Gabriel Alemparte

Gabriel Alemparte

Abogado, Master en Ciencia Política. Fue jefe del Gabinete del Ministerio de Obras Públicas entre 2014-2018. Administrador Municipal, Director Jurídico y Director de Desarrollo Comunitario de los Municipios de Maipú y Providencia. Ha sido asesor de los Ministros de Justicia y del Ministerio de Transportes. Becario de la Fundación K. Adenauer. Es Consejero de la Fundación Vicente Huidobro. Actualmente se desempeña como consultor de empresas en AlemparteVillanueva Abogados.

Sacar las castañas con la mano del gato

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Hay momentos en que todo toca un límite, y ese límite es el respeto por la soberanía popular y la democracia.

Hace menos de un mes los chilenos abrumadoramente y por un 78%, apoyamos el inicio de un proceso constituyente que se encuentra reglado, aprobado por ambas ramas del Congreso, generó un capítulo especial de la Constitución (Capítulo XV) y además, fue publicitado y dado a conocer a los chilenos.

Por eso cuando leí el anuncio de las diputadas Jiles, Vallejo, Girardi, Fernández, Rojas, Sepúlveda de presentar un proyecto para modificar el quórum de 2/3 de la Convención Constituyente y ajustar algunas normas de su funcionamiento como “optimizar” la hoja en blanco, quedé tal cual en “blanco”. Creí sinceramente que me tomaban el pelo. Cuando atiné que lo anunciado era cierto, no quedó más que preguntarme:

¿Cuál es el límite de estas parlamentarias? ¿Qué tipo de desdén tienen por los millones de chilenos que votamos con reglas claras y concurrimos en medio de una pandemia a votar? ¿Hasta cuando jugarán con la fragilidad de un proceso que ha debido sostenerse muchas veces con voluntad, y mucha, y que fue ratificado por una participación única?

Mientras corrí a leer detalles del proyecto, me hacía estas preguntas ya que creo demuestran el pozo profundo que hemos tocado. El irrespeto máximo a las reglas democráticas en “representación” arrogante de la “mayoría” algo que nadie les ha otorgado. Cuando aquello ocurre y la voluntad se acomoda a la declaración del día, borrándose con el codo lo que se escribe, finalmente se horadan la institucionalidad, la credibilidad y la creencia en la democracia. Así de grave y doloroso.

En nombre de estar contra “los mismos de siempre” y “representar a la calle” algunos creen que pueden pasar encima de todo, de cualquier cosa, con sus ideas y bravatas, con sus estridencias y desvaríos. Eso no es la vida civilizada y democrática, eso solo nos acerca a las profundidades de la violencia y la vida fuera de la sociedad. Así de simple, así de grave.

Las diputadas tienen derecho a presentar el proyecto que quieran, eso no está en discusión, mañana alguno podrá presentar un proyecto para levantar un monumento a los elefantes verdes, al día nacional de la rayuela corta o a la bandera más linda de la tierra, sobre proyectos hemos visto todo y se verá en el Congreso si se aprueban o no. Eso no se cuestiona, nuevamente: porque son las reglas del juego.

Lo que se cuestiona es; bajo que premisa cabe arrogarse representar e interpretar lo que la mayoría votamos sobre normas que debemos conocer y se entendían conocidas por todos. Bajo que respecto se transforman en exégetas de la voluntad mayoritaria de Chile y piden reformar lo que ya ratificamos.

Lo que irrita en este caso, no es solo el irrespeto total a las mínimas normas de convivencia democrática, que son acordar y cumplir lo acordado. Lo que molesta al final del día, es el acto de soberbia de “interpretar” a una supuesta mayoría que no representan; máxime cuando varias de las diputadas patrocinantes tuvieron la increíble “performance” de rechazar el acuerdo del 15 de noviembre de 2019, con la misma soberbia, desechar posteriormente el nuevo capitulo XV de la Constitución, en noviembre de 2019, que habilitaba el proceso constituyente, y lo que es más insólito, bregar por el apruebo, celebrar, arrogarse su triunfo y ahora desconocer tratando de interpretar la voluntad de millones, las normas ante las que miles de chilenos concurrieron a las urnas.

El 25 de octubre millones de chilenos y chilenas votamos informados.

Aprobar significaba jugar con las normas del juego, nos gustarán o no, 2/3 incluido, quien quiera desconocer aquello o no entiende que es la democracia o demuestra un desconocimiento peligroso de sus actos. Por ello, ver lo que hemos visto en estas horas, demuestra el desprecio o lisa y llanamente, un nivel de populismo -y esta vez la palabra está bien usada- que no tienen límites. Además, se juega con la buena fe de los chilenos que desde todos los sectores políticos votaron por el apruebo, confiando en el respeto a las reglas que se presumen conocidas por todos.

Sencillamente tras esta propuesta hay mala fe, confunde a muchos que dicen “yo no voté por los 2/3” lo cual es desconocimiento, pero las diputadas saben -o al menos debiesen saber- el tenor del Capítulo XV de la Constitución, que es claro y preciso, en las reglas del proceso constituyente. Este tipo de actitudes en que la autoridad desconoce lo ratificado pone en entredicho el ordenamiento jurídico y el cumplimiento de la ley por cada ciudadano y ciudadana.

La ley se presume conocida por todos, y jugar con ello siendo una autoridad demuestra una grave transgresión a las normas mínimas de respeto por la mayoría, por la Constitución y la ley que juraron o prometieron respetar.

Seamos claros, nadie es dueño, ni administrador de esa inmensa mayoría de chilenas y chilenos que votaron con entusiasmo el 25 de octubre, quien pretenda arrogarse esa representación, no solo comete un error, sino demuestra una arrogancia vergonzante contra el pueblo de Chile.

El proceso constituyente es y ha sido difícil, lo seguirá siendo, muchos afiebrados -como en este caso se han preocupado de hacerlo más complejo desde la derecha y la izquierda radical- pero los chilenos y chilenas no podemos aceptar que las agendas personales de algunos, soslayen la voluntad popular, jueguen con las expectativas, confundan a la ciudadanía debilitando un proceso único e histórico.

Hago desde este humilde espacio, un llamado a los demócratas de Chile, a oponerse a semejante aberración y decir basta de una buena vez. Las reglas del juego no se cambian en mitad del mismo, eso uno lo aprende siendo un niño.

Aquí traspasaron el límite y perdonen que vaya más allá, trataron de “sacar las castañas con la mano del gato”. Llegó la hora de defender la voluntad rechazando semejantes desvaríos, que realmente indignan y repugnan el sentido del proceso democrático que estamos viviendo.

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