Andrés Villar

Andrés Villar

PhD en Relaciones Internacionales de la Universidad de Cambridge. Cientista Político de la Universidad Católica, con estudios en Science-Po París. Volví para trabajar como Investigador en FLACSO-Chile. Fui Analista del Ministerio de Relaciones Exteriores. Tras finalizar mis estudios doctorales trabajé como Investigador Asociado en el Centre for Rising Powers(Universidad de Cambridge). Lo mío son las Relaciones Internacionales.

Tendencias internacionales 2021: difusión del poder y autodeterminación estratégica

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El orden internacional liberal se ha resquebrajado aún más con la pandemia global de este último año. En efecto, la atomización de los actores internacionales que ha tensionado al sistema hace algunos años, se han acrecentado durante estos meses, afectando principalmente a las instituciones internacionales, sus fundamentos, su existencia como la Organización Mundial de la Salud, y la misma cooperación internacional. 

Pero no solo se trata de un mayor cuestionamiento y la incapacidad de las tradicionales instituciones internacionales, sino que también de los cambios en la correlación de fuerzas en las jerarquías de poder internacionales. En distintas zonas geográficas, potencias emergentes desafían el orden regional y la supremacía de actores globales. Esta creciente tensión, fomentada por factores domésticos o la incapacidad para dar respuesta a temas transfronterizos, dificultan una mayor articulación colectiva.

Asimismo, la manera en que los países ejercen y definen su poder ha cambiado. El poder internacional es multidimensional y fuente y naturaleza ha evolucionado. Asimismo, como señalan Drezner, Krebs y Schweller en un reciente artículo, somos testigos de la emergencia de un mundo sin polaridades y en desorden. En el último tiempo, el poder militar en escasas excepciones ha sido un instrumento para resolver problemas. En este escenario podría especularse que no asistimos a un mundo bipolar (Estados Unidos versus China) o uno con una multiplicidad de potencias y actores no estales capaces de cambiar la conducta de los estados en varias dimensiones, en particular en el ámbito tecnológico. Esto evidencia que el poder militar y económico ya no bastan por sí solos para influenciar el comportamiento de los actores internacionales. En este sentido, la multiplicidad de actores internacionales, más allá de los Estados-nación, ponen de relieve las dificultades que tienen el orden internacional liberal para adecuarse a las nuevas realidades tanto en aspectos regulatorios para lidiar con temas de ciberseguridad o ciberespacio como ser funcionales a las nuevas complejidades del sistema. En un mundo donde el poder tradicional no es capaz de imponer influencia como lo fue en el pasado, el actual orden y sistema internacional muestra una disociación preocupante. 

Lo que, si se vislumbra en corto plazo como más relevante y crítico, es la disputa que se está dando en el ámbito tecnológico, donde la prolongada supremacía de Estados Unidos es cada vez más disputada por China tanto en el ámbito de la innovación como la estrategia de copar mercados a nivel global.  

Otro tema que volverá a posicionarse en la agenda post pandemia, será el retorno la crisis climática como un tema prioritario de la comunidad internacional. Las señales del presidente electo Joe Biden que Estados Unidos se va a reincorporar al Acuerdo de Paris, dan luces como el tema obligará a los países a reafirmar o redefinir sus posiciones en la materia.

En efecto, solo basta observar cómo el medio ambiente se ha posicionado en la agenda internacional en los últimos años. Ello no fue natural, fue el resultado de la presión de actores no estatales y países nórdicos, Australia, Canadá y Nueva Zelanda, entre otros, que en distintas instancias internacionales canalizaron y potenciaron la evidencia científica para hacer frente al calentamiento global. 

Como lo indica un reciente informe del International Institute for Strategic Studies, la autodeterminación estratégica está fomentando una mayor actividad de los estados para desarrollar su identidad estratégica, en lugar de amoldarse al dictado de sus vinculaciones regionales o institucionales que están siendo cuestionas por ineficacia burocrática o visiones nacionalistas y populistas. 

Sin embargo, no basta que potencia como Estados Unidos y países “verdes” lo prioricen en sus agendas internacionales, el mayor desafío pasa por cómo los regímenes internacionales son capaces de adecuarse a las nuevas amenazas. Para ello, se hace necesario de liderazgo colectivos internacionales con voluntad política para reformar las instituciones internacionales que reflejen las complejidades y nueva realidad de un nuevo orden internacional 2.0.  Es imperativo, para aquellos países que promueve valores liberales, reformar las instituciones, generar las condiciones y construir una estrategia desde el espacio multilateral para contener los nacionalismos y populismos.

Ahora bien, el dilema es qué pueden hacer países pequeños y medianos como los de Suramérica. En general, la literatura en relaciones internacionales descarta la influencia que tienen las burocracias estatales, y sobre todo los líderes políticos (agency), para cambiar o profundizar determinadas opciones de política exterior. Ciertamente, las condiciones internacionales influyen en las acciones y decisiones de los estados, en especial los más pequeños, sin embargo, la naturaleza anárquica del sistema no determina cómo los estados deben organizar su proceso interno para lograr dichos fines. Los estados son libres para experimentar, para emular otras prácticas, o no hacer nada. No obstante, son los procesos internos los que actúan como árbitro final para la orientación del estado dentro de un entorno internacional complejo como el actual. 

En ese sentido, nuestro momento constituyente y el periodo de elección presidencial que se avecina, abre un espacio de debate necesario para definir cómo queremos proyectarnos al exterior en los próximos años. Ante este escenario, la autodeterminación e identidad estratégica de nuestra política exterior debe ser reevaluada a luz de la situación nacional e internacional.

En suma, la toma de conciencia del estado chileno en cuanto a su poder y posición (status) en el sistema regional e internacional, no solo definen en parte qué intereses y objetivos deben ser privilegiados, sino que también constituyen un punto de partido desde el cual sus líderes comienzan a definir estrategias internas y externas en cuanto a la implementación de una política exterior para los próximos años. Es por ello, que el debate sobre el posicionamiento y alcance de nuestros objetivos e intereses de política exterior nos invita ampliar horizontes, pero por sobre todo, a pensar estratégicamente cómo queremos proyectarnos en el futuro. 

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