Miguel Yaksic

Miguel Yaksic

Licenciado en filosofía y teología y máster en ética social. Desde diversas veredas ha estado vinculado a lo político y la ética pública. Ha trabajado en la formación de trabajadores, en la promoción de los derechos humanos de las personas migrantes y refugiadas, en el desarrollo de competencias interculturales, en consultoría y docencia universitaria. Actualmente trabaja en el Consejo para la Transparencia y es profesor adjunto de la Escuela de Gobierno UC.

Rock the vote

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“Rock the Vote is a nonpartisan nonprofit dedicate to building the political power of young people”.

Así comienza el “quiénes somos” de esta fundación sin fines de lucro estadounidense que fue fundada para combatir la censura contra la música y el arte de raperos y hiphoperos. Su primera consigna fue que la censura era no-americana (o sea, que atentaba contra la libertad) y con ella quiso comprometer a los jóvenes del país para luchar contra del control manipulador de unos pocos que querían hacerse del poder. La cultura pop, la música, el arte y la tecnología han sido las herramientas usadas por esta ONG para involucrar a los jóvenes con la política y la construcción del poder colectivo.

Aunque parezca débil se dieron cuenta que mover a los jóvenes a votar era fundamental. Y revolucionario. Porque estaba en juego la democracia participativa. Y el valor de las instituciones.

Qué ganas de contar con unos sponsors que se le jugaran por apoyar una iniciativa como esta. Que vieran que el plebiscito de abril es una oportunidad enorme. Y que pensaran que tenemos solo un par de meses para marcar la diferencia y sacar a los centennials a la calle y a las urnas a votar “apruebo”.  Y que luego siguiera la campaña para que los jóvenes ejercieran control social y ayudaran a cautelar el contexto adecuado para que el proceso constituyente se llevara adelante con seriedad y profundidad. Y que terminaran votando satisfechos en el plebiscito de salida agradecidos del proceso y confiados en la nueva Constitución. Y confiados en la política, en la democracia y en las instituciones.

Habría que ser inteligentes. Convocar artistas y echar mano de la tecnología. Habría que imaginar plataformas de participación y deliberación virtuales. Convocar a los innovadores. A los que están creando “labs” de todo tipo. Crear conciencia acerca de lo que está en juego. Evidenciar que los que dicen que una nueva Constitución en nada cambiaría la vida concreta de las personas están perdidos. Bien perdidos. Porque hay mucho en juego y porque mucho puede cambiar. Habría que tener fe, eso sí. Y confianza. Y creer que la anomia tiene vuelta. Que tiene cura. Y que el “rock the vote chileno” está dedicado a combatir la enfermedad de la anomia. Y que el voto es la cura. Y que la violencia no es el único camino eficaz para la transformación social y política. Habría que ayudarlos a creer en la renovación de las fuerzas colectivas. A creer en el valor de los empeños comunitarios y en el poder de las organizaciones sociales de base. Habría que incoar la convicción en sus corazones que la vida con otros y cuidando de otros es una vida mejor para todos.  

Se podría inventar algún mecanismo bonito para recordarnos cuánta sangre costó mover la soberanía desde el poder absoluto hasta el pueblo que, unido-jamás-será-vencido. Y cuánta sangre nos han costado los fascistas de todo tipo, que no son héroes, sino villanos. Una app que no recordara cuánto trabajo costó hacer el espacio del voto para la mujer. Recordar cuánto tuvo que sufrir el mundo para que termináramos creando ese elenco de atributos inalienables llamados derechos humanos.  Podríamos crear alguna otra tecnología que nos mostrara que nunca en la historia ha habido menos corrupción, más transparencia, menos pobreza, más educación y menos hambre que hoy. Y otra app que le recordara a algunos que votaron por el sí el `80 que ahí sí que no había condiciones. Que no había registros electorales, ni partidos políticos, ni libertades de asociación, ni apoderados de mesa, ni democracia. Y que ahí sí que había violencia. Y ejercida por el Estado, lo que es peor.  Aunque para esos habría que poner un aviso en el diario, porque capaz que no sepan cómo descargar una app.

Imagínense una organización sin fines de lucro formada por personas bien creativas dedicadas a mostrarnos el poder colectivo y comunitario del voto. Pero no solo del voto, sino que de muchas otras formas de participación callejera. Pero también de participación institucional.  Es feo ponerse oportunista y robarse la idea de otras, pero inventar una consigna que rezara algo así como que “la democracia eres tú” o “la participación eres tú” o “el poder eres tú”.

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