Pia Lombardo

Pia Lombardo

Cientista Político de la Pontifica Universidad Católica de Chile, con estudios de postgrado en Relaciones Internacionales, Seguridad Global y Derecho Internacional. Académica del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile desde el año 2002. Internacionalista, con especial foco en Análisis de Política Exterior de América Latina y Resolución de Conflictos. Desempeño en gestión de internacionalización de la educación superior. Miembro de la International Studies Association.

Toma de decisiones política en tiempos de crisis: la securitización de la demanda social, producto del groupthink o pensamiento grupal

Share on whatsapp
WhatsApp
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on email
Email

Durante los últimos meses, hemos sido testigos de un sin número de decisiones por parte de la autoridad política nacional, que a ratos nos desconciertan. Mucho se discute y opina en RRSS acerca de la (ir)racionalidad, la falta de lógica, las razones posibles, el por qué, cómo y quiénes han sido los/las responsables de resultados decisionarios que parecen inexplicables de acuerdo al contexto. Muchas veces he leído que resultan incluso para [email protected], irracionales. Sin embargo, no es que sean inexplicables, sino que son anómalas desde una visión de conjunto del proceso decisional.

Las decisiones observadas, han excluido información crítica o han denotado sesgo desde la perspectiva de seguridad, excluyendo elementos claves en el diagnóstico del conflicto, tales como las causas profundas del malestar social y variables de interacción dinámica societal. Han tendido a tomar riesgos demasiado altos y sus efectos han retroalimentado un espiral de inseguridad mayor. En mi opinión, esto corresponde al fenómeno de Groupthink (Janis, Irving 1983), como una anomalía en la toma de decisiones de grupos pequeños ante crisis que ponen en riesgo la subsistencia del Estado tal como lo entendemos.

El Groupthink o pensamiento grupal, es una suerte de disfunción en un proceso de toma de decisiones. Se presenta básicamente en procesos decisionarios de grupos pequeños como comités o comisiones, enfrentados a situaciones de crisis que comprometen la supervivencia del Estado. Ejemplos de su aplicación son casos como la decisión de invadir Bahía de Cochinos, la guerra de Vietnam, la decisión de bombardear Pearl Harbour y la decisión del National Security Council de invadir a Irak. En la literatura es posible observarlo en libros como Un Mundo Feliz de Aldous Huxley, el Señor de las Moscas de William Golding y en cierta forma en Fuenteovejuna de Lope de Vega.

En aquellos casos estudiados, y en particular en relación a lo que conozco en análisis de política exterior, los participantes son actores de alto nivel político que deben generar una estrategia y acciones concretas para resolver un problema que pone en juego el sistema. El grupo se caracteriza por un alto grado de cohesión en cuanto a la interacción personal entre sus miembros, más que la cohesión orientada a la generación de un resultado, en este caso la decisión. Dicho en otras palabras, la cohesión es positiva si se manifiesta en función de lograr un objetivo colectivo, pero es perniciosa cuando el objetivo principal es formar parte del grupo más que resolver el problema planteado. A fin de cuentas, se explica al verlo como una cuestión de poder y status individual, donde la necesidad “ser parte” es el factor que cohesiona al grupo.

Puesto en sencillo, y tomando una frase prestada que vi en un blog de psicología en la red, si todos piensan lo mismo, es que ninguno está pensando.

Han de darse una serie de condiciones para que el pensamiento grupal suceda según Janis: deben existir condiciones estructurales y situacionales.  Entre las estructurales, se identifican cuatro: aislamiento del grupo (bajo o nulo control externo), ausencia de normas de procedimiento (reunión ad-hoc informal), liderazgo directo (presencia de líder que promueve su mirada), homogeneidad del grupo en cuanto a sus características sociales e ideología (mientras más homogeneidad, menos apertura a opciones diferentes). En relación a las situacionales, se encuentran: alto grado de estrés por la percepción de amenaza externa, y posible baja autoestima si el grupo ha tomado decisiones poco acertadas en el pasado. Esto último se transforma en un loop negativo si cada output del grupo es errado.

Entre los síntomas evidentes que demuestran la presencia de pensamiento grupal, Janis enumera ocho, distribuidos en tres dimensiones.

La primera dimensión, tiene que ver con la sobreestimación del grupo sobre sí mismo, esto es una suerte de visión de superioridad que se explica mediante la presencia de dos indicadores, la ilusión de invulnerabilidad (creencia que el grupo no puede fracasar y nada pasará si sigue unido) y la creencia que el grupo es inherentemente moral (posee el valor de lo correcto moralmente hablando).

La segunda dimensión, se expresa en la falta de apertura mental y el desprecio por otros grupos, y sus indicadores son la racionalización colectiva (el grupo ignora el análisis profundo del problema y lo sustituye por una explicación que se ajusta a su mirada y justifica proyectando sus deseos y motivaciones, sean estas explícitas o no), y la estereotipación de los exogrupos (desprecio por miembros de otros grupos y desestimación de sus capacidades).

La tercera dimensión según Janis, denominada presiones de uniformidad, presenta tres indicadores claves. El primero, es la presión que el grupo ejerce sobre pensadores disidentes, esto es, un rechazo total y cerrado a cualquier crítica hacia el grupo o su forma de proceder, y se expresa en relación a la cohesión del mismo, pues mientras más cohesionado se va haciendo, más desprecio y presión por aquellos que no les apoyan incondicionalmente. La autocensura es el segundo indicador de esta dimensión, y se evidencia en las dinámicas internas de trabajo, donde aquellos que tengan alguna duda acerca del proceder o de las decisiones, se inhiben de expresar su desacuerdo. El tercer indicador que evidencia pensamiento grupal en esta dimensión, es la ilusión de unanimidad, esto es que los participantes tienen una percepción exagerada de la unanimidad de pensamiento que se da en las lógicas decisionales, interpretando todo proceso y resultado como producto de una uniformidad y equilibrio en el diagnóstico del problema.

A estas tres dimensiones y sus respectivos indicadores, se suma un último fenómeno muy evidente en pensamiento grupal, y que amerita ser tratado. Se trata de la aparición de lo que Janis denomina como “guardianes de la mente”, que son miembros del grupo que tienen a cargo la misión de mantener la ortodoxia grupal, esto es, una suerte de inquisidores que se encargan de mantener la lógica decisional dentro de los límites más estrictos de la identidad grupal, y que evidentemente inhiben todo tipo de disidencia en los análisis o pensamiento frente al problema.

Los efectos negativos visibles del pensamiento grupal en la toma de decisiones, se van encadenando de forma perniciosa. Parte por la revisión incompleta de las alternativas posibles y de los objetivos que se persiguen para solucionar el problema, seguido por un análisis insuficiente de los riesgos que acompañan las alternativas de acción. Luego, cuando se escoge un curso de acción, no se re-estudian las alternativas rechazadas, y no se hace un análisis exhaustivo de la alternativa escogida porque tampoco se hace una búsqueda pertinente de la información que respalda la decisión, dándose incluso en forma posterior a la misma (sic), y siempre con un sesgo. La ausencia absoluta de planes de contingencia ante posibles fallos es otro efecto, y con una escalada en compromiso cada vez que esto sucede.

De acuerdo a lo que plantea Janis, y puesto en una imagen, se trata de un grupo de sabios que estudiaron lo mismo en lugares similares, encerrados en una torre de marfil, que desde una superioridad moral, deciden acciones que no se condicen con un buen diagnóstico del problema en la calle. Si volvemos a nuestro ejemplo, es posible ver que la relación de la Presidencia, segundo piso, Ministerio del Interior y otros consultados (otros y no otras, atención aquí), da mucho que pensar.

Si a lo anterior le sumamos la tendencia a securitizar el problema (Waever, Ole 1995; Buzan, Barry 1998), el problema de las demandas sociales se responde como si fuera una amenaza a la seguridad, que en este caso, va desde el orden público a la estabilidad del país. Las acciones de militarización responden a esta lógica (Lunecke, 2019). Si el pensamiento grupal de los tomadores de decisión diagnosticó desde el primer día la evasión en el metro como un problema de seguridad y de orden público (no olvidemos la presencia policial en las estaciones de metro el 18 de Octubre), todas las decisiones posteriores se fueron basando en la misma lógica, y en consecuencia no vimos en las primeras semanas de la crisis la respuesta desde cada una de las carteras involucradas en las temáticas de las demandas sociales. Se notó la ausencia de la cartera de Educación, la de Salud, la de Trabajo y Previsión Social en las alocuciones públicas, mientras observábamos que la respuesta por parte del gobierno estaba cada vez más marcada por asuntos de seguridad y orden público, representadas en su Ministro del Interior. En este sentido, la represión de la protesta pacífica cae en esa lógica, el reforzamiento de Carabineros, el estado de emergencia y los militares, y por cierto, el llamado al COSENA como un acto meramente formal y de legitimidad (para un cierto grupo de votantes y autoridades). Lo anterior no excusa la violencia desmedida por ninguna de las partes, ni las acciones vandálicas o delictuales; solo apunta a la criminalización de la protesta pacífica como un problema de orden público, en vez del sano ejercicio del derecho a la libertad de expresión.

Ahora, si bien el pensamiento grupal como disfunción es parte de la metodología del proceso decisionario, la securitización sin embargo, es transversal, temática y de agenda a futuro. La primera, puede ser evitada con medidas como disminuir el rol del líder predominante en el grupo, fomentar el disenso, ajustar la composición del grupo, mantenerse receptivos a información externa y evaluar constantemente los cursos de acción. La segunda, implica una acción mayor, pues se trata de un proceso mediante el cual el Poder Ejecutivo aborda un problema y presenta a la sociedad la existencia de supuestas amenazas (militares y no militares) como un pretexto para desplegar ciertas medidas de emergencia, teniendo como resultado un incremento en el número de policías, mayores recursos y más armamento (Treviño Rangel, 2016).

[email protected] lector(a) … juzgue Usted mismo. Las medidas tomadas en los últimos dos meses por el Ejecutivo manifiestan gran parte de lo aquí descrito. Sin embargo y lamentablemente, no es un fenómeno nuevo. Otras administraciones han adolecido del mismo problema, y quizás tiene que ver con la presencia de un segundo piso con altos grados de autonomía y bajo control institucional. Vale la pena reflexionar acerca del rol de los asesores sin cargo formal y el fuerte presidencialismo que tenemos, pues en ese espacio se dan las dinámicas donde un(a) líder predominante puede rodearse de personeros que le apoyen incondicionalmente, en vez de favorecer los disensos y opiniones independientes para mejorar la calidad de las decisiones. Igualmente, la homogeneidad de la clase política es un factor contrario a una sana discusión desde otras escuelas de pensamiento y diferentes orígenes. La diversidad en todo el sentido del concepto no es nuestra mejor virtud, pero es nuestro principal desafío en las próximas reformas a discutir en vistas a una nueva Constitución de la República.

Por mi parte, les pido disculpas a mis estudiantes pasados, presentes y futuros, especialmente estos últimos, pues lo aquí descrito será elemento de discusión durante varios semestres. A los pasados y presentes, les sugiero revisar lo acontecido para ver cómo efectivamente se puede aplicar el Groupthink como caso de estudio, y para que vean, que la toma de decisiones en política es un tema serio que puede traer consecuencias gravitantes en la vida de un Estado.

Más del autor

Epico ona

Llevaba días caminando. Días contra un viento que corta la cara, y el alma. ¿Qué la mantenía en pie? El miedo. El odio quizás. No quería volver. Había descubierto la verdad. Ya no había vuelta atrás.

Más para leer

Chile renace: Apruebo triunfa con un 77%

El triunfo es inapelable, potente y claro, el pueblo de Chile habló y con un porcentaje importante de participación dijo que quiere iniciar el camino hacia una Nueva Constitución, una casa de todos y todas.

Quién sabe, hay que preguntarle a Radomiro

Suscríbete a nuestro Newsletter

¡Mantente al día con las novedades de Entrepiso y suscríbete para que la información llegue directamente a tu correo electrónico!