Francisco Javier Diaz

Francisco Javier Diaz

Abogado y cientista político (U. de Chile, London School of Economics). Analista, columnista, ex-influencer y speechwriter profesional. Fue Subsecretario del Trabajo (2014-2018), ahora ejerce como abogado en materia laboral.

Sin odio, sin miedo: voto más o menos

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Debo confesar que en casi 20 años como columnista político, pocas veces vi una decisión tan incomprensible como la de los senadores de RN –y probablemente de Evopoli– de anunciar su  voto Rechazo a comienzos de enero, después de haber anunciado Apruebo a fines de noviembre.

Dijeron hace pocas semanas que una nueva Constitución democrática era lo que necesitaba Chile y algunos incluso anunciaban cambios sustantivos, como por ejemplo, cambiar el sistema presidencialista.

Ahora se anuncia un voto extraño (“rechazo con reformas”), con una débil justificación, sin que cambiara mayormente el contexto. Voto rechazo, pero igual quiero cambiar la Constitución, dicen en RN. No voto Sí, ni tampoco No. Voto más o menos.

¿Está Chile esperando semejante ambigüedad y tibieza?

La decisión es incomprensible desde todo punto de vista. Todo indica que el objetivo de parte de RN, azuzada por el La Moneda, es generar un eje de opinión de “orden” versus “desorden”. Ese eje, a juicio de Allamand et al, tendria la capacidad de recomponer y liderar al menos un 40% en el plebiscito de abril, y voto voluntario mediante, ese 40% puede subir incluso más.

Peor aun: las torpezas, maximalismo e inmadurez de la izquierda puede hacer que parte de ella se reste del proceso por considerarlo una traición al movimiento popular, y peor-peor aun, a más de alguna vanguardia iluminada se le puede ocurrir boicotear los locales de votación. Ergo, la derecha solo sube en ese escenario.

Pero todo eso es una consideración táctica-electoral de parte de la derecha. Porque los costos políticos –y me atrevería a calificar de históricos– de Rechazar una nueva Constitución redactada en democracia a través de un procedimie nto institucional y sensato como el que se ha propuesto, serán colosales.

Los políticos de derecha que adhieran a esa postura quedarán tan marcados como toda aquella generación que ignominiosamente votó que SI en 1988.

“Yo nunca fui rostro del SI” aclaraba Andres Allamand el domingo pasado en un programa de televisión, incómodo, molesto, porque sabe que estuvo en el lado equivocado de la historia en un momento clave para el país.

¿Por qué lo hace la Derecha?

¿Puede,  por ejemplo, Evópoli pensar que liderará algún proceso futuro si a la hora crucial de definirse en materia Constitucional, falló gravemente y traicionó sus convicciones?

¿Puede, por ejemplo, Mario Desbordes seguir siendo el interlocutor astuto y privilegiado que ha sido hasta ahora, si se le divide el partido ante la decisión más trascendental de las últimas 3 décadas?

¿Creerán que es la única forma de detener a J.A. Kast? ¿Tanto temor a perder el monopolio de la extrema derecha?

La decisión es inexplicable. La derecha tenía a mano la alternativa de la Comisión Mixta para hacer su punto de continuidad, y luchar por una favorable elección de delegados (asociados a sus figuras municipales) para evitar estropicios –a su juicio– en la convención.

Pero no. Van por el Rechazo inicial y lo adornan de excusas poco creíbles. Sencillamente no se entiende el error.

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Lo que se debió haber hecho hace tiempo era implementar un mecanismo de votación remota como se hace en muchos otros países. Puede tratarse de votación anticipada (donde en las semanas previas al día de la elección se habilitan locales temporales de votación) o bien votación por correo (donde la persona solicita el voto a través del correo postal y lo devuelve por esa misma vía).

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