Francisco Javier Diaz

Francisco Javier Diaz

Abogado y cientista político (U. de Chile, London School of Economics). Analista, columnista, ex-influencer y speechwriter profesional. Fue Subsecretario del Trabajo (2014-2018), ahora ejerce como abogado en materia laboral.

¿Tiene razón Fernando Barros?

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El abogado Fernando Barros, consejero de SOFOFA y ex asesor de Sebastián Piñera (y Augusto Pinochet), provocó gran revuelo e incomodidad en el empresariado al alertar sobre lo que él ve como un gran peligro en la COP25 a realizarse en Chile.

En breve, Barros descalificó por completo la evidencia científica respecto del cambio climático, acusando “pánico”, “diagnóstico equivocado”, “teatro del terror”, y terminó lamentándose que el empresariado cooperara con el financiamiento del evento.

Barros fue rápidamente retrucado por sus pares empresariales y por el gobierno. La CPC y la SOFOFA, su propia casa, tuvieron que salir públicamente a desmentirlo. Un diputado RN habló incluso de “negacionismo” –la palabra del momento. Solo José Antonio Kast salió en su defensa (“la COP25 es un peligro para la discusión pública en Chile” dijo).

¿Por qué el temor de Fernando Barros? Es difícil desentrañar cuánto hay en él de genuino convencimiento y cuánto de interés económico. Pero lo cierto es que, en ambos casos, ideología y dinero, su postura se verá irremontablemente amenazada.

¿Por qué la incomodidad en los empresarios y el gobierno?

Porque Fernando Barros tiene razón, aunque por las razones equivocadas.

Es evidentemente equivocado venir a estas alturas del siglo 21 a desmentir la evidencia científica respecto del cambio climático. Es casi como ponerse a la altura de los terraplanistas. Barros hace un análisis histórico rudimentario e interesado, sin base, sin evidencia, sin altura, propio de un dogmatismo ramplón.

Pero tiene un punto: la COP25 en Chile puede terminar siendo un mazazo en la cabeza para el extremismo neoliberal. A fin de cuentas, el drama medioambiental que vive el mundo se debe, casi en su totalidad, a la forma de vivir y producir que la humanidad se ha dado en las últimas décadas, a los exagerados patrones de consumo, a la competencia sin consideraciones entre las grandes corporaciones, y a la tímida, y en casos inexistente, acción de los Estados.

Es una gran tragedia de los comunes, como señala el antiguo dilema inglés. La humanidad, sin regulaciones, es sencillamente incapaz de hacer frente a su propia posibilidad de extinción.

La COP25 en Chile pondrá su foco en aquella dinámica, en un momento cuando los graves efectos del cambio climático ya se están percibiendo a diario en todo el mundo (¿no se habrá preguntado Fernando Barros porqué fue tan corta la temporada de esquí en La Parva?). La ideología de la desregulación sencillamente no tendrá cabida.

La ciencia hablará por la razón, a la vez que la emoción estará del lado de los miles de participantes, los jóvenes y cada vez más, toda la ciudadanía.

En un Santiago de diciembre, caluroso, congestionado, repleto por todos lados, lleno de autoridades de otros países, científicos, expertos, funcionarios internacionales y activistas, tacos, cortes de calle y copamiento mediático, tratar de abogar por la autorregulación de las empresas se hará tarea imposible.

Y el discurso “buenista”, naif y evasivo que el Presidente Piñera repite y repite desde hace años sin hacer nada relevante ni en Energía ni en Medioambiente (“aprovechemos nuestro sol, nuestros vientos, nuestro mar”) no será suficiente como para contrapesar lo evidente: lo que se necesita aquí es más regulación, más compromiso, más Estado, más coordinación entre Estados.

Se necesita mirada de largo plazo y no la mirada estrecha de un simple negocio, ni lavar la cara de las grandes corporaciones.

Fernando Barros tenía razón, aunque por razones equivocadas. Con la COP 25, el extremismo neoliberal organizará el gran encuentro de la mirada colectiva.   

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