Juan Enrique Pi

Juan Enrique Pi

Abogado, 35 años, sudaca militante y entusiasta de la historia. Los fundamentalistas le dirán que soy un funcionario de la dictadura gay, pero solo quiero un país justo, donde podamos ser libres y vivir en paz.

Tres comunas, ciento catorce mil personas

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Desde el domingo 25 de octubre, hasta hoy, se ha hablado insistentemente de las tres comunas de la Región Metropolitana en donde el Rechazo ganó por sobre el Apruebo; y si bien la discusión ha estado centrada principalmente en las características particulares de la mayoría de las personas que viven en ellas y su posición de privilegio, hay un dato que ha estado ausente en todo este intercambio y que es importante resaltar: en Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea hubo ciento catorce mil trescientas quince personas (114.315) que votaron por redactar una nueva Constitución en democracia, y ciento dieciocho mil doscientas veintiocho (118.228) que votaron por hacerlo a través de una convención elegida completamente por la ciudadanía.

Algunos querrán acusarme de ver el vaso medio lleno ante la derrota en estas tres comunas, pero lo cierto es que no estoy disputando un triunfo moral ante la evidencia de los números, sino que quiero plantear la importancia de no ignorar este importante dato, principalmente por dos razones.

La primera, es porque hay más de cien mil personas que, viendo lo ocurrido desde octubre de 2019 hasta el pasado domingo, y viviendo en el mismo país desigual que todos, sí optaron por confiar en este proceso y por discutir las diferencias de frente y sin dramatizarlas, para así poder encontrar una salida institucional y democrática a la crisis que vive nuestro país. Son más de cien mil personas que, al igual que la mayoría, tienen la esperanza de un Chile con más justicia y dignidad. La cifra no es baladí, porque son apenas cinco mil personas menos que todas las que votaron Apruebo en la comuna de Santiago, donde esta opción ganó con casi el 80% de los votos. A cada una de ellas hay que convocarlas a la discusión de la nueva Constitución, también requerirán ser representadas debidamente en la Convención, y también tendremos que convocarlas a votar a favor del texto final que, por primera vez en la historia de Chile, tendrá inscripción automática y voto obligatorio.

La segunda -probablemente más importante- es porque estas comunas, al igual que el resto del país, son profundamente desiguales en su interior. La CASEN del año 2017 mostraba que hay 11.776 personas en situación de pobreza multidimensional en Las Condes y 2.451 en Vitacura, y que en Lo Barnechea esta cifra llega a 19.696 vecinos, lo que bordea al 20% de su población. Y es que, si bien puede haber una mayoría en estas tres comunas que tiene la posibilidad de satisfacer sus necesidades por sus propios medios, también hay un número importante de personas que tienen la intención de poder construir, por medio de este proceso constituyente, un país que garantice sus derechos fundamentales y un Estado con iniciativa amplia de políticas públicas para apoyarlos. No me cabe duda de que muchos adultos mayores y sectores medios deben tener el mismo objetivo, al igual que vecinos y vecinas que pertenecen a grupos históricamente discriminados y excluidos, a quienes la discriminación alcanza independiente de su comuna de residencia. A cada una y uno de ellos también se debe este proceso constituyente.

Quedan muchos pasos por delante, y los retos de aquellos que confiamos en tratar nuestras diferencias a través de la redacción de una nueva Carta Magna no se agotaron en el triunfo aplastante que tuvimos el pasado 25 de octubre. Lo cierto es que -probablemente- ese primer paso fue el más fácil, pese a todo lo que tuvo que pasar en este país para lograr ese histórico plebiscito; sin embargo, en todos los desafíos que vienen por delante, vamos a requerir de mucho diálogo y generosidad para poder sortearlos como es debido, y en esa tarea no sobra nadie de los seis millones que votamos Apruebo, independiente de su comuna de residencia.

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