Gloria De la Fuente

Gloria De la Fuente

Es cientista política de la Universidad Católica de Chile y doctora en Ciencias Sociales de la Universidad de Chile. Presidenta de la Fundación Chile 21, miembro del Consejo directivo del Consejo para la Transparencia y miembro del Consejo Asesor permanente para la Reforma del Estado. Es también columnista y colaboradora de diversos medios de comunicación.

Resignificar y renovar una plataforma socialista

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Uno no puede más que alegrarse cuando en momentos donde el mundo de la izquierda en Chile y en el mundo pasa por un momento complejo, haya quienes quieran promover la tarea de repensar el ideario que les convoca. Tal es el sentido de lo que se ha planteado la iniciativa que se ha denominado “Plataforma Socialista” por estos días, que reúne a una serie de militantes, ex militantes y simpatizantes del socialismo chileno. Creo que es una apuesta valiente en momentos donde la política se vuelca a las dinámicas de corto plazo, donde las alianzas de antaño deben resignificarse y donde, en definitiva, las democracias atraviesan por una especie de “recesión” en el mundo entero.

Creo que esta reflexión requiere tiempo y madurez, por tanto, advierto cierto peligro en que ella se convierta sólo en una cuestión de alianzas político- electorales. Me explico, hay quienes a propósito de esta iniciativa han señalado ex ante una política de acuerdo y exclusiones donde habría una apuesta privilegiada por generar un entendimiento con el Frente Amplio y el Partido Comunista, con exclusión de la Democracia Cristiana. A mi entender, partir una reflexión de esta manera genera una especie de cerco sobre lo que es posible y plantea de ante mano un juicio sobre una serie de definiciones aún en desarrollo entre los esperados aliados. Por ejemplo, cuestiones como la opción irrestricta por la democracia (a propósito de Venezuela), la relevancia del crecimiento como motor de desarrollo para la redistribución de ingresos y bienestar, la gradualidad versus la adopción de medidas radicales en materias vinculadas a las políticas públicas, entre otras, son cuestiones que requieren un debate de fondo, me temo, incluso al interior de partidos y coaliciones que parecen hoy en día compañeros naturales para este espacio.

En tal sentido, quisiera plantear una pregunta que fue objeto de un seminario en el que fui invitada a participar hace algún tiempo y cuyo, al menos intento de responder, me parece puede ser un aporte para enfrentar los debates que vienen ¿hacia dónde va la izquierda en Chile?

Parto con una constatación sobre la vigencia de las categorías izquierda y derecha. Según la última encuesta CEP de mayo de 2019 la categoría “ninguno” en la autoidentificación en el eje izquierda y derecha en Chile pasó de 44% en 2006 a 64% en 2019.  Esto quiere decir que un porcentaje bastante abrumador de ciudadanas y ciudadanos de este país no encuentra sentido a estas categorías. Agrego un dato más, entre 2006 a 2019 pasamos de un 53% a un 19% de identificación o simpatía con los partidos. Esto no deja de ser una paradoja, en momentos donde han emergido nuevas fuerzas en la política nacional, devenidas en movimientos o partidos que tienen, además, representación parlamentaria. Por cierto, esto puede ser obra del fenómeno global que ha generado la crisis de representación en las democracias del mundo. No obstante, más allá de la obsolecencia o no de estas categorías, creo que lo que está realmente en juego es poder resignificarlas.

Vuelvo a la pregunta original entonces ¿hacia dónde va la izquierda? Históricamente la identidad de la izquierda no ha sido una sola. Han convivido en su tradición aquella vertiente que llamaremos “revolucionaria” que ha buscado la transformación social, legitimando incluso para ello una vía donde ha sido posible sacrificar algunos principios básicos de la democracia como son la libertad y el respeto a derechos fundamentales. Hay otra izquierda, que llamaremos “socialdemócrata” que tiene una opción irrestricta por la democracia como valor y no sólo como instrumento y que tiene una visión reformista y gradualista de transformación social. Probablemente ambas izquierdas comparten un sentido por la justicia social, pero sus instrumentos y sus niveles de “tolerancia” respecto a la economía capitalista son diferentes.

Creo que la primera forma de izquierda fue derrotada tras la caída de los llamados “socialismos reales” en el mundo – aunque existen varios nostálgicos-, mientras que la segunda ha entrado en una fase de compleja, porque paradójicamente, después de la crisis financiera internacional en el mundo, se vio cuestionada y alicaída por la incapacidad del Estado de hacer frente al deterioro del estado de bienestar.

Así las cosas, creo que en nuestro panorama de la izquierda nacional conviven aún ambas tesis, aunque con preeminencia de la segunda sobre la primera. No obstante, creo que las diferencias están menos en la construcción del futuro como en las diferencias respecto a la manera de interpretar el pasado. Nuestro dilema se parece bastante al que ha enfrentado al PSOE con PODEMOS en España, es decir, una izquierda que ha sido crítica de la otra izquierda, pero que no ha sido gobierno y que no ha tenido, hasta acá, la posibilidad de levantar un proyecto contundente. El problema de esta falta de acuerdo es que, como ha quedado de manifiesto en ese país, ello plantea la imposibilidad de generar gobierno y en nuestro caso, podría consolidar la incapacidad, por mucho tiempo, de pensar en ser alternativa de futuro.

Me quedo con una frase de Iñigo Errejón, que ha sido uno de los promotores de un amplio acuerdo progresista en España, parafreseando a Ortega y Gasset “no me pidan que sea coherente con mis ideas, pídanme que sea coherente con la realidad”. Las urgencias son muchas en una democracia que convive con un problema relevante de desigualdad, que no tiene lejos la amenaza del populismo y donde el modelo de desarrollo ya no da el ancho para enfrentar cuestiones como la emergencia climática, que está cada vez más inserta en la realidad local con efectos aún impredecibles.

Por cierto, tan importante como el contenido de diálogo son también los actores de este. Ser de esta izquierda que promueve la justicia social, la democracia y que tiene conciencia de la relevancia del crecimiento para generar bienestar social, no es solo cuestión de discurso, sino que de trayectoria y de coherencia vital.

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