perspectiva común.

Cómo bien dijo, el ex ministro y presidente de RN, Mario Desbordes esta semana sobre los migrantes venezolanos: “Hay que reconocerlo, nosotros los invitamos a venir”.

Más del autor

La Conjura de los Necios

Cuando las definiciones no existen, y la democracia se centra en la popularidad ramplona, simplista y sin evidencia técnica, asistir al momento que vive Estados Unidos, y que a ratos –más seguido de lo que uno quisiera- se pasea por nuestro jardín, impone un momento único, en que o nos decidimos a dar un salto para un proceso histórico ejemplar, o la mediocridad y la seducción del populismo se impondrán tristemente, no permitiendo que los chilenos canalicemos un momento único de nuestra historia. De todos nosotros depende.

Una vez más: Sobregiro

“Si el Presidente de una vez comprendiera que la acción y el mensaje son lo importante, y la manera de encarnarlo es aún más relevante, los chilenos comenzarían a creerle, a entender que lo que le preocupa es el país y no él mismo.”

Indulto y proyecto de uso de armas de fuego por la policía: La desmesura total

El proyecto de ley de indulto general por razones humanitarias en el contexto del estallido social del 18 de octubre, presentado por cinco senadores, constituye uno de los proyecto más desafortunados y torpes del último tiempo, que da cuenta de la manía parlamentaria de legislar sin seriedad alguna, basados en nula información analítica o evidencia, y que socavan la seriedad en las instituciones.

Más para leer

Improvisación Electoral

Los gobiernos debiesen ser los principales impulsores del cuidado de las instituciones y no trasladarles presiones innecesarias que además son solo producto de la falta de pericia política y de la capacidad de anticiparse a tiempo a los hechos.

La mala educación

Piñera a estas alturas, ya se muestra tal cual ha sido siempre y sin disimulo, un derroche de anuncios vacíos, pero su poder ya no existe, es mínimo encerrado con un grupo de ministros -quizás el Comité Político más débil desde el retorno de la democracia- que se convierten en simples empleados que asienten y corren tras el jefe cuando éste se da vuelta y se va.

Quién sabe, hay que preguntarle a Radomiro

Suscríbete a nuestro Newsletter

¡Mantente al día con las novedades de Entrepiso y suscríbete para que la información llegue directamente a tu correo electrónico!