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Las cifras nos siguen acompañando. Salvo un día en que el número de contagios diarios se elevó por sobre los 400 casos, nuestra estadística sigue creciendo de manera aritmética y no exponencial, lo que nos hace abrigar más esperanzas de lo que se viene por delante. A la fecha, pero sabiendo que se viene lo peor, el sistema público y privado de salud está respondiendo.

Y quizás por lo mismo, es que sí debería alertarnos la laxitud en el cumplimiento de las normas y la frivolidad con la que muchos ciudadanos siguen actuando. De hecho, y obviando los casos de las personas que deben concurrir a trabajar, o no pueden dejar de hacerlo, sigue asombrando la gran cantidad de personas que infringen el toque de queda, las cuarentenas generales o particulares, y que abusan de los salvoconductos para hacer actividades que no son ni necesarias, menos todavía indispensables, y varias veces a la semana.

La experiencia de Italia y España nos evidenció que dichos países perdieron el partido en los primeros 5 minutos; y que la conducta inicial de la población fue decisiva para el devenir de los futuros acontecimientos. No hay nada que reemplace la conciencia y convicción colectiva, ya que por más estrictas y rigurosas que sean las normas, su cumplimiento y su efectividad descansan justamente en la voluntad común de ser acatadas y obedecidas.

Y es quizás por eso que resulta tan incomprensible el numerito del Presidente de la República con su foto en la zona cero de los incidentes con motivo del 18/10. Los adjetivos se hacen pocos, incluso después de leer a Carlos Peña este domingo, para describir lo infantil, frívolo, irresponsable, vulgar e incluso enfermizo detrás de una conducta semejante. Piñera no sólo se superó a si mismo y, de paso, nuevamente volvió a devaluar la dignidad de su cargo; peor, agita las aguas en un momento especialmente complejo, cuando el país requiere unidad de propósitos y respeto a su autoridad. Peor todavía, y en un burdo intento por zafar del problema, le vuelve descaradamente a mentir al país, dando una explicación que ha sido largamente desacreditada por las cámaras públicas y testigos del hecho. Para decirlo en breve, Piñera no deja pasar ninguna oportunidad para que nos sintamos avergonzados de nuestro Presidente de la República.

Se empieza a sentir la cruda realidad a la cual nos enfrentaremos. La cuarenta que algunos vivimos de manera privilegiada, nos ha permitido reflexionar y mirar a esa gran mayoría de compatriotas que lo está pasando muy mal. Llegará un momento en que no podamos o tengamos nada más que hacer. Y cuando ese tiempo llegue, sólo ruego tengamos la tranquilidad de saber que hicimos todo lo que estuvo en nuestras manos y que podamos acompañar a esos muchos que vivirán una pesadilla sanitaria, económica y social.

Estas semanas son claves para lo que viene por delante. Se espera que el peak de contagios se de entre la primera y segunda semana de mayo. Todo augura que las medidas de la autoridad no se levantarán para la próxima semana e incluso podrían hacerse más gravosas a corto plazo. Es el momento de cuidarse y cuidar a los otros. Ya habrá un espacio para reflexionar sobre los cambios que esta crisis ha producido y cómo deberemos pensarnos como sociedad. No es este el momento tampoco para las pequeñas rencillas o intentar sacar ventaja, sea política, económica o social. Este es el momento de cerrar los ojos, apretar los dientes, hacer todo lo que tengamos que hacer, y confiar en los que hemos construido y en lo que podremos reconstruir después de esta tragedia.

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