Radomiro

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Tabaré

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¿Ven ese criollo rodear?, rodear, rodear
Los paisanos le dicen, mi general
Los paisanos le dicen, mi general

Va alumbrando con su voz, la oscuridad
Y hasta las piedras saben, a donde va
Y hasta las piedras saben, a donde va

Con libertad, no ofendo ni temo
Que Don José
Oriental en la vida
Y en la muerte también
Oriental en la vida
Y en la muerte también

(Don José, Los Olimañeros)

Los países conservan en sus panteones hombres y mujeres extraordinarios; Políticos, artistas, escritores, militares, héroes. Hoy, la República Oriental del Uruguay ha perdido a uno de esos, pero ha perdido sobre todo a un hombre profundamente humano y humanista: Tabaré Vázquez Rozas, dos veces Presidente del Uruguay (2005-2010) y (2015-2020).

El médico oncólogo Tabaré Vázquez fue el intérprete de la izquierda uruguaya, que permitió romper la hegemonía de los partidos tradicionales (nacionales y colorados) llevando bajo las banderas del Frente Amplio, fundado en 1971 y que componía fuerzas desde democristianos hasta el partido comunista a triunfos los últimos treinta años. 

Heredero político del general Liber Seregni, nacido en el barrio de La Teja, fundador de clubes de fútbol y sociales como Arbolito y Progreso, Tabaré se involucra en la política desde su práctica de médico oncólogo y dirigente futbolístico hasta llegar a convertirse en el primer Intendente de Montevideo en 1989.

Tabaré, así como era conocido en su país, lo cambió todo. Hijo del barrio, de la honestidad y trabajo duro, del ascenso social y la cultura de las políticas del Estado de Bienestar de Batlle y Ordoñez, creció al alero de la escuela y la universidad pública. Su humanidad como médico, representante de lo mejor del Uruguay, su hablar pausado, su tranquilidad, con mate en mano, murga y asado después de ver a Progreso el equipo al que llevó campeón, lo llevaron a la política de la mano de 30 años de triunfos de la izquierda uruguaya.  

Sus intentos fallidos por la presidencia de la República dieron resultado en 2004, llevando dos veces a Tabaré a la presidencia y una a su compañero José “Pepe” Mujica. 15 años de gobierno frenteamplista que permitieron crecimiento y desarrollo sostenible a miles de uruguayos y uruguayas. Con luces y sombras, fue un período de crecimiento y paz social en un país que dejó el dolor de la diáspora. A partir de su presidencia Uruguay volvió a sus mejores épocas, se reinsertó en el mundo y dejó de vivir de sus glorias pasadas para construir el presente. Eso fue Tabaré: Como anota el diario El Observador esta noche en Montevideo en su portada “Con él, todo cambió”. Cambió la sociedad uruguaya y sobre todo la mirada de los uruguayos sobre sí mismos. Tabaré fue ante todo la unidad de fuerzas de la izquierda, desde la democracia cristiana a los tupas, equilibró con sagacidad la unidad militante para gobernar y sacar de encima los mitos de la izquierda temida en el Uruguay de entonces.

Tabaré era un político inspirado en la medicina, o un médico que inspiraba la política. Esa tranquilidad la trasuntaba al hablar, al pensar, al mirar al otro. Socialdemócrata, hombre serio, tremendamente uruguayo, mesurado siempre tenía tiempo a la conversación a la candencia calmada del uruguayo para pensar el futuro. 

Hombre profundamente demócrata, respetado por su pueblo, llevó adelante en Uruguay política profundas de inclusión social, de salud y el revolucionario Plan Ceibal que dotó de computadores y tecnología a todos los escolares uruguayos. Tuvo momentos difíciles como el de las empresas de celulosa del Rio Uruguay que lo llevaron a un enfrentamiento muy duro con la Argentina de Néstor Kirchner. También, su defensa por la no aprobación del aborto en el que como médico no creía. Luces y sombras quedarán para la historia de un hombre que trató siempre de ampliar las fronteras de su pequeño país y hacerlo grande para cumplirle a los uruguayos.

Tabaré es la mejor demostración de los orientales, hombre caballero, sencillo, con humor, con amistad cívica por sus adversarios que jamás fueron sus enemigos. En su última entrevista, que reproducimos aquí en Entrepiso llamada “El Legado”, en noviembre de 2020, recordó a María Auxiliadora Delgado, su mujer y compañera, fallecida el año pasado a quien le dedicó todo, y señaló que quería ser recordado (“si es que me recuerdan”) como un Presidente justo, serio que hizo todo lo posible por cumplir con su pueblo lo propuesto.

Tabaré fue un socialdemócrata de talla mundial, un hombre de principios profundamente democráticos y humanistas, un hombre, al que los uruguayos le confiaron dos veces sus destinos. “Quédate tranquila, que a marzo llegó” le dijo a su vicepresidenta Lucia Topolansky. Su obsesión descubierto el cáncer (misma enfermedad con que, vaya paradojas de la vida, luchó su vida entera de médico). Marzo de 2020, significaba entregar el mando a su contrincante el nacional Luis Lacalle Pou. Un gesto antes de entregar el mando, Vázquez viajó a presentar sus saludos al nuevo Presidente de Argentina, Alberto Fernández en Casa Rosada. Entendiendo lo que significaba el momento histórico y la relación de ambos países, pero también mostrando su calidad humana, invitó al Presidente electo Lacalle Pou, y al entrar a la Rosada lo tomó del brazo para estrenarlo. Ese era Tabaré, amistad cívica uruguaya, sentido de Estado, capacidad de entender que los hombres y mujeres trascienden y la vida pasa.

Ha partido un grande de la socialdemocracia latinoamericana y sobre todo un hombre justo y bueno que hizo de la política un espacio de mesura, seriedad, evidencia, trabajo duro, pero sobre todo de tremenda conexión con su pueblo que hoy lo lloró sin poder despedirlo más que por la televisión. 

Hoy ha partido en su casa de calle Buchenthal en Montevideo, donde vivió más de 60 años, la misma casa que usó siendo Presidente.

Luego de un cáncer al pulmón  a partir de hoy descansará en el Cementerio de su barrio, el barrio, unidad esencial en la vida de Tabaré y de tantos uruguayos.

Un último gesto. El Presidente pidió a su familia un funeral rápido. Sus hijos emitieron un comunicado con su último deseo, evitar aglomeraciones y funerales de Estado en mitad de una pandemia, “nuestro padre quiere que todos los uruguayos no tengan problemas de salud, salud por la que tanto luchó”.

Sin funerales de Estado, en el cementerio del barrio que le vio nacer, como un vecino más, sin marchas ni aspavientos, con la austeridad de un republico, partió Tabaré, en silencio y con la tranquilidad que lo caracterizó en su vida.

Tabaré, La Teja, el barrio, te verá llegar como uno de sus más ilustres y humildes hombres, cumpliste tu misión en esta tierra fortaleciendo los valores democráticos y luchando por el bienestar de tu pueblo. Los versos de la canción de Los Olimañeros que acompañaron tantas marchas de triunfo en la 18 de julio, cantadas a don José Gervasio Artigas, el Libertador se te aplican a ti hoy, “oriental en la vida y en la muerte también”.

Descansa en paz, que la tierra te sea leve Tabaré.

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